Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 5 7
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Capítulo 5 7

Louisville, Kentucky.

Me paso buena parte del tiempo antes de la carrera en los baños asignados a las concursantes de North Star. Es mixto y pequeño, pero más de lo que necesito.

Tengo el estómago vacío, pero estoy revuelta. Me encuentro mal.

Esta mañana no he hablado con nadie, ni siquiera con mi tío, compañero de viaje. Está molesto conmigo porque me fuera del hospital tan rápido. El resto de mi familia también lo ha visto como “un feo muy grande”. Seguramente tengan razón, aunque no sea capaz de verlo.

Sant Delphi me ha dejado en paz. Sé que tengo que dejar pasar el tiempo para que el premio de su ausencia surja su efecto, pero por el momento, no consigo sentir más que pérdida y dolor.

Me vibra el móvil con una llamada de mi entrenador y salgo del vestuario. Para mi desgracia, me topo con un muro de hormigón. Un olor agradable a cítricos, a limón para ser exactos. Uno que se mezcla con otro dulce y otro más ligero a cloro. No es una mezcla desagradable, en absoluto.

—Ouch, perdona —dice una voz grave.

Alzo la vista y me encuentro con unos ojos negros. No conozco a este tío, así que hago lo que haría cualquiera, fruncir el ceño.

—Tú no eres un corredor de North Star —digo y no solo basándome en su kilométrica espalda, sino en que no lo he visto nunca y a estas alturas del curso ya tengo muy claro quiénes son mis compañeros.

—No, pero tú sí, Keira MaKena —dice la mujer sonriente de ojos verdes a su lado—. Solo veníamos a saludar y desearte suerte.

—Gracias. —*Silencio incómodo*—. ¿Por qué?

El tío se da la vuelta, creo que para aguantarse la risa, y cuando me encara de nuevo, agarra la chica de la cintura desde detrás.

—Nosotros también estudiamos en North Star. Me llamo Cloire y él es Huntley Bayke. Éramos del equipo de natación.

—Encantada —hago un gesto con la cabeza, una especie de reverencia que no sé a cuento de qué viene. Creo que estoy poniéndome más nerviosa—. Pero yo no he estudiado en North Star, solo me promocionan un año.

—Joder, ¿en serio? —exclama Huntley.

—Dios, pues tienes que ser buenísima —dice Cloire, sonriendo más, si cabe—. ¡Eso lo hacen con muy poca gente!

Vuelve a sonarme el móvil y exhalo, saliendo de la burbuja agradable en la que estos dos desconocidos me han metido.

—Solo veníamos a saludar, no queremos robarte más tiempo —dice Huntley tirando de Cloire.

—Sí, eso, y a decirte que estaremos animándote desde las gradas. Lo que hiciste en Chicago fue supremo.

Agacho la cabeza con timidez. No sé qué decir. Al llegar creía que encontraría las gradas casi vacías, pero se han llenado mucho más de lo esperado. Todo tiene que ver con no sé qué cantante, que sale con un atleta de una universidad que no es North Star.

Les doy las gracias otra vez y me despido de ambos.

—¿Dónde estabas? —pregunta mi tío, pero como cuando tira de mí, sé que no espera respuesta, no se la doy.

Intento pensar en Alek, pero no puedo.

Es lógico, mi cerebro se pasa intentando bloquearlo veintitrés de cada veinticuatro horas. Y cuando no lo consigo, me encuentro peor del estómago. Lo gracioso de todo esto es que sin Sant Delphi, no voy a conseguirlo.

Lo sé mientras me coloco en el carril que me han asignado y lo sé al acabar, cuando veo mi nombre junto al cinco, en el ranking.