Capítulo 3 6
Quedar con Darcy una tarde como hoy es lo que necesito. Un salvavidas, eso es lo que es. Así que me aferro a él con todo lo que tengo.
Me doy una ducha, me preparo un sándwich rápido para el camino y unos diez minutos antes de la hora prevista, llego al centro comercial. Caminar me ha ido bien para dejar de pensar en él.
En realidad no.
De hecho, estoy tan obsesionada con Alek que mientras espero a Darcy junto a las escaleras mecánicas de la entrada del centro comercial, le veo. Un segundo… Mi estómago se da la vuelta.
No.
Me.
Lo.
Estoy.
Imaginando.
¡¡¡Mierda!!!
Lo primero que hago es darme la vuelta. Miento, lo primero que hago es entrar en pánico y luego darme la vuelta. Me alejo del hombre que más miedo me da del planeta, pero Sant Delphi elige la misma dirección que yo. No me ha visto, hay demasiada gente.
Podría entrar en una tienda, pero eso no solucionaría nada si me ve.
Necesito enviar un mensaje. Dejar claro que no siento nada. Que no me acuerdo de lo de ayer. Que no tiene por qué repetirse. Que no lo ansío.
Si no me lo demuestro a mí misma, me perderé otra vez, y tengo un tatuaje que defender.
Veo a un chico, solo. Tiene tatuajes y una chaqueta de cuero. La verdad es que eso me importa poco cuando me acerco a él y le pregunto:
—Perdona, esto te va a sonar muy raro, ¿pero puedo besarte? Solo será un momento.
—¿Por qué?
—Va a pasar mi ex por aquí y me ha visto, necesito que me ayudes a fingir que he pasado página —miento, pero suena tan patético que el tío se lo traga.
Tira de mí y junta sus labios con los míos. El chico está buenísimo, pero no siento nada. Mis ojos están imaginándose unos grises y ni con esas siento las mariposas de ayer.
Lleva sus manos a mi espalda y rezo porque no aproveche para meterme mano, y lo cierto es que no lo hace. Es un buen samaritano donde los haya, ¡menos mal!
Me aparto de él y hablo muy cerca suyo.
—¿Crees que ha pasado ya? —me pregunta con una sonrisa burlona—. Porque podría hacer esto un ratito más.
Miro por encima de mi hombro y lo veo. A Alek Sant Delphi.
No a cierta distancia.
No alejándose hacia otro lado del centro comercial.
A un palmo de nosotros.
La inexpresividad que inunda su rostro no me da ninguna pista de lo que siente, así que decido tomar la iniciativa.
—Alek, hola, no te había visto —digo apoyando la espalda contra el torso del desconocido. Giro la cabeza hacia él, que ahora tiene el ceño fruncido—. Cariño, este es el científico del que te he hablado. El que me está ayudando tanto.
No dice nada, y me pongo más nerviosa.
—Espera, ¿qué? —pregunta el desconocido separándome un poco de su cuerpo, para mirarme mejor—. ¿Él es tu ex al que quieres dejarle claro que has pasado página? Sant Delphi, ¿has tenido novia y no me lo has dicho?
Me quedo blanca. Y luego me pongo muy roja. Se conocen.
Me.
Quiero.
Morir.
—Vaya beso —dice una voz femenina.