Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 2 7
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Capítulo 2 7

Darcy llega al centro comercial en el que hemos quedado.

Lleva una especie de calentadores hechos de tela tejana, unas medias negras igual que las botas, y un vestido del mismo tejano.

Para rematar, se ha hecho dos moñitos altos y lleva unas gafas en la cabeza que tienen forma de corazón.

Hoy parece una Bratz cien por cien. Me pregunto cómo sería ser ella.

Saco lo que traigo en la bolsa.

—¡Hola, atleta! ¿Qué tal ha…? ¿Y eso?

Hemos quedado porque quería consejo sobre un par de regalos para el bebé que espera Monique y he aceptado porque eso me mantiene lejos de casa *órdenes de Sant Delphi* y porque estar con ella me da ganas de sonreír.

Pero ahora su cara se ha quedado contraída en un espasmo que, pese a seguir siendo chic, me asusta.

Dudo si he escogido mal. Dudo si debería haber pedido un pumpkin spice latte. Dudo si creía haber quedado con otra persona y se está arrepintiendo de su error.

—Puedes tirarlo si no te gusta.

—¡¿Tirarlo?! —coge uno de los dos matchas y sus ojos se vuelven dos corazones luminosos—. ¿Me has traído un matcha? Así que tu forma de mostrar amor son los actos de servicio.

—¿A-amor?

—Lo retiro, no te asustes. Y para no asustarte más no voy a decirte que yo ya te quise en el momento en el que oí cómo te habían… —carraspea—. Nunca sé cuándo callarme. En fin, que eres un encanto. Por cierto, ¿qué llevas puesto?

Solo son unos tejanos. Me sabía mal venir en chándal con lo guapa que se pone ella siempre. Son bastante incómodos.

—¿Lo odias?

—Qué va, son bonitos y tú estás guapa con todo. Si me pusiera yo tus outfits deportivos parecería una patata, pero a ti te quedan muy bien.

Estoy a punto de preguntarle si su hermana le paga para que quede conmigo, pero sería tan patético que ni siquiera puedo sugerirlo.

—Podemos mirar ropa para nosotras luego, si te apetece. —Ancla los brazos con los míos—. ¿Vas a contarme como te fue la carrera?

—Solo si tú me cuentas qué tal te fue el examen.

—Mal.

—También mal.

Darcy suelta una risa contagiosa y luego choca su matcha contra el mío, brindando.

Solo por este momento me alegro de haber comprado esta asquerosa bebida con sabor a césped. Quizá si adquiero algunas de sus costumbres, mi compañía no le resulte desagradable del todo y no se harte de mí tan pronto.

De repente, cuando estamos discutiendo sobre qué baberos son más monos, los de koalas o los de panda *obviamente los de koalas*, Darcy coge mi matcha y lo cambia por el suyo vacío.

—No vuelvas a hacer eso —dice y me quedo totalmente en blanco.

—¿El qué?

Suelta los baberos y me arrastra fuera de la tienda. Tira de mí hacia la cafetería más cercana y señala el mostrador.

—Pídete algo que te guste de verdad. No pienso estar de compras con esta chica —se señala la cara haciendo una mueca de asco tan graciosa que parte del pánico porque haya pillado mi mentira se evapora.

Incluso tengo que apretar los labios para no reírme.

—No sé de qué estás hablando.

—Claro, claro. ¿Qué te gusta? ¿El caramelo? ¿El chocolate?

Hago una mueca. Me gusta la vainilla, aunque es súper soso en comparación con todos los batidos que me ha señalado, que son de lo más ella.

—Me gusta lo que has…

—No. Me. Mientas —estrecha la mirada taladrándome con fiereza.

Parece una dependienta asiática a la que le han roto un jarrón de su tienda y ahora señala el cartel de «si rompe, paga».

Respondo tan bajito que no me oye.

En vez de ridiculizar mi odiosa costumbre de hablar flojo, se acerca a mí y me pega su oreja a la cara. Eso también me da ganas de reír.

—La vainilla. La vainilla me gusta. Cualquier cosa que tenga eso estará guay.

Darcy se convierte en la reina de los retos y con su retranca y personalidad dicharachera consigue que uno de los camareros nos haga un batido gigante de vainilla, con pequeños trozos de galleta de haba tonka y sirope de chocolate blanco, que también me apetece.

Cuando me lo pone en la mano… Dios, tengo ganas de llorar.