Capítulo 6
Salgo a correr a las cinco y media de la mañana. Es uno de mis entrenos favoritos del día y lo hago en un parque no muy lejos de casa. Es muy grande y tiene una zona de barras de calistenia, de las cuales también saco provecho.
Desde que empezó septiembre, las calles están desérticas a estas horas.
Agradezco la calma mental que me da correr, hoy la necesito más que nunca.
No me importaría volver a los meses en los que tuve trabajo, quizá lo único que necesite es mantener la mente ocupada y Monique no me lo haya propuesto porque no quiere despedirse de mí.
Hora y media después, cuando estoy empapada en sudor y con el cuerpo dolorido, oigo las ruedas de un coche y al girar la cabeza veo uno oscuro doblando la esquina. Me quito los auriculares. No hay nadie en el parque, ni tampoco en la calle.
Entonces me vibra el móvil.
Número desconocido
Número desconocido
Te espero a las ocho en mi despacho.
¿Quién eres?
Número desconocido
Ya lo sabes.
La información de cómo llegar es pública.
Vuelvo a preguntar, pero no hay respuesta. Sant Delphi. Está soltándome un «espabila» en toda regla y después de la pésima primera impresión que me llevé de él, e imagino que viceversa, no me apetece nada estar en su presencia.
Pero accediste, Keira. Ahora vas a tener que apechugar.
Siento cómo mi cuerpo se encoge, pero me guardo el móvil en el bolsillo y echo a correr de vuelta a casa.
Me encuentro con la cara hinchada de mi hermana, ya vestida para irse al trabajo, y la culpa me ancla los talones al recibidor. Saorise pasa de largo y mi madre llega poco después.
—¿Qué tal el entreno, cielo? —pregunta dándome un beso de buenos días en la mejilla.
—Como siempre. Estás guapa. —Lo está, mamá lleva un traje de dos piezas con falda ajustada que le queda como un guante.
—¿Al final qué vas a hacer?
—Voy a ir a North Star después de la ducha, para ver a Sant Delphi.
—Aprovecha bien la oportunidad, cariño —es lo último que dice antes de que lleguen mi padre, James y Saorise a la puerta, todos listos para empezar su rutina del lunes.
Arnau no vive aquí, aunque lo parezca.
—La liaste buena anoche —dice James con una risita recriminatoria.
—Las mata callando —dice mi padre.
—Siempre ha sido así —dice mamá y sus palabras, no hirientes per se, me hacen más daño que cualquier insulto.
Sé que todo el mundo es así, que a solas todo es más amigable y que en grupo, las palabras se vuelven más sinceras. Por eso siempre he preferido hablar con mamá a solas.
—Que te vaya bien el día —dice Saorise estrechando la mirada en mi dirección.
Mamá me da un beso en el pelo antes de marcharse y me quedo sola en una casa cada vez más grande. En mi pecho también hay cada vez más espacio. Más vacío. Lo ignoro y subo a darme una ducha.
Me esperan en North Star.