Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 5 4
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Capítulo 5 4

Sant Delphi

La he llamado un millón de veces, pero no me lo ha cogido. Me ha escrito un escueto mensaje diciendo que su hermana había tenido un accidente de coche y ha compartido su ubicación conmigo.

He hablado con la organización y tras hacer un par de llamadas, y hacerme firmar un par de documentos, les ha parecido bien ahorrarse el envío de la medalla y que sea yo quien se encargue de hacérsela llegar a la universidad.

Mientras dure el contrato de patrocinio, Lauren no puede llevárselas a su casa, pero en cuanto acabe, todas las que gane serán suyas.

Es muy posible que me haya saltado algún que otro límite de velocidad al volver, pero cuando llego al hospital y la veo parada frente a la máquina de café, me espero lo peor.

—¿Qué ha pasado?

Se le abren los ojos, no con sorpresa, ni siquiera con disgusto. Se le abren los ojos con miedo.

—Hola, ¿qué haces aq…? —mira a mi espalda, por el pasillo, pero no le doy opción de que se preocupe por lo poco que me soporta su familia, tiro de ella y la atraigo hacia mi pecho.

Enseguida su cuerpo se relaja y me rodea también, se acurruca contra mí como si hubiera nacido para eso.

—¿Cómo está tu hermana?

—Bien, se ha caído pensando que iban a atropellarla. Se ha llevado un buen susto y mi tío y mi padre quiere que la indemnicen por ello.

Lo sabía. Quería que no fuera verdad, pero lo sabía, joder.

Evito buscar en qué sala está su familia y rezo por no encontrarme a su entrenador el tiempo que esté en este hospital porque si no el cabrón va a necesitar una puta camilla.

Estoy seguro de que él intuía, o incluso estaba al corriente, de que lo de Saorise no era nada grave. Era una puta chorrada para llamar la atención. Y aun así, se ha llevado a Lauren antes de que le dieran su medalla.

Koven tiene razón, a mí va a darme algo.

Lauren acerca su móvil al datáfono de la máquina y pulsa el botón de café largo. Acto seguido el vaso de papel reciclado empieza a llenarse.La giro hacia mí.

—Me parece que esto te pertenece.

Saco la medalla del abrigo y se la pongo en la mano, pero ella no la coge. Primero la mira como si le hubiera dado un vuelco el corazón, y luego la empuja hacia mí.

—Deberías llevártela a North Star. No es mía.

—La has ganado tú, pues claro que es tuya. He pensado que quizá querrías…

—No. No la quiero. Llévatela.

—¿No vas a enseñársela a tu familia?

—Pues claro que no —dice horrorizada—, Saorise acaba de tener un accidente.

—¿Lo ha tenido? Porque a mí me parece que es solo cuento. Que sabía que competías y quería quedarse con el protagonismo una vez más.

—Estás hablando de mi hermana. De mi sangre.

Cierro los ojos y aprieto la mandíbula. No quiero discutir con ella.

—Lo has hecho muy bien, Lauren —bajo el tono—. Has trabajado mucho y has hecho una gran carrera. Has quedado primera y con margen. Te has librado de tu bloqueo.

Estoy muy orgulloso de ella, antes en el estadio casi bajo a comérmela a besos, estaba tan sonriente, tan contenta. Pero ya no parece acordarse de nada de eso.

—Debería volver ya. Siento que hayas hecho tantas horas de viaje hasta Chicago para tan poco tiempo allí. No era mi intención.

—Espera. En cuatro días tienes…

—No debería competir tan pronto.

—¿Qué?

—Mi hermana está mal.

—¿De qué estás hablando, Lauren?

—Míralos, han dejado en pausa sus importantísimos trabajos para venir aquí. Todos nos hemos llevado un susto de muerte. Estos días mi hermana necesitará que alguien la cuide y yo soy la única que no trabaja.

Lo que hay que oír.

—¿Que no trabajas? ¿Ser deportista de élite no se considera un trabajo ahora? Joder, Lauren.

—Mira, tengo que volver con… —coge el café, pero le corto el paso.

—Tu familia convierte cualquier alegría tuya en culpa. Pero no tienes por qué hacerte lo mismo tú.

—No quiero hablar del tema ahora.

—¿Por qué no?

—Porque no lo vas a entender.

—¿Cómo mierda iba a entenderlo? Te has pasado la vida asfixiando tu potencial para no hacer sentir mal a tu familia. Ellos son mediocres, tú no. Por si nadie te lo ha dicho nunca, no es algo de lo que tú debas culparte.

—No me culpo por eso, ¡pero no puedo ser una egoísta!

—¿Por celebrar tus logros? ¿Es que no oyes lo que dices?

—Esto ha sido una mala idea. No debería haberte contado nada. No ibas a entenderlo.

—¿Te crees que apartarme hará que tu vida duela menos? Sé que tú también ves lo que te hacen y si sigues encogiéndote en vez de defenderte, acabarás teniendo ganas de morirte.

—No más de lo que las tengo hablando contigo.

Se calla y yo también.

Durante un segundo respiramos agitadamente desafiándonos con la mirada el uno al otro. Qué puto desastre, joder.

—Tienes un contrato con North Star y en cuatro días vas a competir. Fin de la historia. Además, firmaste otro conmigo, así que en media hora te quiero en mi despacho.

—No puedo irme tan pronto.

—¿Te ha parecido que era una pregunta, Keira?

Aprieta los labios y se marcha cabreada, y yo la dejo irse. Por el bien de todos, espero que aparezca en North Star en treinta minutos.