Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 3 9
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Capítulo 3 9

Sant Delphi

Koven me dijo lo que había pasado, que la había conocido dos segundos antes de que yo llegara.

No me hizo sentir mucho mejor.

Quería que Lauren sintiera el dolor que me había provocado, pero mientras me la chupa, oigo la ristra de gemidos débiles y suplicantes que suelta. «La tienes inmensa», «voy a metérmela más adentro, ¿vale?». Me tortura con la boca y las dos manos mientras ella misma se abandona.

Eso me rompe y me pone todavía más.

Por eso cuando su maravillosa lengua hace que me corra vergonzosamente rápido, mi orgasmo se alarga hasta lo puto indecible cuando oigo que ella se corre también.

Nunca he tenido tanto miedo, tan poco control. Le he pedido que me la chupe cuando cualquiera podría entrar en el laboratorio y vernos. Nunca he sido tan descuidado. Nunca he sentido tanta urgencia como para ignorar a la puta razón de esta manera.

Me está consumiendo.

Lauren me mira avergonzada, como si se sintiera mal por haberse corrido. No pienso desaprovechar la oportunidad.

—Levántate —le ordeno y alargo la mano cuando se tambalea, pero se yergue antes de que la toque—. ¿Quieres que te limpie?

—No sé de qué estás hablando.

La acerco más a mí. La cojo de la nuca y miro a los ojos a lo único que puede matarme con verdadero dolor.

—Nada de mentiras. ¿Quieres que te limpie?

Hacerla admitir que se ha corrido podría considerarse un gesto de capullo, pero todavía estoy enfadado con ella. Y necesito hacerle entender que no puede luchar contra esto. Que ninguno de los dos puede.

—Sí, quiero que me limpies —agacha la barbilla, tímida, pero se la alzo.

—Lo has hecho muy bien —le digo besándole la mandíbula como premio.

—¿De verdad? —se le iluminan los ojos y me recrimino no haberla halagado más cuando ha sido la mejor mamada que me han hecho en la puta vida.

Supongo que estaba demasiado ocupado intentando no correrme durante los primeros tres segundos.

—Sí, de verdad. Ahora inclínate sobre el lavamanos.

Hace lo que le pido. Me acerco a ella y le bajo los pantalones y las bragas.

Las vistas me la vuelven a poner dura como una puta piedra.

No sé cómo me llega algo de sangre al cerebro.

La abro para mí y lamo su sexo, succionando un poco de más.

No quiero que se corra, no quiero premiarla, aunque no pienso en otra cosa. Juraría que es para lo que he nacido.

—¿Por quién te hiciste el tatuaje? —pregunto haciendo referencia al «mía» que me ha acechado en sueños.

—Por nadie.

—Lauren —succiono más fuerte.

La limpio, pero sé que cuando le subo las bragas tiene tantas ganas de correrse como yo y que volverá a estar goteando enseguida.

—¿Por qué paras? —gimotea, con un deje triste que me abre grietas en el corazón, pero también me hace gracia.

—Porque si no lo hago voy a acabar follándote aquí —y una vez empiece no sé cuántas serán necesarias para que ambos nos sintamos saciados. Quizá nunca lleguemos a estarlo del todo.

—¿Y eso sería terrible? —me besa la barbilla y quiero construirle un podio con mis propias manos y darle todas las medallas de oro que se haya fabricado—. Podría abrirme de piernas sobre esta mesa o ponerme a cuatro patas en esa más baja. Quizá te valdría con follarme de pie.

La polla me da una sacudida y casi le pierdo el pulso, pese a que sé lo que intenta.

—El tatuaje —le recuerdo alejándome un palmo de ella con tal de no atacarla.

El hecho de que me mire como si quisiera comerme entero no ayuda nada.

—Es una tontería.

—Cuéntame esa supuesta tontería —pido acariciándole el labio inferior soñando con hacerle barbaridades que le encantarían.