Spin off: Agencia Pipen CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

CASS Y NATE

Cassandra mantuvo el teléfono levantado después de que la pantalla se apagara. Nathan estaba apoyado contra el marco de la puerta.

—Se casan —dijo ella.

La sonrisa de Nathan apareció despacio.

—Bien. Era hora.

Una sola palabra. Cassandra conocía todo lo que había detrás. Nathan quería a Elijah como a un hermano y respetaba a Louie más de lo que solía expresar. Los había visto encontrarse, equivocarse y aprender a permanecer juntos sin que ninguno tuviera que dejar de ser quien era.

Malik tiró de la manga de su padre con un gesto de sabelotodo en su rostro.

—Yo lo sabía.

—Te enteraste hace dos minutos —dijo Nathan.

—Pero sabía que algún día iba a pasar —protestó.

Cassandra dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿También sabías que Elijah quiere casarse dentro de tres meses en California?

Malik lo pensó y luego negó con solemnidad. Cass contuvo la sonrisa ante este chiquillo adorable.

—Eso no.

Nathan separó el brazo del marco y se acercó.

—¿Tres meses, eh? Y me imagino que la vara estará alta, porque hablamos de Elijah.

—Intentó decir cuatro después de ver mi cara.

—Muy sensato.

Cassandra le lanzó una mirada.

—No lo alientes.

Nathan se detuvo frente a ella.

—Puedes decirles que no.

—Podría.

—Pero no lo harás.

Cassandra cruzó los brazos.

—¡Por supuesto que no! Esto es importante. Louie necesita una ceremonia que no lo abrume y Elijah una que le permita celebrar sin sentir que debe contenerse —Gesticulaba mientras pensaba—. Hay por lo menos un niño…

—Yo estoy grande —protestó Malik, y Nate asintió.

Cass siguió como si no la hubieran interrumpido.

—… un bebé, hombres incapaces de asistir a un evento sin dejar atrás su condición de exmilitares, y al menos una mujer famosa que no puede aparecer en cualquier fotografía.

Nathan la observaba con una expresión que ella conocía demasiado bien.

—No digas nada.

—No he dicho nada.

—Estás sonriendo.

—Tú ya estás organizando la boda.

Cassandra asintió. Todavía no había abierto una libreta ni consultado una sola fecha, pero su cabeza había empezado a distribuir espacios.

—Solo estoy evaluando dificultades.

—Claro.

Malik se acercó a ella.

—¿Puedo llevar los anillos?

—Eso tendrán que decidirlo Elijah y Louie.

—Elijah dirá que sí.

—Entonces tendrás que preguntarle también a Louie.

El niño asintió. Cassandra le acarició el cabello y él no se apartó, aunque a sus ocho años y medio ya empezaba a considerar que algunas muestras de afecto debían ocurrir lejos de sus compañeros.

—Ahora ve a terminar la tarea —dijo Nathan.

—Ya la terminé.

—La dejaste abierta sobre el escritorio.

Malik miró a Cassandra en busca de ayuda. Ella señaló el pasillo.

—La mochila no se prepara sola.

El niño resopló, aunque se marchó arrastrando los pies. Cassandra esperó hasta que desapareció antes de volver a mirar a Nathan. Nathan le sujetó la cintura y la atrajo con posesividad. Cassandra apoyó las manos en su pecho e hizo un gesto de sufrimiento.

—Elijah va a volverme loca.

—A todos, pero es inevitable.

—Querrá cambiarlo todo cada vez que se le ocurra una idea.

—También.

—Y Louie dirá que le da lo mismo con tal de no discutir.

Nathan bajó la cabeza.

—Por eso te llamaron a ti, Cass. Porque eres la mejor y puedes con esto y más.

Cassandra recibió el beso antes de responder. Fue cálido, húmedo y delicioso. Más breve de lo que deseaba, pero Malik iba a retornar en minutos. Cuando Nathan se apartó, la miró con esa mirada que no se perdía detalle de nada.

—Estás contenta —dijo.

—Mucho.

—Yo también.

Cassandra apoyó la frente en su mandíbula.

Esta era su vida ahora y le encantaba. Un pelín caótica, haciendo las veces de madre, sin sustituir la memoria de la real, con un hombre que la amaba con locura.

Hubo una época en que esta casa no había conocido anuncios felices.

Cuando entró por primera vez, el duelo de Nathan no estaba solo en las fotografías ni en los objetos que nadie se atrevía a mover.

Vivía en los silencios. En la forma en que él terminaba cada día sin esperar nada del siguiente.

En un niño que había aprendido demasiado pronto a vigilar la tristeza de su padre.

Cassandra no había intentado ocupar el lugar de nadie.

Llegó, se enamoró y se quedó. Okay, pisó fuerte al inicio, Nate la había creído difícil, pretensiosa, pero…

Con el tiempo, cada cosa estuvo en su sitio.

Las risas dejaron de parecer una interrupción.

Aparecieron zapatos debajo de la mesa, calendarios compartidos y discusiones sobre tareas escolares.

Malik empezó a buscarla cuando necesitaba ayuda y a protestar cuando ella se la ofrecía antes de que la pidiera.

Nathan volvió a besar a una mujer en la cocina sin que el gesto estuviera acompañado de culpa.

Ahora Elijah y Louie iban a casarse. La familia de la agencia continuaba creciendo de formas que ninguno de ellos habría imaginado.

—Tengo que comprobar algunas fechas —murmuró.

Nathan besó su sien.

—Después de cenar.

—Solo una búsqueda.

—Después de cenar.

—Cinco minutos.

Él la tomó de la mano y la llevó hacia la cocina.

—Conozco tus cinco minutos.

Malik se acostó a las nueve.

A las nueve y siete, Cassandra abrió la computadora. Nathan apareció con dos tazas de té, colocó una a su lado y se sentó en la silla contigua.

—No tienes que quedarte.

—Lo sé.

Cassandra ya había abierto once pestañas y su imaginación volaba, pero siempre sujeta a variables esperables, presupuestos, calendarios.

Elijah había enviado una lista preliminar una hora luego del anuncio.

Era breve para una boda, aunque no tanto para dos hombres que afirmaban querer algo íntimo.

Incluía a todo el equipo de Pipen, esposas, parejas, niños y algunos nombres que Cassandra no reconocía.

Louie había agregado a dos antiguos compañeros de universidad, su madre, y a los millonarios O’Malley.

También había una lista de ideas y esa era mucho más larga y compleja.  Cassandra leyó hasta encontrar “entrada entre bengalas”. La eliminó de inmediato, temblando.

—¿Qué acabas de hacer? —preguntó Nathan.

—Salvarle el traje a Louie.

Revisó las fechas. Si elegían el fin de semana que Elijah proponía, dispondrían de poco más de tres meses.

No era imposible, pero necesitarían un lugar que ofreciera varias soluciones dentro de la misma propiedad.

Abrió las fotografías de una finca en Sonoma.

El edificio principal se extendía sobre una elevación rodeada de viñedos.

Detrás había un patio de piedra junto a una hilera de olivos.

Una terraza miraba hacia las colinas y el antiguo salón de barricas podía recibir a los invitados si el tiempo cambiaba.

No necesitaban usarlo todo. Eso le gustó. Elijah vería posibilidades. Louie podría escoger un rincón y hacerlo suyo.

—Este —dijo Nathan.

Cassandra lo miró.

—¿Por qué?

Él señaló la pantalla.

—No parece construido para bodas.

—Ofrecen más de cuarenta al año.

—No se nota.

Cassandra regresó a la fotografía. Nathan tenía razón. No había arcos blancos, fuentes iluminadas ni estructuras pensadas para encerrar a los novios en una escenografía. Había vides, piedra clara y una casa que parecía pertenecer al paisaje.

—Larkspur Estate —leyó—. Cincuenta y ocho hectáreas. Producción pequeña. Ceremonias de hasta ochenta personas.

—¿Cuántos invitados tienen?

—Cuarenta y dos por ahora.

Cassandra anotó el nombre. Nathan se inclinó hacia ella, que lo miró.

—¿Qué harías tú?

Nathan estudió la imagen.

—Los casaría entre las vides, sin demasiadas cosas alrededor. Pocas filas. Todos cerca. Nada detrás de lo que Louie pueda desaparecer y ningún escenario para que Elijah convierta esto en una función.

Cassandra sonrió.

—Eso ha sido muy específico.

—He trabajado con él muchos años.

Ella apoyó una mano en su muslo.

—La recepción puede ser en el patio. Mesas largas, no redondas. Cena sin puestos rígidos. Y si llueve, el salón de barricas.

Cassandra localizó un hotel boutique situado a pocos kilómetros de la finca. Tenía menos de treinta habitaciones, un patio interior, un salón pequeño para el desayuno y espacio suficiente para organizar el traslado de todo el grupo.

—Si reservo una parte del mismo piso, tendremos intimidad sin quedar dispersos.

—Darius querrá la habitación más silenciosa por la niña. Lejos del ascensor —dijo Nathan—. Para evitar ruidos y tránsito que moleste a Ella.

Cassandra modificó la nota.

—Bianca ya se ofreció a cuidarla bebé durante la recepción.

—Darius no se la entregará.

—Isabel sí —dijo con distracción.

La boca de Nathan se curvó.

—Entonces Darius pasará la mitad de la fiesta buscando razones para acercarse.

Cassandra imaginó al enorme agente fingiendo que necesitaba comprobar una manta, la temperatura del biberón o cualquier cosa que le permitiera recuperar a su hija durante unos minutos.

—Pediré una cuna extra en la habitación de Bianca —dijo.

Continuó distribuyendo necesidades. Una suite sin acceso público para que Natasha pudiera prepararse lejos de posibles curiosos.

Habitaciones cercanas para ella, Taylor y Matt, sin decidir por ellos cómo debían organizarse.

Espacio para Svetla y Kalina si los documentos les permitían viajar desde Bulgaria.

Mm, eso no había manera de saberlo mucho tiempo antes.

Nathan deslizó una mano por la espalda de Cassandra.

—Ya pasó más de una hora. Llevas una hora inclinada sobre la pantalla y mañana te dolerá el cuello.

Nathan le sostuvo la nuca y presionó con los dedos. Cassandra cerró los ojos. La tensión cedió bajo sus manos.

—Un poco a la izquierda.

Él obedeció.

—Ahí. Mm, qué gusto —ronroneó.

Lo dejó hacer unos minutos.

—¿Cuándo vas a llamar a la finca?

—Mañana.

Nathan se inclinó y besó la piel que acababa de masajear.

—Vamos a dormir. Me toca leer el cuento esta vez.

—La historieta, querido. Disfrútala, en poco tiempo no va a querer que lo hagamos.

Larkspur Estate tenía disponible una sola fecha dentro del periodo que Elijah había pedido.

Cassandra reservó una visita virtual para esa misma tarde.

Elijah y Louie llegaron a Marlowe Events quince minutos antes.

Cassandra los recibió en su oficina. Había dispuesto fotografías impresas sobre la mesa, muestras de color y un esquema sencillo de la finca.

No quería que Louie enfrentara treinta opciones. Necesitaba reaccionar a algo concreto.

Elijah tomó una fotografía de la terraza.

—Podríamos poner una banda aquí.

—Un cuarteto durante la cena —dijo Cassandra.

—Pensaba en algo con metales.

—Eso durante la fiesta. Hay tiempo para elegir la música.

Bendita impaciencia.

—¿Y qué opinas de poner luces sobre las vides?

—No colgaremos nada sobre plantas productivas, Elijah.

Louie se acercó a la imagen de la ceremonia. El espacio era abierto, con las hileras extendiéndose detrás de una explanada cubierta de césped. No había altar ni construcción fija.

—¿Dónde estaríamos nosotros?

Cassandra señaló el extremo más cercano al viñedo.

—Aquí. Los invitados formarían un semicírculo. Dos o tres filas como máximo.

—Estarían muy cerca.

—Sí.

Louie observó la fotografía.

—Me gusta. Es precioso y un atardecer ahí debe ser perfecto.

Elijah dejó de hablar. Miró al hombre con quien iba a casarse y después a Cassandra.

—Entonces nos casamos ahí.

—Todavía tienen que ver el resto.

—Louie dijo que le gusta.

—También tiene que gustarte a ti —señaló él.

Elijah rodeó su cintura.

—Tú vas a estar allí. Ya me gusta, es lo único que me importa de verdad.

Louie bajó los ojos, pero no se apartó. Cassandra fingió concentrarse en las fotografías, pero un calorcito le envolvió la garganta.

Elijah podía ser mucho, era exagerado, sociable, gritón, pero ese era su costado vano.

Era amigo sin dobleces, un gran profesional y una divina persona que adoraba el suelo que Louie pisaba.

La encargada de Larkspur apareció en la pantalla. Recorrió la finca con una tableta y les mostró la explanada, el patio y el salón de barricas. Respondió las preguntas de Cassandra sobre proveedores, accesos y horarios.  Al terminar, Cassandra cerró la computadora.

—La fecha queda bloqueada durante veinticuatro horas. Tienen que decidirlo juntos.

Elijah miró a Louie.

—¿Quieres casarte conmigo ahí?

Louie pasó el pulgar sobre su anillo.

—Sí.

No hubo vacilación. Cassandra tomó el teléfono.

—Entonces pensemos en las invitaciones.

Elijah se inclinó sobre la mesa.

—¿Cuándo podemos enviar las invitaciones?

—Cuando me confirmen la lista definitiva.

Louie le entregó la carpeta que llevaba bajo el brazo.

—Aquí está.

Cassandra la abrió. Habían revisado los nombres, añadido direcciones y marcado quiénes necesitarían alojamiento.

En la última página estaba el grupo de Pipen.

Ninguna pareja había sido separada para satisfacer una convención.

Scott y Bianca. Nathan, Cassandra y Malik.

Darius, Isabel y su hija. Logan y Nadia.

Matt, Taylor y Sheila. Una familia elegida.

—Puedo enviarlas en unos días, cuando elijan el motivo —dijo—. Dejen todo en mis manos.

—Sobre eso, ¿qué opinas de contratar un espectáculo aéreo?

—¡Elijah!

Las voces de Louie y Cass se superpusieron y Elijah rio fuerte. El tonto se divertía.