Capítulo 3 5
Me corro tres veces en total. El último orgasmo se debe a una traición repentina. A que cuando saca los dedos de mi coño, los vuelve a meter despacio, más profundo, si cabe, mientras me muerde el clítoris.
Es un mordisquito suave, pero para lo hinchado y sensible que lo tengo es más que suficiente. Cuando se alza sobre sus piernas tengo las mejillas ardiendo y estoy biológica y científicamente sorprendida.
—Eres… —no termina la frase, pero «preciosa» es lo que gritan sus ojos.
Antes de que vea lucecitas de nuevo y esta vez termine en el suelo, inconsciente, acerco la mano a su cinturón.
—Déjame devolverte…
Vuelvo a estar contra la pared. Me empotra con brusquedad, me coge del cuello y toma posesión de mi ser. Tal y como le he enseñado que me gusta.
—No.
—¿No quieres que te haga una mamada? Si no te gusta cómo lo hago, puedo aprender cómo hacer que te guste. Solo necesitaré un par de oportunidades.
Me coge de las mejillas y las acaricia con mimo. Me besa con ansia voraz, con deseo contenido durante tres siglos, con mi sabor en la lengua y con una necesidad que solo yo puedo cubrir.
—¿Quién te ha hecho daño?
«Nadie», quiero decir, pero se me llenan los ojos de lágrimas.
—¿No quieres follar conmigo? —giro el rostro y beso la palma de su mano—. ¿Es eso?
Acaricia mi labio inferior y vuelve a cogerme del cuello.
—Por supuesto que sí, pero bajo mis propios términos. —Se acerca a mí, rozándose a través del pantalón contra mi coño expuesto—. Cuando yo decida.
—Eres un obseso del control.
—Es la única manera que tengo de no volverme loco contigo, Lauren.
No entiendo a qué se refiere. No entiendo cómo yo podría volverlo loco a él, pero lo acepto porque si sigue apretándome la garganta voy a correrme sin necesidad de nada más y soy débil ante semejante placer.
Gruñe y casi parece a punto de… no lo sé, correrse conmigo así. Aquí, de pie, en su salón. Sin hacer nada grandilocuente ni específico.
—Podrías desabrocharte los pantalones —sugiero.
Quizá dejarse el boxer si no quiere contacto directo. Aunque yo sí lo querría. Me encantaría ver cómo mi deseo humedece su polla. ¿Qué digo? Me encantaría verle la polla. Metérmela en la boca. Hacerle todo cuando… Sant Delphi se separa de mí antes de que lo consigamos.
Respira de manera agitada y no aparta la vista de mi sexo.
—Voy a correrme otra vez si sigues mirándome así —digo jadeante.
A él le parece bien, como si le gustara ser de utilidad. Se agacha de nuevo y plantándome un beso en el muslo me sube las bragas. Me acerca los pantalones y me ayuda a ponérmelos, como si lo necesitara. Estoy a punto de desplomarme así que, en realidad, sí que lo necesito.
Me acaricia los costados del cuerpo incapaz de despegarse de mí. Me mira desde las alturas acercando su frente a la mía sin llegar a tocarnos.
—Vamos, te llevo a casa.
Quiero preguntarle si me dejaría quedarme aquí. Que este lugar me parece mucho más acogedor que ningún otro porque es donde está él, pero no abro la boca. Lo sigo hasta la puerta y nos vamos.
El sábado me despierto tarde. He dormido como nunca y sé de quién es la culpa. Lo que Alek Sant Delphi le hizo ayer a mi cuerpo me dejó fuera de combate, pero ahora, a la luz del mediodía, soy capaz de ver lo mal que estuvo.
El terrible error que fue.
Nada de lo que hice fue para alejarlo de mí.
El miedo me corroe las venas. Me prohibí acostarme más de una vez con el mismo tío. Era para lo que tenía esas apps de citas. Fue bien y evitó que pasara lo que… *exhala*
Stefano.
La última vez que dejé entrar a alguien, ese alguien casi acaba conmigo.
Sé que estoy mejor al otro lado de mis altas barreras y que, si Sant Delphi me las baja a traición, tengo que alejarme de él como sea.
Darcy
Darcy
SOS. Me he quedado sin libros, necesito despotricar y te echo de menos.
¿Podemos vernos esta tarde?
¿Porfiiiii?
Hecho.
Darcy
Genial!
Necesito un sport romance de gimnasia que me vuele la cabeza.
Vale, uno de hockey sobre hielo. ¿A quién pretendo engañar?
¿Al puck?
[Darcy ha enviado un audio]
Me envía un audio carcajeándose y me doy cuenta de que he hecho una broma. Malísima y sin gracia, razón por la cual me muero de la vergüenza, pero ella sigue hablando y como no me ve, no se da cuenta.
Darcy
Quiero un found family.
Quiero un enemies to lovers.
¡Quiero los mejores tropos sin el peor de todos!
¿El peor? ¿Cuál es el peor?
[Darcy ha enviado una foto]
Es un selfie de ella mirándome con mucha seriedad. La cámara está colocada muy arriba así que hace que su frente parezca kilométrica.
[Darcy está grabando un audio…]
[Darcy ha enviado un audio]
Darcy
{Odio los romances donde la protagonista se queda embarazada por “accidente” por follar sin condón.
Es como, ¿chica, en serio? Si no sabes cómo funciona el sexo, ¡¡no lo tengas!
! —gruñe, malhumorada—. ¿Sabes, Key? En realidad lo que odio es que dibujen a mujeres TAN idiotas.
Es como, dios, ¡¡¡juro que somos más listas que eso! !!}
¿Me ha llamado Key? ¿Tengo un apodo? Nunca he tenido ninguno, qué ilusión.
La oigo hablar y me recuerda a Isabella. Ambas tienen personalidades fuertes. No les importa decir lo que piensan.
Las admiro mucho a las dos.