Sprint en tu dirección (North Star 8) Capítulo 2 2
22%

Capítulo 2 2

Actualización: las obras en casa han avanzado bastante, Monique está embarazada, Darcy sigue queriendo ser mi amiga y odio a Alek Sant Delphi.

Al despertarme, me paso un rato estirando en mi habitación y luego salgo a beber algo. Los días de competición no desayuno, estoy demasiado nerviosa para eso. ¡Y hoy tengo la primera! Va a ser la única del curso para la que no voy a tener que viajar, lo cual es un puntazo.

Nadie en casa ha dicho nada. Creo que se han olvidado. No pasa nada. Es normal, la alegría de Saorise por conseguir la habitación de sus sueños ha opacado todo lo demás.

Darcy

Darcy

Suerte hoy, Khaleesi

Tardo unos segundos en averiguar qué me ha llamado. Al principio estaba cien por cien segura de que se había olvidado de mi nombre.

Es un encanto, no sé por qué se empeña en ser mi amiga.

Me pongo los audios de la abuela que tengo guardados en el móvil. Hace cinco años que ya no está, pero ya entonces era una crack enviando mensajes de voz. Y ahora… ahora son mi tesoro.

Abuela

[Mensaje de voz]

«Hola, cielo. Sé que tu hermana se ha puesto un poco mala, pero no quiero que te centres en eso ahora. Saorise es fuerte y dejará de estar acatarrada enseguida. Hoy es tu día, y vas a hacer una gran carrera. Eres la niña de diez años más rápida del mundo, pero por encima de todo eres mi rayito.

¡Tú puedes!» .

Esas últimas dos palabras me llenan los ojos de lágrimas y la risa cariñosa que suelta justo después de decirlas, me hace cerrar los ojos y llevarme las manos al corazón. Cómo duele.

Abuela

[Mensaje de voz]

«Rayito de luz, eres especial, no lo olvides. Mañana por la tarde compites y te adelanto que ya he pedido a tres enfermeros distintos que me pongan el cacharro donde toca con tal de poder verte en directo. ¡Estoy tan emocionada!».

Era muy mayor y tenía problemas severos de movilidad, pero de lo contrario, sé que hubiera venido a verme a todas y cada una de las competiciones. Ella nunca se perdía las grabaciones o los directos, y luego, cuando iba a verla, los comentaba conmigo.

Me froto los ojos apartando las lágrimas.

—¿Keira? ¿Puedes tirar la basura? —La voz de James desde la cocina me hace salir escopeteada del cuarto.

Después del desayuno el cubo siempre está hasta los topes.

El olor a tortitas con nueces recién hechas hace que me ruja el estómago, pero me recuerdo que lidio mejor con los nervios de mi estómago si no tengo nada con lo que cargar.

Mi estrategia es cenar un poco más de la cuenta la noche de antes y beber bastante agua.

—Sin problema. Buenos días, por cierto —le sonrío y él me devuelve el gesto más o menos.

Lo cual me hace pensar en Sant Delphi porque su sonrisa no se parece a la de nadie.

Mierda. Me deshago de la basura mientras mis padres hablan con el equipo de la obra.

En parte me alegro de que Kobra ya no esté aquí, tanto polvo y jaleo seguro que no es bueno para un perro, mucho menos el escándalo.

No lo he hecho de menos.

Ni siquiera nos caímos bien.

Antes de volver a mi habitación paso por el baño porque a veces soy un poco germofóbica. Entro en mi dormitorio, voy a por la bolsa de deporte, el móvil y…

El móvil.

Una gota de sudor gélido me corre por la frente. La pantalla con las conversaciones con mi abuela, los chats y los audios han desaparecido. Se ha borrado. Todo. No queda nada.

—Nnno —susurro—. No es posible…

—¿Pasa algo? —Saorise entra en mi cuarto y en dos pasos la tengo a mi lado.

—Mi… mi teléfono, hace un segundo yo estaba escuchando… —alzo la vista e intento decir algo coherente, pero no puedo.

—Ahhh, sí yo también he escuchado cómo te llamaban. He venido hace un momento porque el tono de llamada era muy irritante y me molestaba. Pero solo he colgado la llamada. ¿Le ha pasado algo a tu móvil?

—¿Solo has…? Has colgado.

—Eso he dicho.

—La conversación con la abuela ya no está. El chat. Los audios.

Asiente, corroborando lo que digo al echar un vistazo a la pantalla.

—Igual te ha entrado un virus o algo. A veces las web porno pueden ser muy traicioneras. Qué faena, hermanita, con lo que te gustaban esos audios. Qué suerte la mía por tener novio que me satisface, no me gustaría perder nada.

Saorise se marcha y yo sigo mirando el teléfono en la palma de mi mano.

Un virus. Tiene sentido.

Eso explicaría por qué no tengo ninguna llamada perdida.