Damien #2
—Nunca he conocido a nadie de la realeza —declaró, y se tiró del vestido.
No pude evitar reírme cuando me di cuenta de que seguíamos llevando los disfraces de Halloween. Con ese atuendo tenía toda la pinta de bruja. Por suerte, no llamábamos mucho la atención. La moda del mundo demoníaco no había cambiado mucho en los últimos siglos.
—¿Qué? —preguntó con la cabeza ladeada ante mis carcajadas.
—¿Eres consciente de que yo también soy príncipe?
—Oh. —Willow se puso roja—. Bueno… —Me miró por el rabillo del ojo—. Tú eres diferente.
—¿Por qué? —Hice una pausa y le tiré del brazo para que me mirase a la cara—. ¿Y si quisiera que me llamases «majestad»?
—Damien —protestó, ruborizándose todavía más—. Para mí no eres nada de eso. Solo eres…
—¿Qué soy?
Mi Damien , respondió en mi mente.
Le di un beso en la mejilla antes de cruzar las puertas del palacio con ella. Saludé a los guardias que se mantenían firmes en la puerta con un leve movimiento de cabeza.
Eso me gusta mucho más, brujita .
Me lo imaginaba , contestó.
El salón del trono está ahí delante. Podía sentir cómo temblaba, así que le apreté la mano con fuerza para calmarla. Estoy contigo .
Intentó sonreír, pero ni así logró disimular el desasosiego que le recorría todo el cuerpo.
Lo sé .
Zain estaba sentado en su trono. Relajado, tranquilo… demasiado.
—Vaya, Damien. Dichosos los ojos. Veo que traes a tu bruja.
Le enseñé los dientes.
—¿Dónde está?
—¿Quién? —preguntó con la cabeza ladeada.
—Mi hermana —respondió Willow con los ojos entrecerrados.
—Ah. —Zain sonrió con indolencia—. Está justo aquí. Sal, rayo de luna.
Luna surgió junto a mi hermano con un vestido de gasa blanco. Estaba pálida, aunque no angustiada como yo esperaba.
Willow ahogó un sollozo.
—Oh, gracias a las Diosas.
Mi hermano le susurró algo al oído y Luna descendió las escaleras hasta hundirse en los brazos de Willow, fundiéndose ambas en un abrazo.
—¿Estás bien?
Willow la estrechó con fuerza, como si creyera que por sujetarla tan fuerte pudiese fingir que nada de aquello había sucedido. Sin embargo, sí había sucedido. Y era culpa mía. Podría haberlo evitado.
—Hermano. —Me giré hacia él con el rostro impasible y me coloqué justo delante—. Teníamos un acuerdo.
Él puso los ojos en blanco. De alguna manera parecía estar al mismo tiempo molesto y entretenido.
—Eso no es cierto.
—Te dije…
Zain negó con la cabeza.
—Damien, no quiero pelear. Tengo…
Desvió la mirada hacia Luna y, por primera vez, me pareció ver una chispa en sus ojos.
—Es su hermana, Zain —escupí las palabras.
Un atisbo de remordimiento cruzó su rostro por un breve instante.
—Y vosotros sois… —comentó mientras alternaba la vista entre mi bruja y yo.
—Sí. Willow es mi compañera —reí entre dientes—. Tiene gracia que me enviaras a buscar a tu reina y acabase encontrando también a la mía.
Levantó las cejas antes de hablar.
—Y no pretendes regresar, ¿verdad?
Se me tensaron los músculos. Quería quedarme con Willow, pero aún tenía un compromiso con mi hermano. A pesar de eso…
—No. Quiero quedarme con ella.
—La amas.
Asentí.
—Sí.
Con todo mi ser, aunque no se lo hubiese dicho a ella todavía. No me había ganado el derecho a oír esas palabras de sus labios. Por el momento.
—¿Por qué no os quedáis, hermano? Me encantaría conocer a tu compañera.
—No creo…
Interrumpí la conversación cuando Willow regresó a mi lado y me deslizó un brazo por la cintura. Quería hundir la cabeza en su pelo y absorber su aroma. Ella me miró y, luego, volvió la mirada hacia su hermana.
¿Nos vamos? , le pregunté.
No sin Luna , contestó con su dulce voz dentro de mi cabeza.
Por supuesto .
Asentí a mi compañera.
—Vamos a casa, Luna —declaró Willow, y le ofreció la mano.
No obstante, Luna negó con la cabeza y miró a mi hermano.
—Yo…
Volvió junto a él, de pie frente al trono.
Dejó que le cogiera la mano.
—Sé que es una locura, Wil —explicó Luna—, pero… siento que debo hacerlo. Tengo que ver hacia dónde va esto.
—¿Estás segura?
Luna asintió. El movimiento hizo que sus rizos rubios se soltasen y cayesen sobre el vestido de seda blanco que llevaba. Solo le faltaba una tiara para parecer una princesa.
—Quiero hacerlo. Hemos hecho un pacto.
El grito sofocado de Willow resonó por toda la sala. «¿Qué habrían pactado?».
No sabía si quería saberlo.
—Esta noche celebramos un baile —informó mi hermano—. Seréis bienvenidos si queréis quedaros. Anunciaré el compromiso con mi prometida.
Fue entonces cuando me percaté de la piedra preciosa que lucía Luna en el dedo anular.
Los ojos de Willow quedaron fijos en Luna.
Va a hacerlo de verdad , pensó Willow con amargura. Ha aceptado .
Ella lo ha decidido, brujita .
Lo sé, es que…
—¿Y bien? —insistió Zain.
Willow suavizó el rostro y dibujó una sonrisa encantadora. Lo que fuera con tal de esconder los pensamientos que, según pude percibir, batallaban dentro de su cabeza.
—Nos encantaría asistir al baile, su alteza.
Él relajó el gesto y nos sonrió.
—¿Hermano?
—Los deseos de mi bruja son órdenes para mí —expresé. Iba a quedarme con ella pasase lo que pasara. Allí donde quisiera estar o ir, yo la acompañaría—. Vivo para cumplir su voluntad.
Zain me dedicó una sonrisa socarrona, consciente del significado de mis palabras. Su cara parecía decirme: «¿Tan pronto te rindes, hermano?».
No sabía ni la mitad. Ignoraba lo lejos que era capaz de llegar por ella. Lo mucho que la amaba.
—En ese caso, nos vemos esta noche.
¿En qué nos habíamos metido? ¿Y en qué diablos estaba pensando cuando se me ocurrió traerla aquí? No debí hacerlo.
Sin embargo, la vi tan angustiada por su hermana que solo quería asegurarme de que estaba bien, de que Luna no estaba siendo retenida en contra de su voluntad.
Y ahora nos había embaucado para asistir a un baile donde habría presentes cientos de demonios, si no miles. En lugar de estar seguros y cómodos en casa de Willow disfrutando del resto de su festividad preferida, nos había metido en la boca del lobo.
—Vamos a mis aposentos, brujita —le murmuré al oído.
Al menos allí estaríamos a salvo.