CAPÍTULO 1 #2
Había deseado marcharse con tanta fuerza que a veces la culpa no la dejaba dormir. Nunca del modo en que la obligaron a hacerlo, ni dejando atrás a su familia, eso no. Pasó los dedos por la quemadura antigua del panel y sintió que algo dentro de ella se doblaba. Kalina la observó con fija atención.
—No lo han arreglado.
—Ya veo.
—El dueño dice que la próxima semana. Pero ya sabes que son promesas vanas.
Svetla abrió la puerta del apartamento antes de que ellas llegaran. La fragancia a pimientos asados, pan caliente y carne especiada llenaba el corredor. Logan inspiró y sus cejas se elevaron.
—Caray, eso huele increíble —dijo.
La mesa del comedor estaba cubierta de platos. Svetla había sacado el mantel bordado que solo usaba en Navidad y la vajilla de flores azules heredada de su madre. Había banitsa , ensalada shopska , kyufte , verduras asadas y una fuente de patatas que habría bastado para alimentar a diez personas.
—Mamo, esto es un festín y apenas somos cuatro.
—Lógan parece comer por tres con ese tamaño suyo.
Su madre desplegaba su amor con la comida y la medida de este buffet en honor a Logan demostraba mucho. Nadia se emocionó. Que su familia mostrara aprecio hacia el hombre que amaba era maravilloso. Lo miró; seguía junto a la puerta, con una maleta en cada mano.
—¿Qué ha dicho?
—Todo esto es para ti. Dice que ese cuerpo tuyo necesita comida.
—Me agrada como piensa tu madre, ptíchka .
Nadia lo condujo hasta su antigua habitación. La cama individual continuaba debajo de la ventana, cubierta por una colcha blanca. Los libros se apretaban en dos estantes. Quedaban huecos donde ella había guardado la ropa y las pocas cosas que se llevó al marcharse.
Sobre el escritorio había una fotografía de las tres.
Nadia debía de tener dieciocho años. Kalina era una niña sin dientes delanteros y Svetla aún conservaba el cabello oscuro.
Se detuvo en el umbral. Logan dejó las maletas junto al armario y se acercó por detrás, apoyando una mano en su cadera. El contacto la calmó.
—Me preguntaba… No sabía si volver aquí me haría sentir… Igual —murmuró ella.
—¿Y? ¿Te sientes así?
—Sí. No.
Él esperó. Nadia miró el escritorio, las cortinas que su madre había cosido y una marca de lápiz en la pared. Allí habían medido a Kalina cada año hasta que Nadia se marchó. La última línea quedaba por debajo de su hombro. Había otra encima.
—Siguieron sin mí.
Logan apretó la mano sobre su cintura.
—Tenían que hacerlo. Pero no perdieron la esperanza y les dolió cada momento.
La respuesta dolió porque era cierta. Nadia se volvió y hundió la cara contra su pecho. Él la rodeó con ambos brazos.
—No sé qué esperaba encontrar.
—A ellas.
—Kalina está enfadada.
—También está feliz. Puede sentir las dos cosas. Tú también. Les robaron, ptíchka —murmuró él contra su oído, y ella asintió.
Así fue. Las habían alejado, las habían hecho sufrir, no saber de su paradero, perder las esperanzas. Pero eso había quedado atrás. Levantó el rostro. Logan le apartó el cabello pegado a la mejilla y le limpió la humedad de sus pómulos.
—No sé cómo hacer esto. Esta es mi casa, pero no la siento… Sí a ellas, siempre —aseguró, fiera, y miró alrededor—. No a este lugar. Ya no.
—No tienes que decirlo hoy.
La puerta se abrió a su espalda. Kalina apareció con una pila de toallas. Se quedó quieta al encontrarlos abrazados. Nadia se separó, pero Logan no retiró la mano de su cintura.
—Mamá quiere saber si él necesita ducharse antes de comer.
Kalina hablaba en búlgaro y miraba a Logan.
—Puedes preguntárselo tú. Entiende inglés.
—Ya lo sé.
—Entonces habla con él.
Su hermana dejó las toallas sobre la cama.
—Mi inglés no es bueno.
—Es mejor que el mío cuando me fui.
—Tú eres filóloga.
—Y tú llevas años escuchando canciones que no me dejabas traducir porque decías que arruinaba el misterio.
Kalina hizo una mueca. Después miró a Logan.
— Do you want shower ? (Quieres ducharte?)
Él no sonrió ante la brusquedad de la pregunta.
— I’d rather eat first. Everything smells too good to wait . (Mejor comer primero. Todo huele demasiado bien como para esperar)
Kalina tardó un momento en ordenar la respuesta. Sus mejillas se colorearon, pero asintió.
—Mamá estará contenta.
— Good .
La muchacha se dirigió a la puerta. Antes de salir, volvió la cabeza hacia Nadia.
—Tú, ven conmigo.
El tono no admitía discusión. Nadia miró a Logan, que le dio un beso corto en la frente.
—Ve.
Encontró a Kalina en la cocina, cortando pan con más fuerza de la necesaria. Svetla iba y venía entre la encimera y la mesa, decidida a añadir platos aunque ya no quedaba espacio. Nadia tomó una fuente de sus manos.
—Si cocinas algo más, Logan tendrá que dormir en el corredor.
—Tienen hotel para dormir bien.
—Mamo.
—¿Qué? Tú misma dijiste que había reservado habitaciones.
Nadia notó que su madre evitaba mirarla. Dejó la fuente sobre la mesa.
—No voy a marcharme ahora.
Svetla acomodó un tenedor que ya estaba derecho.
—Has cruzado medio mundo. Necesitarás descansar.
—Descansaré después.
Kalina dejó el cuchillo con rudeza.
—Siempre hay un después contigo.
El silencio cayó sobre la cocina. Svetla dijo su nombre en voz baja, pero Kalina no apartó los ojos de Nadia.
—Déjala, mamo.
Su hermana tragó saliva.
—No quiero pelear.
—Yo tampoco.
—Pero estás aquí y todos tenemos que comportarnos como si no hubiera pasado nada porque mamá ha cocinado y ese hombre te mira como si fueras lo único que existe.
—Kalina…
—No dije que fuera malo.
El aire entraba a tirones por su nariz. Nadia reconoció el esfuerzo que hacía para contener el llanto.
—Estás enfadada conmigo.
—No quiero estarlo.
—Pero lo estás.
Kalina bajó la mirada hacia el pan.
—Sabíamos que estabas viva porque aparecías en una pantalla; luego colgabas y la casa quedaba peor que antes. Mamá lloraba en el baño para que yo no la oyera. Yo fingía que no la oía para que no se avergonzara. Tenía miedo, no sabía… Esos hombres no decían mucho, el chicho insistía…