Spin off: Agencia Pipen CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

LOUIE Y ELIJAH

Louie despertó antes de que sonara la alarma y por unos segundos no recordó dónde estaba.

Había una puerta distinta frente a la cama, cortinas color arena y una franja de luz que comenzaba a dibujarse sobre el suelo.

Parpadeó, confundido, pero la calma volvió cuando el brazo de Elijah se cerró alrededor de su cintura.

Se casaban ese día. El pensamiento le agitó el pecho. Permaneció quieto, escuchando la respiración del hombre acostado detrás de él. Elijah dormía con todo el cuerpo pegado al suyo y una rodilla atrapada entre sus piernas. Incluso dormido, parecía incapaz de ocupar solo su lado de la cama.

Louie miró el reloj. Faltaban nueve horas para la ceremonia.

Nueve horas hasta caminar frente a sus amigos y colegas, a sus familias.

Nueve horas para decir en voz alta lo que sentía y besar a Elijah bajo un cielo abierto.

Había aceptado cada decisión. La finca, la fecha, la ropa, las flores.

Nadie lo había obligado a nada. Cassandra le había preguntado tantas veces si se sentía cómodo que al final Louie le pidió que dejara de hacerlo.

Aun así, el aire no terminaba de llenarle los pulmones. Retiró con cuidado el brazo de Elijah.

—¿Adónde vas? —preguntó él con la voz áspera.

Louie se sentó en el borde de la cama.

—A ninguna parte.

Elijah abrió un ojo.

—Eso no parece cierto.

Louie apoyó los pies en el suelo.

—Necesito café.

Elijah se dio vuelta y tanteó el piso en busca de su móvil, que miró con descrédito.

—Lou, son las cinco y media.

—Lo sé.

—Cassandra dijo que no debíamos bajar antes de las siete.

Elijah se incorporó. Tenía el cabello aplastado de un lado y marcas de la almohada en una mejilla. Louie lo miró y sonrió. La presión en el pecho cedió un poco.

—Estás muy atractivo —bromeó—. El cabello para todos lados te sienta.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Elijah extendió una mano. Louie la contempló antes de tomarla, sabiendo que Eli haría… Justo esto, tirotear de él hasta sentarlo otra vez sobre el colchón.

—¿Quieres aplazarlo? —preguntó.

No había preocupación teatral en su voz, tampoco ofensa. Elijah lo habría hecho sin drama: habría llamado a Cassandra y desmontado la boda entera si Louie se lo pedía.

—No.

—¿Quieres cambiar algo?

—No.

—¿Quieres que nos casemos solos y salgamos por una puerta trasera antes de que despierten?

Louie pasó el pulgar sobre el anillo de compromiso.

—No.

—Entonces dime qué necesitas.

La respuesta era demasiado grande para una frase.

—No lo sé.

Elijah se acercó. No intentó abrazarlo ni llenó el silencio con soluciones. Esperó. Solo con él era así de paciente.  Louie respiró hondo.

—Durante meses quise que fuera pequeño.

—Lo es. En comparación con las ideas que tuve, esto es diminuto.

Louie ignoró la interrupción.

—Pensé que, si era íntimo, no me sentiría observado.

Elijah bajó la mirada hacia sus manos unidas.

—Podemos cambiar…

Elijah lo observaba con calma y Lou se maldijo por ser tan tímido, tan inseguro.

—No es que quiero cambiar… Quiero estar allí. Quiero decirlo delante de ellos. No me asusta casarme contigo, te amo, Eli, con locura.

—Ya lo sé, ¿cómo no? —sonrió, siempre el humor su recurso. Luego, se puso serio—. Te asusta exponerte.

Louie asintió. Pronunciarlo le quitó parte de su fuerza. Elijah le acarició el dorso de la mano.

—Van a mirarnos con amor, no a juzgarnos. Las chicas van a llorar, nuestros amigos van a estar a sus anchas mirándome flaquear. Porque, Lou, voy a estar emocionado…

La boca de Louie se curvó.

—No espero menos, Eli.

Elijah guardó silencio. Louie miró hacia la ventana. El día empezaba a aclararse.

—No tienes que dejar de tener miedo para caminar hacia mí —Elijah le sostuvo la mandíbula—. Solo tienes que caminar.

Louie apoyó la frente contra la suya.

—Los demás no tienen idea lo patéticamente romántico que puedes ser.

—Sonó muy bien. Tal vez deba agregarla a los votos.

—Ya escribiste tus votos.

Elijah no respondió. Louie se apartó.

—Los escribiste, ¿verdad?

—Tengo ideas.

—¡Elijah!

—Muchas ideas.

Louie cerró los ojos, pero la risa brotó antes de que pudiera contenerla. Elijah lo abrazó y lo llevó hacia atrás sobre la cama.

—No tenemos que levantarnos todavía —murmuró contra su cuello.

—Necesito café.

—En una hora.

Louie sintió la boca de Elijah sobre su piel y decidió que podía esperar.

A las cuatro de la tarde, Cassandra entró en la suite. Louie estaba frente al espejo moviéndose con nervios. Nathan acababa de ajustarle la pajarita y Scott sostenía la chaqueta para que no se arrugara.

Cassandra lo recorrió con los ojos. Llevaba un traje azul oscuro de líneas sencillas, una camisa blanca y una pajarita que había elegido Isabel porque, según ella, la que proponía Elijah competía con todo lo demás.

No había brillo ni accesorios que llamaran la atención.

Solo el anillo de compromiso y unos gemelos que Elijah le había dejado sobre la almohada esa mañana.

Cassandra se acercó y sonrió.

—Estás perfecto.

Louie miró el espejo. Reconocía al hombre que tenía delante, eso lo agradecía.

No lo habían convertido en una mini versión de Elijah ni lo habían vestido como si necesitara interpretar un papel.

Parecía él mismo en un día que importaba.

Malik apareció detrás de Cassandra. Llevaba un traje gris y una pequeña caja en la mano. Se detuvo al ver a Louie.

—Cass tenía razón.

—¿Sobre qué?

—Estás muy bien.

Louie sonrió.

—Tú también.

Malik bajó la vista hacia su chaqueta y la alisó con una mano.

—Tengo los anillos. No los abrí.

Nathan levantó una ceja.

—Los abrí una vez —admitió el niño—. Para comprobar que estaban.

Malik sostuvo la caja contra el pecho, protector. Cassandra consultó la hora.

—El vehículo sale en diez minutos. Scott y Nathan vendrán contigo. Malik va conmigo.

—Okay —dijo Louie.

Cassandra recogió a Malik y salió con él. Nathan los siguió, pero se detuvo junto a Louie.

—Elijah está a punto de atravesar una pared.

—¿Qué hizo?

—Ha enviado tres mensajes para saber si ya has salido. Teme que te fugues. No lo culpo.

Sonrió y Louie meneó la cabeza. Los amigos disfrutaban molestar a Elijah porque este era… Bueno, Elijah. Grandilocuente, metomentodo, cotilla. Su buen amor. La emoción lo llenó y por un momento fue mucho. Se recuperó rápido. Cuanto antes fuera, antes saldría del foco de atención.

Scott se acercó y le ofreció la prenda. Louie introdujo los brazos. Scott acomodó la tela sobre sus hombros y retiró una pelusa de la manga.

—No tienes que entretener a nadie —dijo. Louie lo miró—. Elijah se encargará de eso. Nadie está esperando que actúes de una forma concreta. Solo queremos verte casarte con el hombre que amas. Y que te ama. Elijah es exuberante, pero el mejor amigo.

Louie abrochó la chaqueta y asintió. Scott abrió la puerta y Louie salió. Tiempo de ir a su boda.

La luz empezaba a cambiar sobre las vides.

Cassandra había elegido el momento exacto, cuando el sol descendía detrás de las colinas y teñía de oro los extremos de las hojas.

Las sillas formaban un semicírculo frente a las hileras.

No había un escenario. Solo una superficie de piedra clara, arreglos bajos de flores y las personas que habían viajado para estar con ellos.

Louie esperaba detrás de la casa principal.

Podía escuchar las conversaciones apagadas y el sonido de un cuarteto de cuerdas.

No distinguía las palabras, pero reconocía algunas voces.

Elijah se encontraba al otro lado de la finca.

Cassandra había insistido en que entraran por lugares distintos.

A Louie le había parecido innecesario antes, pero ahora lo agradecía.

Necesitaba verlo desde lejos. Encontrar su rostro entre todo lo demás y recordar hacia dónde iba. La música cambió. Malik apareció primero, con la espalda recta y ambas manos alrededor de la caja. Al llegar al frente, buscó a Nathan. Su padre le sonrió desde la primera fila.

Después entró Elijah. Louie dejó de escuchar la música para apreciarlo.

Llevaba un traje negro con una camisa color marfil y no había una sola luz cosida a la tela.

Su cabello estaba peinado hacia atrás, aunque un mechón ya empezaba a soltarse.

Avanzó, bastante serio, saludando con la cabeza a los invitados, pero al llegar al centro se volvió hacia el lugar donde esperaba Louie.

Lo encontró y la sonrisa apareció. No era la que Elijah ofrecía al entrar en una habitación ni la que usaba para desarmar una discusión. Era la sonrisa que Louie veía al despertar, antes de que el día le recordara quién debía ser frente a los demás. El pecho se le abrió.

Cassandra le hizo una señal y Louie dio el primer paso. Los invitados se pusieron de pie y todas las miradas llegaron a él. El impulso de bajar los ojos apareció, lo reconoció. Había vivido con él durante años: medir, ceder espacio, comprobar quién observaba antes de tocar al hombre que amaba.

Pero esta vez luchó contra él. Esta vez miró al frente, donde Elijah lo esperaba, y avanzó mirando a los que estaban aquí por ellos, para celebrarlos.

Vio a Scott junto a Bianca. Ella tenía una mano aferrada al brazo de su esposo y los ojos brillantes.

Nathan mantenía a Cassandra contra su costado; Malik ya estaba entre ambos, aún abrazado a los anillos.

Darius ocupaba la siguiente fila con Isabel.

La bebé dormía en brazos y Darius desviaba la vista hacia ella cada pocos segundos.

Matt estaba sentado entre Taylor y Sheila.

La primera le sonrió con calidez, Sheila inclinó la cabeza, más tímida de lo que su estatus de figura pública diría.

Logan tenía la mano sobre la de Nadia, que lo miraba todo con asombro.

Volvió su vista al que lo esperaba. Llegó a él y le extendió una mano.

—Hola —murmuró.

Louie la tomó.

—Hola.

—Estás guapísimo.

—Tú también.