Capítulo 5 3
«—Mamá, ¿crees que Saorise me tiene envidia?
—En absoluto —sigue cepillándome el pelo y cuando termina, empieza a trenzar—. ¿Por qué iba a tenértela?
—No lo sé. Quizá le gustaría haber sido deportista.
—Tu hermana nunca ha querido eso. De haberlo deseado, su habitación estaría llena de medallas. Menuda es tu hermana.
Asiento. Tiene razón».
Volvemos a casa saltándonos los límites de seguridad. Mi tío no ha dicho gran cosa en el trayecto a casa. Solo…
—Mi madre era igual que tú.
La abuela.
—¿Lo era? —mi corazón se acelera.
—Sí, siempre elegía los peores momentos para llamar la atención.
Llegamos al hospital y están todos allí. Me espero lo peor, pero me tranquilizo cuando oigo a mi hermana reír.
—¿Qué hacéis vosotros aquí? —es lo primero que pregunta mi padre.
—Te he dicho que no era grave —oigo la voz de mi madre por lo bajo, hablando con su hermano.
Me duele que no haya compartido esa información conmigo, sabiendo lo preocupada que estaba por Saorise.
¿Por qué se lo callaría?
Imagino que ahora todas las paradas que ha hecho para fumar durante el camino tienen mucho más sentido.
—Ya podéis volver a la universidad, está bien —dice James.
—Hoy tiene el día libre —dice Arnau y no es técnicamente mentira.
No hemos podido quedarnos a la entrega de medallas, así que la organización se encargará de enviársela a North Star. Espero que nadie se enfade conmigo por ello.
—¿Qué te ha pasado? —pregunto acercándome a la camilla en la que descansa Saorise.
Tiene arañazos en la cara y en las manos.
—Estaba lloviendo y me he caído al cruzar cuando un coche ha aparecido de la nada y tenía toda la pinta de que iba a pasarme por encima.
—Por suerte, ha frenado a tiempo —interviene James.
—Ya, pero me he dado un susto de muerte, ¡debería indemnizarme por ello! ¡Me ha dado un ataque de pánico allí mismo! ¡Y otro en la ambulancia! —chilla Saorise.
Un par de enfermeros entran a verla y mi padre les dice el pésimo trabajo que han hecho con su hija mayor, por hacerla esperar quince minutos a ser atendida.
Le comentan los problemas de personal que está sufriendo el hospital, pero eso no calma las aguas. Más bien al contrario.
Mientras tanto, mi madre me abraza por la espalda y susurra:
—¿Otra vez cuarta, cielo?
Es lógico que lo crea ya que no tengo medalla alguna. Pero sonrío y sacudo la cabeza.
—Primera —sonrío más mientras ella registra la información.
—¿De qué habláis? —interviene Saorise inquisitiva.
—De nada, cielo —dice mamá, volviéndonos hacia ella—. Tu hermana está muy contenta de que estés sana y salva.
«—Mamá, ¿puedo decirle a Saorise que he ganado en el cole?
—Eso sería de ser muy poco empática, Keira.
—¿Qué es poco empática?
—Egoísta.
Se me curvan las comisuras de los labios hacia abajo.
Jo.
—¿Por qué? ¿No le alegrará saber que he ganado? —A mí me encanta ver que ella gana cosas.
—Claro que no, ¿no ves que está triste? Anda, sube a tu cuarto a hacer los deberes».
A veces se me olvida que yo solo existo en los márgenes.
—Mi hermana no ha oído nada de la historia si cree que estoy bien —Saorise se lleva la mano al pecho y en el monitor puedo ver y oír cómo le van subiendo las pulsaciones más y más.
Lo cierto es que el estrés de su trabajo le ha dejado los nervios tocados estos últimos años—.
Mamá, Keira me está estresando, dile que se vaya.
—No trates así a tu hermana.
—¡Es ella!
—Cielo, ¿por qué no vas a traerme un café? —mamá me da un beso en la mejilla acompañado de un pequeño empujón y obedezco.
Camino por el ajetreado pasillo con olor a desinfectante, acompañada de toses lejanas, dudando si realmente ha pasado. Quizá no he ganado nada, quizá todo haya sido parte de mi imaginación.