Willow
Willow
—¡Luna! —exclamé cuando al fin estuve a poca distancia de mi hermana por primera vez en toda la noche.
Era muy popular entre los demonios. Apenas había podido seguir sus pasos. Además, si añadimos que Damien me distraía por completo con ese truco suyo de las sombras…, esta era la primera ocasión que tenía para hablar con ella de verdad.
Una vez logré llegar a su lado, la rodeé al instante y la abracé bien fuerte antes de separarme. Su vestido era mucho más elaborado y bonito ahora que podía apreciarlo de cerca. Resplandecía cada vez que captaba la luz de las lámparas de araña.
—Caray. Es espectacular.
Toda ella emanaba elegancia, cada uno de los detalles del vestido había sido diseñado con sumo cuidado. No llevaba ni un solo pelo fuera de lugar y el maquillaje que lucía era impecable. Obra de demonios, sin ninguna duda.
—Gracias. —Jugueteó con los faldones—. ¿Damien te ha dado el tuyo?
Asentí. Aún no sabía cómo lo había obtenido a tiempo. Aunque eso no importaba ahora. Solo quería hablar con mi hermana durante el poco tiempo que tenía con ella, saber qué le pasaba por la mente.
—¿Podemos hablar? —pregunté, y señalé la terraza.
Tenía la mano ocupada con otro vaso de aquella bebida dorada burbujeante. Estaba un poco enganchada.
Luna asintió.
Sentí la fría brisa en la piel templada en cuanto salimos al amparo de la noche. Luna se apoyó en la baranda y yo descansé los brazos sobre ella. Desde allí, contemplamos las vistas.
—Este lugar es… alucinante. Está claro que no estamos en Pleasant Grove.
—Mmm —asintió.
—Luna —comencé con voz firme—. Hablemos.
Se giró y me miró a los ojos mientras lanzaba un suspiro profundo.
—Eso estamos haciendo, ¿no?
Exhalé.
—Tenías razón.
—¿Sobre qué?
—Sobre Damien. Que debía decirle lo que sentía.
—¿Le has dicho que le quieres?
—Eh… Bueno… No. —Me arrebolé—. Me he dado cuenta de eso justo hoy.
—Willow.
—Oye, no me des la charla porque ahora me toca a mí. —Me crucé de brazos—. ¿Estás segura de que esto es lo que quieres?
—¿Tú puedes enamorarte de un demonio y estar con él pero yo no?
—¿De verdad? —pregunté con delicadeza—. ¿Le quieres?
Luna sacudió la cabeza.
—No. —Fue un susurro apenas audible—. Pero… —Cuando volvió a levantar la cabeza, tenía los ojos llorosos—. No sé cómo explicarlo, Wil, pero cuando lo vi mi corazón lo supo.
—¿El qué?
—Que era mío y yo era suya. —Movió las manos para abarcar todo aquello que nos rodeaba—. A lo mejor estoy destinada a estar aquí, ¿entiendes?
—Pero… La pastelería. Nuestras vidas. Vas a dejarlo todo atrás.
Jugueteó nerviosa con el anillo que llevaba en el dedo.
—Últimamente he estado notando que, bueno… No sé cómo explicarlo. Como si me faltase algo. Y cuando me pidió que viniese aquí con él, ni siquiera tuve que pararme a pensarlo. Solo dije… que sí.
—No lo conoces. Es un completo desconocido.
Luna parpadeó.
—Bueno… eso no es del todo verdad.
—¿Qué?
Sin embargo… Damien me había contado que le había enviado al mundo humano para encontrarla. ¿En qué momento tuvo Zain tiempo para conocerla?
—Ya nos habíamos visto antes. En el bar. —Se encogió de hombros—. Y unas cuantas veces más.
—¿Y no se te pasó por la cabeza contarme que habías conocido a alguien? —declaré con la voz cada vez más débil, esperando que no notase lo dolida que estaba—. Soy tu hermana, Luna.
Ella suspiró.
—Lo sé. Pero estabas tan ensimismada con Damien que no quería explotar tu burbuja. Además, tampoco es que tú fueses cien por cien sincera conmigo.
—Tienes razón. Bueno, tal vez debí hablarte de su, eh… demoniosidad . En mi defensa diré que pensaba que estaba haciendo lo correcto para protegerle.
No pensé que también debía protegerla a ella.
Luna se rio.
—No creo que él necesite tu protección.
Dirigió la mirada hacia la lejanía, hacia los jardines del palacio. El silencio fue aumentando entre nosotras.
—Lo maldijo una bruja —expliqué—. Ese es el hechizo que realicé. Para revertirlo.
—Pensaba que odiaría estar aquí —reconoció—, en este lugar. Creía que sería un infierno, pero no lo es. La gente es libre de ser quien quiera ser, tanto monstruos como demonios. No se parece en nada a Pleasant Grove.
—En absoluto —murmuré.
La luna se encontraba en el punto más alto, en un cielo salpicado de estrellas y constelaciones que no conocía y para las que no tenía nombre.
Mi hermana me cogió la mano y la apretó con fuerza.
—No sé lo que va a pasar, pero te prometo que estoy a salvo. No estoy aquí en contra de mi voluntad. Yo he elegido venir. Le he elegido a él.
—Vale —acepté en un susurro, y respondí con otro apretón de manos—. ¿Y si decides que esto ya no es lo que quieres?
—Entonces, volveré.
Volver, dijo. No a casa. Porque tal vez Pleasant Grove ya no lo fuera ahora que su alma gemela se encontraba en aquel mundo.
—De acuerdo —accedí, y nos soltamos la mano.
Seguimos contemplando los alrededores del palacio.
Aún no podía creerme que existiese un lugar como este en el reino demoníaco.
Muchas de las cosas que nos habían enseñado no eran ciertas.
Puede que… esconder a Damien no hubiese sido lo correcto desde el principio.
Tal vez necesitaba demostrarles a las otras brujas que los demonios no eran tan malos, que eran capaces de amar. De vivir.
—Aquí estáis las dos —exclamó Zain, que pasó el brazo por los hombros de Luna—. Os estábamos buscando.
Damien se puso a mi lado y enseguida quise hundirme en su calor. No había pasado tanto tiempo desde la última vez que habíamos estado en contacto, pero ya lo echaba de menos.
—Hola —susurré al deslizar el brazo por su cintura.
—Estábamos tomando el aire —alegó Luna—. Ahí dentro hace un poco de calor.
Se tiró de una de las mangas del vestido.
El príncipe demonio de mi hermana… es decir, su prometido, soltó una risita.
—Solo están fascinados contigo, querida mía. Dales tiempo.
La besó en la mejilla. Me sorprendió lo tierno y cariñoso que parecía ser. ¿Era todo fachada?
Ella suspiró.
—Lo sé.
A continuación, él centró la atención en Damien y en mí.
—¿Habéis disfrutado de la fiesta?
—Oh, sí —contesté pensando en el vino demoníaco y no en lo que habíamos hecho en las sombras, para nada—. Ha estado muy bien.
Zain se rio.
—Ahora huele a ti.
Las mejillas se me pusieron rojas como tomates al comprobar que nos había pillado por completo. Entonces, Damien rozó mi cuello con la nariz.
—Tenía que mantener a los demás demonios alejados de mi compañera de alguna manera.
Zain miró a Luna y emitió un murmullo apagado a modo de respuesta.
—Sé cuidarme sola —musitó ella, y puso los ojos en blanco antes de desviar la mirada hacia los jardines.
Eso se parece mucho a lo que dijo una que yo me sé , murmuró Damien en mi cabeza.
Cállate. Estoy casi segura de que tu hermano sabe lo que hemos hecho antes.
¿Y?
Pues que me muero de vergüenza.
Se rio.
Entonces, ¿no quieres que lo volvamos a hacer?
Le miré con los ojos entrecerrados.
—Yo no he dicho eso.
Luna me miró y levantó una ceja, pero yo me limité a sacudir la cabeza. Ya tendría tiempo en el futuro para explicarle nuestra extraña telepatía. Quién sabe, quizá ella también la tenía. No habíamos tenido mucho tiempo para ponernos al día sobre nuestros demonios.
Apoyé la cabeza en el pecho de Damien y tirité.
El aire fresco fue agradable antes, pero ahora se estaba volviendo cada vez más frío.
Además, estaba agotada. Llevaba en marcha desde el alba y tenía la sensación de que Halloween había sido ayer.
Resultaba raro tener que recordarme que había sido esa noche.
Ya debían ser cerca de las dos de la madrugada.
Me cogió en brazos por segunda vez aquella noche.
—Vamos, preciosa. Hora de irse a dormir.
Bostecé. Me pareció el mejor plan.
—Buenas noches a los dos —nos deseó Luna con una sonrisa.
Yo agité la mano para despedirme.
—Buenas noches. —Le lancé una mirada a Zain—. No le hagas daño a mi hermanita o te arranco el corazón de cuajo. —Miré luego a Damien—. O te convierto a ti en gato. Puede que sea igual de efectivo.
Mi demonio se rio.
—Creo que has bebido demasiado vino demoníaco, preciosa.
—Bueno —alegué.
Nos fuimos alejando y me empezó a entrar más y más sueño. Era difícil negarlo cuando me pasé gran parte de la noche con una copa en la mano. Aunque no notaba que estuviese borracha, solo sentía un poco de calor y un zumbido agradable.
—Duerme, brujita —me arrulló—. Seguiremos hablando por la mañana.
Asentí contra su pecho.
Sí. Por la mañana le contaría todo lo que me había callado. Empezando por aquellas dos palabras.
Estiré los brazos y me incorporé en la cama agarrando la sábana que envolvía mi cuerpo desnudo. Damien estaba tumbado a mi lado con un brazo posesivo sobre mi estómago.
La noche anterior me quedé dormida en sus brazos mientras cargaba conmigo. Me despertó de la duermevela para ayudarme a quitarme el vestido antes de darnos una ducha juntos. Estaba completamente exhausta de aquel día.
Lo miré mientras dormía al tiempo que peinaba su pelo oscuro con los dedos.
—Me alegro mucho de haberte adoptado —murmuré—. Gracias por ser mi no gato, demonio.
Se revolvió un poco al notar que lo había tocado, me cogió la mano y me besó los nudillos mientras despertaba.
—Buenos días, Willow —saludó con la voz áspera por el sueño.
Sin embargo, no me soltó el brazo. No, lo que hizo fue darme besos suaves cada vez más arriba hasta detenerse en la marca que me había dejado en el cuello la noche anterior.
—Me gusta que lleves mi marca. —Su voz sonaba como un gruñido profundo y estrepitoso—. Joder, no sabes lo que me pone…
Besó la marca antes de seguir su forma con la lengua.
—Damien. —Volví a pasar los dedos por su cabello—. Tengo que decirte una cosa…
—Aún te debo un favor, ¿sabes?
Le besé para que dejase de hablar.
—Tú eres mi favor, demonio.
Se rio frente a mi boca.
Me incorporé sin preocuparme por agarrar la sábana.
—Lo digo en serio. Eres… Nunca habría podido imaginar esto. A ti. A nosotros. Y es que te…
Sacudió la cabeza.
—No lo digas. Todavía no.
Le asomaron los colmillos por debajo del labio superior.
Quiero decirlo yo primero , me transmitió.