Spin off: Agencia Pipen CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

Ahora avanzaban las tres juntas, el paso marcado por la mayor, tomando fotografías, deteniéndose para recoger hojas, rozar la corteza de los árboles o mirar hacia la ciudad, visible entre algunas aberturas del bosque.

Logan caminaba detrás. Había estado en bosques más extensos, en montañas más altas y en lugares donde el silencio era ruidoso y había estado bien.

Pero esto estaba mejor. Inspiró hondo y el olor a tierra y vegetación se le metió por las narinas y le completó los pulmones.

Bajo las botas, el suelo cedía apenas. Las voces de las mujeres llegaban y se alejaban con el viento.

Nadia volvió la cabeza, como hacía de manera constante, sin percatarse en general. Logan se regocijaba con esto. No estaba solo en esta locura llamada amor. Redujo el paso hasta quedar a su lado.

—Gustar aquí. Se te nota.

—¿Cómo?

—Tus hombros relajados. Tus ojos no estar alertas.

Contempló a esta Nadia sin sombras a la que el viento había soltado el cabello. Llevaba las mejillas coloreadas por la caminata y sus ojos maravillosos, esos que lo habían hechizado desde el inicio, reflejaban el verde que los rodeaba.

Ya no se veía frágil, quizás nunca lo había sido. Había estado herida, asustada y sola, pero ninguna de esas cosas definía lo que era.

—Estoy en paz porque estás en mi vida.

Logan miró hacia delante. Svetla y Kalina habían doblado una curva y desaparecido tras los árboles. Atrapó a Nadia por la cintura y la pegó a él.

—Poder volver —murmuró ella.

—Podrían.

—Mi madre ya creer que no saber comportar.

—Tu madre tiene razón.

Le rodeó la nuca con una mano y la cintura con la otra, y ella se aferró a su camisa.

Logan la besó sin prisa, disfrutando del sabor de su boca, de su calor.

El suspiro que escapó de sus labios se le coló en la boca y barrió la poca cautela que le quedaba.

Profundizó el beso , recostándola a un tronco grueso, sin aplastarla, pero cerrando su cuerpo alrededor del suyo.

Nadia abrió los labios un poco más y Logan los sorbió con sed de más.

La mano descendió hasta la curva de su cadera y la atrajo como si quisiera fundirla con él.

Ella gimió en voz baja, se puso de puntillas y le hundió los dedos en el cabello.

Había hambre y mucho de echarse de menos en ese contacto.

Los días en casa de Svetla habían estado llenos de puertas abiertas, conversaciones que se prolongaban y pasos en el corredor.

Logan no se arrepentía un solo minuto, pero llevaba demasiado tiempo queriendo besarla así, sin prisa, sin contenerse. Nadia se arqueó contra él. Logan recorrió su espalda con la palma abierta y volvió a sujetarla por la nuca.

La besó hasta sentir que le faltaba el aire, se apartó lo suficiente para respirar y regresó a su boca.

Ella lo recibió con el mismo deseo y las manos recorrieron al otro con codicia, con ardor.

Unas voces sonaron a lo lejos. Nadia rompió el beso y apoyó la frente en su pecho. Sus respiraciones se mezclaron.

—Todavía están lejos. El viento trae sus voces.

Logan besó su sien y no aflojó el brazo alrededor de su talle. Nadia levantó la cabeza. Tenía los labios enrojecidos y los ojos punzaban, brillantes.

—Gustar verte aquí, en mi país, a mi lado.

—A mí me gusta tenerte en cualquier parte.

—Eso no ser posible.

Él pasó el pulgar por su labio inferior. Nadia guardó silencio. Logan miró hacia el camino.

—No voy a pedirte que elijas entre ellas y yo.

—Lógan…

—Ni entre Bulgaria y Providence. Tendremos que hacer trámites. Hablar con personas que sepan qué opciones existen. Puede llevar tiempo y quizá no consigamos todo lo que queremos a la primera…

—Kalina deber terminar estudios.

—Sí.

—Mi madre no aceptar que pagar por todo.

—Ya me di cuenta.

La sonrisa de Nadia apareció despacio.

—Ser obstinada. Parecerme a ella.

—Eso lo supe antes de conocerla en persona.

Nadia le dio un golpe suave en el pecho, pero no se apartó.

—No querer que piensen que… que deber abandonar su vida porque yo tener otra.

—No nos adelantemos. Les preguntaremos qué quieren. A veces solo se trata de mostrar las opciones.

—¿Y si desear quedarse?

—Vendremos a menudo. Tanto como lo desees.

Así sería.

—No poder cruzar el océano cada mes.

—No. Pero podemos hacerlo cada dos o tres, o encontrarnos a mitad de camino, o pueden viajar ellas. Encontraremos opciones, ptíchka .

Los ojos de Nadia volvieron a llenarse de lágrimas.

—Hablar de ellas como si ser…

Logan esperó.

—¿Como si fueran qué?

—Tu responsabilidad.

Él puso dos dedos bajo su barbilla.

—No, son mucho más —Levantó el rostro por el mentón para que lo mirara—. Son tu familia. Eso las convierte en parte de mi vida.

La respiración de ella se quebró.

—No decir esas cosas si no querer que llore como tonta. Hacer que tiemblen piernas.

—Puedo cargarte. Me encantaría.

Nadia soltó una risa húmeda y se limpió las mejillas.

Svetla gritó algo desde el sendero. Nadia miró hacia el lugar de donde venía la voz.

—Pregunta si perdernos.

Logan tomó su mano.

—Nah. Nos encontramos, y eso es perfecto.

—Elijah equivocar, tú tener talento con palabras.

La conversación ocurrió esa noche en la habitación del hotel. Svetla y Kalina habían acudido para ver las fotografías del día en la pantalla grande. Terminaron sentadas cerca de la ventana, con tazas de té sobre la mesa baja y las luces de Sofía extendidas detrás del cristal.

Nadia explicó las ideas sin convertirlas en promesas. Había opciones para poder verse más. En su fuero interno, rogaba por que ambas fueran flexibles, porque la razón predominara sobre la emoción y la rutina. No había mucho para ellas aquí, salvo más de lo mismo.

Lógan les habló sobre viajes, conocer otras realidades, la comida y la cultura, la historia. Con habilidad pulsó botones que gustaban a Svetla y Kalina. Los ojos de esta brillaban, excitada ante la perspectiva. Su madre se mostraba más reservada.

—Hay lugar en Estados Unidos para ustedes, si así lo desean. Nada me gustaría más —dijo Logan—. Podrían estar juntas, Kalina podría estudiar allá. Hay que consultar con abogados que revisarían las posibilidades. No habría atajos ni soluciones inmediatas, los papeles llevan tiempo, pero es factible.

—No podemos pedirles que nos sostengan y no tenemos dinero para pagar pasajes. Y no me siento cómoda…

Nadia tradujo. Logan se inclinó hacia delante y miró a Svetla con calma, sin presionar con gestos impacientes.

—Ustedes son mi familia. Es algo que puedo y quiero hacer.

Svetla negó con la cabeza antes de recibir la traducción completa. Habló durante casi un minuto. Nadia la escuchó sin interrumpirla, aunque sus gestos mostraron que no le gustaba lo que oía. Luego, miró a Logan y le contó.

—Dice que no vendió a una hija para que la otra viva mejor. Que no aceptará que te hagas cargo de ellas porque te sientas obligado por lo que me ocurrió.

La frase endureció algo en el pecho de Logan.

—No me siento obligado.

Nadia tradujo. Svetla respondió.

—Dice que eres un buen hombre, pero que los buenos hombres también se cansan.

Logan sostuvo la mirada de la mujer.

—Puede ser. Pero yo no estoy cansado —Esperó a que Nadia tradujera—. No pretendo comprarles una vida ni decidir dónde deben vivir. Quiero que puedan elegir sin que el dinero elija por ustedes.

Svetla bajó la vista hacia sus manos. Kalina se acercó a su madre y le murmuró algo. Hablaron entre ellas. Nadia escuchaba sin intervenir. Al fin, Svetla asintió. Una sola vez. No era una aceptación. Tampoco una negativa. Por ahora, bastaba.

Kalina saltó y festejó con un puño al aire y Logan sonrió.

La menor sería su aliada. Era una amenaza con toda esa energía.

De inmediato tomó el teléfono para buscar universidades.

Svetla le dijo que aún no había terminado sus estudios actuales.

Empezaron a discutir. Nadia intentó mediar y, en menos de dos minutos, las tres hablaban a la vez.

Logan se recostó en el sillón, aliviado. Esto se resolvería. La vida comenzaba a girar sin escollos y no pasaría mucho que estaría de rodillas, nervioso, con un anillo en la mano esperando el sí. Eso sería con estas dos mujeres de testigo y en Providence, se prometió.