Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 4 3
43%

Capítulo 4 3

Sant Delphi

Después de asegurarme de que Isabella se va a casa sana y salva, me llevo a Lauren lejos. Hasta mi casa. Ninguno de los dos dice una palabra y me imagino que debe estar cabreada conmigo. Es su familia y los quiere.

Pero joder, ¿por qué mierda los quiere?

—Perdóname —me disculpo nada más detener el coche—. No debería haber insultado a tu hermana así.

Se queda en silencio, pensativa, y cabizbaja, pero no triste.

Acerco la mano a la suya para hacerle una caricia, para ver si va a dejarme entrar. Ella no solo la acepta, sino que la coge con las dos suyas.

—Es cierto que mi familia me arrincona. Que mi hermana siempre ha tenido más y mejores cosas, y tal vez «ser la mayor» no siempre lo justificaba. Es posible que Monique haya intentado decírmelo unas cuantas veces. Pero me quieren, Alek. A su manera.

Joder, no lo suficiente.

No como te mereces.

No como voy a hacerlo yo.

—Vale —digo.

—No tienen mala intención. Es solo que… son así.

Tengo mucho que decir al respecto. Pero me lo callo, porque sé que no está lista. Igual que sé que el hecho de que esté aquí conmigo es un gran paso para ella.

—¿Quieres que me disculpe con ellos?

Medita unos segundos.

—No.

Genial, porque no iba a poder hacerlo. Exhalo nervioso.

—¿No quieres, de verdad?

Una pequeña y tímida sonrisa se dibuja en sus labios.

—Me has defendido. Eres… eres sincero cuando estamos juntos. De verdad dices lo que piensas. Sigue asombrándome mucho. Nunca me había sentido así con nadie.

Me inclino hacia su asiento, invado su espacio y la beso.

Soy enorme en comparación con ella, con su cuerpo, y espero que no se sienta abrumada, porque necesito besarla.

Esa cena ha sido una puta tortura. Tener que aguantar cómo la ninguneaban, la ignoraban y la taladraban con microdesprecios constantes me ha puesto enfermo.

Quiero comérmela de tantas maneras que debería tenerme miedo.

Mucho.

Entonces oigo un rugido y ella aprieta los labios. Cuando se separa tiene una mueca de disculpa en el rostro.

—Lo siento.

Tiene hambre. Tiene hambre porque su madre ha vuelto a poner frutos secos en la puta comida. Una jodida sopa no es suficiente para una deportista de alto rendimiento como ella. Es que se me llevan los putos demonios, la hostia.

—Por favor, Lauren, déjame hacerte la cena. Por favor.

Se le alzan las cejas y se le llenan los ojos de lágrimas.

—N-no hace falta.

—Hazlo como un favor para mí, deja que te cocine. Estoy dispuesto a suplicar.

—De acuerdo, me… Me encantaría.