Spin off: Agencia Pipen CAPÍTULO 1 #3
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CAPÍTULO 1 #3

Nadia apretó los labios ante la mención del tío que la había vendido y casi había hecho lo mismo con su hermana. Dio un paso hacia Kalina.

—Lo siento.

—No es culpa tuya. Dios, Nadia, ¿cómo iba a serlo? Pero… Fue horrible. No sabíamos si volverías. Al principio ni siquiera sabíamos si confiar… Podían estar obligándote a decir que estabas bien.

Kalina había vivido un infierno particular, pobrecilla. Sosteniendo demasiado para su edad. ¿Cómo no estallar con Nadia, aunque fuese injusto? Extendió los brazos y esperó, en silencio. Kalina resistió apenas unos segundos y vino a abrazarla.

—Estoy muy enfadada —murmuró al apoyarse contra ella.

—Lo sé.

—Y te eché tanto de menos, Na.

Nadia la apretó.

—Lo sé.

—No. No sabes.

Su voz se quebró. Nadia hundió los dedos en el cabello de su hermana.

—Entonces cuéntamelo. Tienes el tiempo que necesites para hacerlo.

Svetla se acercó y las abrazó por un costado. Las tres permanecieron juntas en medio de la cocina, rodeadas de comida que empezaba a enfriarse.

Nadia escuchó un movimiento en el corredor. Logan se había detenido antes de entrar. No podía comprender lo que decían, pero la postura de las mujeres bastaba. Retrocedió y se quedó fuera de la cocina, concediéndoles el espacio sin alejarse.

Logan comió todo lo que Svetla puso en su plato con aprecio. La conversación avanzó en dos idiomas. Nadia traducía las preguntas de su madre, corregía el inglés de Kalina y a veces olvidaba en qué lengua había empezado una frase.

Logan respondió sin impacientarse cuando Svetla quiso saber dónde vivía, cuánto quedaba su casa de la oficina y quién se ocupaba de Nadia cuando él tenía que trabajar.

—Puedo ocuparme de mí misma —protestó ella.

Su madre ni siquiera la miró.

—Pregúntale.

Logan esperó la traducción, contestó.

—Cassandra y Bianca están cerca. También Isabel. Y los hombres de la agencia.

—¿Él cocina?

—Sí.

—¿Limpia?

—También.

—¿Bebe demasiado?

—No.

—¿Te grita?

La risa desapareció.

—Nunca.

Svetla sostuvo la mirada de su hija.

—¿Te hace sentir segura?

Nadia buscó la mano de Logan debajo de la mesa. Sus dedos se cerraron alrededor de los de ella.

—Sí.

La respuesta no necesitó traducción. Su madre asintió y volvió a comer, satisfecha. Kalina intentaba comunicarse con Logan sobre música, pero se detenía a mitad de las frases para buscar palabras. Él la escuchaba con los antebrazos apoyados en la mesa y contestaba despacio.

No fingía comprender cuando no lo hacía.

Pedía que repitiera, miraba a Nadia solo cuando ambas versiones del idioma fracasaban.

Poco a poco, la vergüenza desapareció de la cara de Kalina y al promediar la comida, hasta discutía con vehemencia.

Al terminar la cena, ya le enseñaba fotografías en el teléfono.

Un examen aprobado. Una salida con amigas. Un perro que pertenecía a una vecina, pero pasaba más tiempo en su apartamento que en el de su dueña. Nadia las había visto casi todas, excepto las últimas. Se inclinó sobre la pantalla.

No eran las imágenes lo que importaba. Era escuchar a Kalina narrarlas sin medir el tiempo de una llamada.

Era ver a su madre retirar los platos y regresar a la mesa para comprobar que Nadia continuaba allí.

Cuando Svetla empezó a recoger por segunda vez, Logan se levantó y llevó su plato a la cocina.

—Espera —le dijo Nadia—. Mamá no deja que nadie…

Svetla le puso un paño en la mano y señaló la fuente vacía. Logan la recogió.

—Creo que me ha dado una orden.

—Eso sí entenderlo bien.

Kalina fue tras él con los vasos. Su madre comenzó a guardar la comida que había sobrado. Nadia permaneció junto a la mesa, inmóvil en medio de aquella actividad sencilla. La cocina era demasiado pequeña para los cuatro. Logan tenía que girar el cuerpo para dejar pasar a Svetla.

Nadia había imaginado su regreso muchas veces.

En algunas fantasías corría hacia su madre; en otras llegaba a tiempo para salvarlas de peligros que nunca sabía nombrar.

Jamás había imaginado a Logan secando platos bajo la mirada severa de Svetla, o a Kalina riéndose cuando él intentaba repetir una palabra.

Su familia aprendiendo el tamaño de su cuerpo y el sonido de su voz, Logan descubriendo el modo en que su madre doblaba los paños, Kalina hablando con las manos y la cara.

Las vidas que Nadia había mantenido separadas acababan de encontrarse en una cocina de Varna.

Logan levantó la vista y la vio parpadeando, tratando de contenerse de llorar.

Dejó el plato sobre la encimera y fue hacia ella, pero Nadia negó con la cabeza.

No quería que se alarmara. No había miedo en sus lágrimas.

Se acercó y apoyó una mano en su pecho.

—Estoy bien. Todo está donde debe.

Él cubrió sus dedos con los suyos.

—¿Segura?

—Sí —dijo Nadia.

Logan inclinó la cabeza y le besó la frente. Su madre continuó guardando comida. Kalina retomó una pregunta que había dejado a medias. La cocina volvió a llenarse de voces.

Nadia cerró los ojos. Había vuelto. Los otros tres en esta cocina eran los seres que amaba. Los tenía a su lado.