Capítulo 2 3
Sant Delphi
La veo dirigirse al coche de su tío. Él va hablando y ella está cabizbaja y con la nariz roja. Aparco bloqueándole la salida a su coche y me bajo sin siquiera quitar la llave del contacto. Que me roben el coche es la menor de mis preocupaciones.
—¿Qué te pasa? Lauren, ¿qué ocurre?
En el momento en que sus ojos alcanzan los míos, se llenan de lágrimas y se desbordan en cero coma.
—¿Qué ocurre?
—Nada —asegura mientras solloza contra sus manos, destrozándose delante de mí.
La atraigo hacia mi pecho y la rodeo con los brazos. Ella se agarra a mi abrigo con el puño cerrado y llora con tanta fuerza que se le sacude el cuerpo entero.
Ladeo la cabeza hacia el hombre al que quiero arrancar los dientes uno a uno.
—¿Qué le has hecho?
—Yo nada. Estaba perfectamente hasta hace un segundo.
Este gilipollas con la inteligencia emocional de un escarabajo no sabe una mierda de lo que supone «estar perfectamente», pero no parece que esté mintiendo. Quizá le parta la cara de todas formas.
—Háblame, por favor.
—Estoy bien, tenemos que irnos… —sigue sollozando.
—Keira, ¿pero qué haces? ¿Por qué montas este espectáculo?
Le lanzo una mirada, una, y Arnau retrocede demostrando un mínimo de instinto de supervivencia.
Ella se seca las lágrimas y hace todo por sonreír, y mi furia alcanza unos niveles insospechados. La cojo de la mano y tiro de ella hacia mi coche.
—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunta su entrenador en tono poco convincente.
—Fúmate un cigarro y ve a North Star por tu cuenta —le digo y su respuesta es inexistente, se queda mudo y aterrado.
Bien. No es tan tonto como parece.
—No —Keira clava los talones al suelo—, estoy bien.
Dios, cómo odio esas dos palabras.
Antes de que pueda frenarla, camina hacia el asiento del copiloto del coche de su tío y cierra de un portazo. No sé qué cojones pretende con tanto portazo si mi coche está bloqueando la salida y ni de puta coña voy a dejar que se vaya con él cuando está llorando de esa manera.
Camino hacia su lado y trato de que me mire.
—Baja la ventanilla.
Esta vez no me desobedece. No alza la barbilla con actitud chulesca, ni me rebate, ni muestra la más mínima rebeldía. Aprieta el botón con un dedo tembloroso y me mira.
—¿Puedes dejar que nos vayamos?
—No hasta que hables conmigo. Sube a mi coche. Lauren, ven conmigo, yo te llevo.
—Se ha subido a mi coche, podrías pillar la indir… —deja de hablar cuando le lanzo una mirada.
—No quiero causar problemas —susurra.
—Un poco tarde para eso —murmura el tío de los cojones.
Ella se encoge en el asiento y miro hacia la casa cuando ella lo hace.
Sus padres están asomados, intentando saber qué está pasando, por encima del ruido de la obra que está teniendo lugar dentro de la casa de los MaKena.
Entiendo que esto, llamar la atención, en su mundo se paga muy caro.
Aunque aún no entienda de la misa a la media.
Aprieto los dientes y obligo a mi cuerpo a que se mueva.
Lucho contra la tentación de arrancar la puerta del copiloto de sitio y llevármela cargada sobre mi hombro.
Subo a mi coche y lo quito de en medio. Espero a que salgan y voy todo el camino detrás.
Custodiándola aunque sea desde la puta distancia.
El camino hasta North Star se me hace eterno. Ver cómo Arnau gesticulaba mientras hablaba con ella en una conversación que yo no podía oír, me ha puesto enfermo.
Al llegar al aparcamiento, viene en mi búsqueda.
—Estoy bien, solo eran los nervios.
—Creí que había quedado claro que no me gustan las mentiras.
Desvía la mirada. Dirige sus bonitos ojos hacia cualquier parte que no sea mi cara y ya me estoy cansando.
Le cojo la barbilla y la obligo a mirarme, pero lo que fuera a decirle muere cuando veo todo lo que burbujea bajo la máscara que ha forzado en su expresión.
Está metida con un calzador y hay sangre en las bisagras.
La suelto.
—Te veré en la pista.