CAPÍTULO 6 #2
Darius se levantó entre sus rodillas. Isabel deslizó las manos por su pecho. Él volvió a besarla hasta que un pequeño sonido escapó de su garganta. A la par, vino el golpe a la puerta. Darius no la soltó.
—Hola, ¿se puede?
La voz de Bianca los separó. Darius giró la cabeza. Isabel ocultó la cara contra su pecho y comenzó a reírse al ver a Bianca entrando con la bebé despierta en brazos. No parecía arrepentida.
—Llamé dos veces.
—No escuchamos —dijo Isabel.
—Eso noté.
Darius extendió los brazos hacia su hija. Bianca se la entregó, pero sus ojos se quedaron sobre Isabel.
—Esta noche duerme conmigo.
Darius alzó la cabeza y parpadeó, mirando a Isabel y luego a Bianca.
—No hace falta…
—Sí hace —respondió Isabel.
Él la miró.
—Puede dormir aquí. No nos molesta.
Isabel se levantó. Alisó la falda sobre sus caderas y se acercó.
—Llevamos seis meses diciendo que no nos molesta.
—No me molesta.
—Te levantas si respira fuerte.
—Podría necesitar algo.
—Anoche te levantaste porque dejó de respirar fuerte.
Darius bajó la vista hacia la niña. Ella le había aferrado un dedo y lo llevaba hacia la boca.
—Estaba demasiado quieta.
Bianca se sentó en el sillón.
—Mi habitación está cuatro puertas más allá. Cassandra pidió una cuna y ya la instalaron. Tengo pañales, biberones y el número de recepción. Puedo llamarlos si ocurre algo.
—Te explicaré sus horarios —dijo Darius.
Isabel miró a Bianca.
—No tiene horarios.
—Tiene una rutina.
—Cambia cada dos días.
Darius ignoró la observación.
—Después del último biberón hay que mantenerla erguida. A veces parece dormida, pero…
—Darius.
Él se calló, pero hizo un gesto impaciente. Isabel apoyó una mano sobre el brazo que sostenía a la niña.
—Quiero una noche contigo.
La dureza abandonó su rostro. Sus ojos buscaron los de ella e Isabel no apartó la mirada. Al contrario.
—Una noche —repitió.
Darius observó a su hija. Después asintió.
El patio se llenó al caer la tarde.
Cassandra había dispuesto una cena informal para recibirlos, aunque el resultado seguía pareciendo más elegante que la mayoría de los eventos que Isabel conocía. Las mesas estaban bajo guirnaldas de luces, el aire olía a lavanda y hierbas, y las colinas conservaban las últimas franjas de sol.
Nathan llegó con una bandeja y Malik a su lado. El niño vio a la bebé en brazos de Darius y olvidó lo que estaba diciendo.
—¿Puedo cargarla?
Darius respondió antes que nadie.
—Sentado.
Malik tomó asiento en un sillón.
—Ya estoy sentado.
—Más atrás.
El niño obedeció y pegó la espalda al respaldo.
Darius se agachó frente a él. Le explicó dónde colocar los brazos, acomodó un cojín debajo de uno y solo entonces depositó a su hija. Malik quedó inmóvil, luego miró con cierta decepción.
—Pesa muy poco.
—Sujétale la cabeza.
—La estoy sujetando.
—La mano un poco más arriba.
Nathan se acercó por detrás.
—Darius, respira.
Isabel se llevó una copa de agua a los labios para ocultar la sonrisa. Cassandra apareció con Logan y Nadia, que habían llegado esa misma tarde. Nadia abrazó a Isabel y se inclinó sobre el bebé, que seguía en brazos de Malik bajo la vigilancia de tres hombres.
—Bienvenidos, ustedes dos. Sí que demoraron. ¿Todo bien?
—En proceso —dijo Logan.
—Estar bien. Felicidades —dijo Nadia a los novios.
La conversación fluyó como las bebidas y canapés. Un rato más tarde aparecieron Matt, Taylor y Sheila, y la novedad, que nadie comentó, pero que todos observaron, fue que entraron juntos.
Matt llevaba una mano en la espalda de Taylor. Sheila caminaba al otro lado, con gafas oscuras y el cabello cubierto por un pañuelo hasta que cruzaron la puerta del patio. Al quitárselos, la mujer de la televisión desapareció detrás de una sonrisa que Isabel nunca le había visto ante una cámara.
Cassandra los recibió sin alterar el orden de los nombres.
Nadie preguntó por las habitaciones ni por la forma en que habían viajado.
El grupo abrió espacio para los tres. Isabel observó cómo Taylor se sentaba junto a Matt y Sheila ocupaba la silla al otro lado.
No había exhibición. Tampoco distancia fingida.
La mano de Matt descansó un momento sobre la rodilla de Taylor.
Minutos después, Sheila le habló al oído y él volvió la cara para escucharla.
Sencillo. Natural. Como debía ser. Su hermano era feliz y eso lo valía todo a sus ojos.
—Oh, mi sobrina es la más bella —dijo Matt, elevando a Ella en sus brazos en un vuelo que la niña disfrutó, gorjeando con algarabía.
Cuando llegó la comida, Elijah se puso de pie para agradecerles que hubieran viajado. Empezó con una frase breve, que en cinco minutos no parecía tener fin. Louie le tiró de la camisa.
—Dijiste que no darías un discurso.
—Esto no es un discurso.
—Todos dejaron de comer para escucharte.
Elijah miró las mesas.
—Pueden seguir comiendo.
Las conversaciones se reanudaron. Él continuó de pie dos minutos más hasta que Louie consiguió hacerlo sentar. Isabel apoyó la cabeza en el hombro de Darius. La niña había vuelto a sus brazos y dormía con el puño contra su pecho. Darius le acariciaba la espalda con dos dedos.
—¿Estás contento? —preguntó ella.
Él miró alrededor. Scott y Bianca compartían un plato.
Nathan escuchaba a Malik mientras Cassandra revisaba algo en su teléfono.
Logan mantenía un brazo detrás de la silla de Nadia.
Matt hablaba con Taylor, pero su mano buscó a Sheila cuando ella regresó a la mesa.
Louie se había inclinado hacia Elijah y le decía algo que consiguió mantenerlo callado.
—Sí —respondió Darius.
Isabel besó su mandíbula.
—Yo también.
Bianca fue por la niña a las diez y Darius la acompañó hasta su habitación.
Isabel caminó detrás de ellos con el esterilizador y esperó paciente mientras Darius comprobaba la temperatura de la habitación y enseñaba Bianca cómo encender el monitor.
Le explicó qué sonidos eran normales y cuáles no.
La bebé dormía en la cuna, ajena a las instrucciones.
Bianca escuchó sin burlarse. Cuando él terminó, se acercó y lo abrazó.
—Estará bien.
Darius miró por encima de su hombro hacia la cuna.
—Lo sé.
Bianca los empujó con suavidad y cerró la puerta después de ellos. Darius permaneció en el pasillo con el monitor encendido en su mano. Isabel entrelazó los dedos con los suyos.
—Vamos.
Regresaron a su habitación. Cuando la puerta se cerró, el silencio pareció ocupar cada rincón. Era rarísimo. No había respiración infantil, ningún movimiento en la cuna, ningún biberón esperando sobre la mesa. Solo ellos.
Darius dejó el monitor en la cómoda. Junto a una cubitera había una botella de vino que Cassandra había enviado y dos copas esperaban al lado.
Isabel se acercó. Había pasado casi un año desde la última vez que bebía alcohol. Durante el embarazo no lo había echado de menos. Mientras amamantaba, tampoco. Pero aquella botella representaba algo más que una copa. Darius la observó leer la etiqueta.
—No tienes que beber.
—Quiero hacerlo.
—Dejaste de amamantar hace una semana.
Isabel levantó la vista.
—Precisamente.
Él tomó la botella y retiró el corcho. Sirvió poco. Antes de entregarle la copa, buscó sus ojos.
—¿Segura?
Isabel la aceptó y bebió un sorbo. El vino era suave y cálido. Permaneció un momento sobre su lengua antes de bajar por su garganta.
Darius siguió cada movimiento. Isabel dejó la copa sobre la mesa.
—También estoy segura de todo lo demás que va a pasar esta noche.
Él cerró la distancia entre ambos y le sostuvo el rostro con las manos, su mirada entornada prometiendo placeres que Isabel echaba mucho, mucho de menos.