Spin off: Agencia Pipen CAPÍTULO 8 #2
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CAPÍTULO 8 #2

Cassandra, sentada junto a Nathan, les hizo un gesto para que miraran a la oficiante.

La ceremonia comenzó. Louie escuchó fragmentos.

La mujer habló del compromiso, de la vida compartida y de las familias elegidas.

El peso de las miradas dejó de oprimirlo.

No eran extraños esperando un error. Eran su gente.

Cuando llegó el momento de los votos, Elijah buscó algo en el bolsillo interior de la chaqueta y sacó una hoja doblada. Louie alzó las cejas.

—Los escribí —susurró él.

—¿Cuándo?

—Mientras dormías.

La oficiante disimuló una sonrisa. Elijah abrió el papel. Sus ojos recorrieron la primera línea. Después lo cerró otra vez.

—No puedo leer esto.

Louie sintió que el corazón se le detenía. Elijah guardó la hoja.

—No porque no lo haya escrito. Lo hice. Tres páginas.

Varias risas llegaron desde las sillas.

—Eso sí lo creo —dijo Louie.

Elijah apretó sus manos.

—Pasé toda la mañana tratando de encontrar una forma bonita de decirte lo que ya sabes. Después te vi caminar hacia mí y olvidé casi todo.

Su voz perdió parte de la ligereza.

—Antes de ti, yo llenaba cada espacio porque no sabía qué hacer con el silencio. Tú me enseñaste que no todos los silencios están vacíos. Algunos son confianza. Otros son paz. Y algunos son la forma que tienes de decirme que estoy hablando demasiado.

Louie bajó la cabeza un instante. Elijah esperó hasta que volvió a mirarlo.

—Prometo escucharte incluso cuando no encuentres las palabras. Prometo no decidir por ti qué puedes soportar. Prometo llenar nuestra vida de cosas hermosas sin llenarla tanto que no puedas respirar.

Los dedos de Louie se cerraron alrededor de los suyos.

—Y prometo intentar que no confundas el espacio que necesitas con el lugar que mereces. Mereces todo el lugar que quieras ocupar. A mi lado. En nuestra casa. Aquí, delante de todos. Te amo. Estoy orgulloso de amarte y voy a seguir eligiéndote cuando seamos viejos.

Elijah tomó sus manos y besó sus nudillos. La oficiante miró a Louie, que estaba casi quebrado. Él había escrito sus votos un mes atrás. Los guardaba en el teléfono, aunque ya no necesitaba leerlos. Respiró hondo.

—Durante mucho tiempo pensé que estar a salvo significaba no llamar la atención. Aprendí a entrar en una habitación sin que nadie me recordara, a trabajar detrás de una pantalla y a querer sin hacer ruido.

Elijah no apartó los ojos de él.

—Luego llegaste tú. Haciendo ruido suficiente para los dos.

La risa de Elijah se mezcló con la de los invitados.

—No me obligaste a convertirme en alguien distinto. Esperaste cuando yo no sabía avanzar y volviste cuando intenté convencerte de que te fueras.

Louie tragó saliva.

—Contigo entendí que ser visto no siempre es estar expuesto. Algunas veces significa que alguien te conoce y decide quedarse.

El rostro de Elijah cambió.

Louie sintió temblar sus manos.

—No prometo que dejaré de estar en guardia. Prometo que no voy a esconder lo que somos. Voy a tomarte de la mano cuando lo necesite y también cuando no.

La primera lágrima descendió por la mejilla de Elijah. Louie la secó con el pulgar.

—Te amo en privado. Te amo aquí. Y te elijo en todos los lugares que vengan después.

Elijah lo miraba como si ya no recordara que había otras personas a su alrededor. Malik se acercó con los anillos y sostuvo la caja hasta que Elijah tomó la alianza de Louie. Sus manos temblaron al colocarla.

—Te queda bien —murmuró.

Louie tomó el otro anillo.

—A ti también.

Lo deslizó por el dedo de Elijah. La oficiante terminó las palabras legales. Louie no retuvo ninguna.

Solo escuchó la última frase.

—Pueden besarse.

Elijah e sostuvo el rostro y esperó. Louie dio el último paso y lo besó.

Los aplausos estallaron alrededor, pero no retrocedió.

Pasó los brazos alrededor del cuello de Elijah y abrió la boca cuando él profundizó el contacto.

Sintió una mano firme en la cintura, el roce de la alianza nueva contra su mejilla y la respiración de Elijah mezclada con la suya.

Cuando se separaron, la frente de Elijah quedó apoyada en la de él.

—Mi esposo —susurró.

Louie cerró los ojos.

—Otra vez.

—Mi esposo.

El aplauso todavía no había terminado. Esta vez, Louie no sintió la necesidad de apartarse.

Al caer la noche, las luces se encendieron alrededor del patio.

Las conversaciones cruzaban de un extremo a otro y nadie respetaba los lugares durante más de diez minutos.

Malik había dejado la chaqueta en su silla.

La bebé de Darius e Isabel pasaba de unos brazos a otros, aunque su padre nunca permitía que saliera de su campo de visión.

Louie había comido poco. Cada vez que intentaba sentarse, alguien se acercaba para abrazarlo. Elijah parecía alimentarse de la atención. Hablaba, reía y lo buscaba con la mirada cada pocos minutos. Durante el primer baile, Louie apoyó la cabeza en su hombro.

—Todos están mirando —murmuró.

Elijah reforzó el brazo alrededor de su cintura.

—Sí.

—No ha sido tan terrible.

—No.

—No te acostumbres.

Elijah sonrió contra su sien. Cuando terminó la canción, las demás parejas se unieron a ellos.

Nathan llevó a Cassandra al centro y Malik protestó hasta que ambos le hicieron un lugar.

Darius bailó con Isabel mientras la niña dormía contra el pecho de él.

Scott mantenía a Bianca cerca, una mano extendida sobre la parte baja de su espalda.

Logan sostuvo a Nadia como si todavía estuvieran solos en algún bosque de Bulgaria.

Louie los observó a todos, incluido a Matt, que sonreía en conversación tranquila con Taylor y Natasha, en una burbuja propia. Elijah siguió su mirada.

—¿Estás bien?

Louie asintió. Había creído que una vida visible tendría que ser una vida ruidosa.

Que mostrarse significaba perder algo íntimo.

Sin embargo, nadie allí les estaba quitando nada.

Lo que compartía con Elijah era único e íntimo y seguía perteneciéndoles.

Los demás solo celebraban que existiera. Louie volvió a mirar a su esposo.

—Sí. Estoy perfectamente.

Elijah lo acercó más.

—¿Quieres salir un momento?

Al fondo del patio había una terraza desde donde se veían las colinas oscuras y las últimas hileras de vides. Louie negó con la cabeza.

—Quiero quedarme.

Elijah sonrió. La música cambió y el ritmo se hizo más rápido. Él levantó una mano, dispuesto a girarlo. Louie lo detuvo.

—No abuses.

—Una vez.

Elijah lo hizo girar. Louie volvió contra su pecho entre risas y lo besó antes de que intentara repetirlo. Joder, esta era su fiesta, su boda. Iba a disfrutarla hasta el agotamiento.