SOY Capítulo IX #2
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Capítulo IX #2

Después de haber leído tu ensayo llamado La Apolítica, el cual presenta un profundo mensaje de libertad y comunión para nuestros pueblos.

Pero considero que carece y se aleja de tratar de establecer una ideología manipuladora, como todas las actuales.

No muestra interés por los asuntos relacionados con ella, pero explica con un lenguaje sencillo, alejado de toda sofisticación altruista, cómo podría llegar a concebirse la tan anhelada paz.

Esto que he leído, como todo lo que leo, me ha dado una gran idea momentánea, que seguro estará plasmada en uno de mis libros. Por ahora te envío un mensaje que quiero expresarte, para apoyar esta labor meticulosa de unir los pueblos, a través de un mensaje de amor y esperanza:

El país de mis sueños,

Es un país simple,

Un país libre de causas injustas,

De gobernantes incautos y que no saben manejar los recursos,

Libre de esclavitud que produce la televisión y los bancos,

Democrático, muy ajeno a los amañados próceres que buscan la claudicación definitiva,

Un país libre de tanto impuesto,

Sin tanta atadura y grilletes, que no te dejan salir del mismo círculo de pobreza.

Un país de respeto al voto en blanco,

Que no tenga clasismo, ni racismo,

Con cero desigualdades.

Un país sin tanto humo,

Sin la contaminación que se dispersa entre sus habitantes,

Y se multiplica como la corrupción.

Un país que aprovecha sus riquezas para autoabastecerse,

Lleno de árboles,

Sin pobreza, sin hambre, sin sed.

El país de mis sueños no tiene armas, no tiene cuchillos, no tiene balas.

Libre de armas,

Por supuesto, sin armas,

Armas que no hablen,

Pues porque nadie quiere escucharlas,

Porque cuando estas hablan,

Solo producen dolor y muerte.

Uno no puede negar quién es,

Uno no puede negar quién es por siempre,

Por ello sal de tu conformismo y ve a luchar por tus sueños y por tu paz,

Lucha por tu libertad.

Este gran país latinoamericano es el tuyo, el mío, del vecino, del extranjero,

Todos somos uno solo,

El mismo ser humano,

Un solo Dios.

Tal como tu invitación,

Me declaro un apolítico más.

Y apolítico no es sinónimo de antisocial,

Podría ser de pronto su antónimo.

Apolítico es un ser muy social,

Un ser preocupado por el otro,

Comprometido con el ser,

Me declaro un apolítico más.

Lo reitero nuevamente multiplicado por mil veces,

Me declaro un ser comprometido con el otro,

Con sus sueños y realidades,

Me declaro un ser libre de pensamiento,

Sin el concubinato en que vivimos,

Sin la somnolencia que padecemos ante el dolor del otro.

Debemos reivindicarnos con la causa justa,

Con nuestra Apolítica,

Creando una nueva razón social,

Así como cuando nacemos, sin partidos,

Donde no prevalezca ningún nombre, ni apellidos,

Donde solo se hable de igualdad, de prosperidad.

Un gobierno latino,

Una sola estrategia para nuestros pueblos,

Una sola revolución de prosperidad y de armonía.

Tal vez sea el mejor de mis sueños, el más anhelado.

Hoy tú lo mereces todo, Alberto Aldemar. Muchas gracias por esta gran iniciativa.

J. Cortázar

07 de enero de 1977, París, Francia.

De pronto se me ocurrió retirar la foto del libro e ir a mostrársela a don Isidro, para que me confirmara si alguno de los señores que aparecían en ella, era Alberto Aldemar, quien le había entregado el mapa del túnel, puesto que al parecer tenía un perfil mucho más alto que el de un simple profesor universitario, como lo había descrito don Isidro.

Me fui corriendo a buscar el orificio por donde había entrado con dificultad y, vaya sorpresa, comencé a llamar a don Isidro y este no contestó.

—¡Don Isidro, Isidro! —grité con fuerza.

—¿Dónde estás? —concluí con tono de desespero.

Pensé muchas cosas en ese momento, inclusive que quizá le hubiera dado un paro cardíaco o algo parecido. Él me había dicho que me iba a esperar.

Al instante escuché unos ruidos muy fuertes. De inmediato traté de sacar la cabeza por el orificio para visualizar hacia dentro del túnel y percatarme de lo que estaba ocurriendo. Alcancé a divisar una persona que venía corriendo y varios perros detrás.

De inmediato me entró un pánico enorme que hizo pasar toda la sangre hacia mi cabeza, y ya no podía meterla de nuevo hacia el lado del museo.

Forcejeé una y otra vez, pero no lo podía arreglar. Estaba atorado, y los perros cada vez los sentía más cerca.

Estos segundos parecieron eternos.

De pronto divisé el primero de los animales, el cual venía corriendo a paso apurado por el interior del túnel.

De inmediato me percaté de que una persona se acercaba corriendo hacia mí, para no dejarse alcanzar del perro.

El susto se me acrecentó, por lo que el pánico ya casi me derrumbó.

La persona me gritó mientras corría: —¡Juan Andrés, Juan Andrés!

La voz de Isayo alcancé a distinguir. Le respondí sin titubear: —¡Aquí estoy, por acá! —le respondí con mucha fuerza.

Seguido, agaché y tiré desde mis piernas para meter la cabeza hacia el interior del recinto, con el fin de que ella pudiera entrar.

—¡Por aquí, por aquí, por aquí! —volví a gritar, ya con la cabeza adentro del recinto.

De inmediato vi el rostro de Isayo, asomada por la pequeña entrada.

—¡Ayúdame, por favor, que me van a alcanzar! —me gritó.

—¡Me están mordiendo! —me gritó con fuerza.

La sujeté del cuello y con rapidez, hasta lograr que ella se incorporara encima de mí de un jalón fuerte.

De inmediato, uno de los perros ya hacía su aparición, tratando de entrar también.

Forcejeamos con el feroz animal, hasta que Isayo, de un pisotón, le alcanzó una de sus pezuñas y este retrocedió.

Los animales —ya sumaban tres en total— ya querían entrar todos al mismo tiempo, lo que impedía el paso definitivo de alguno de ellos.

Latían ferozmente. Con toda la voluntad posible.

Isayo se puso de pie y ambos pudimos, de manera rápida, correr una de las vitrinas que estaban al lado de la pared, lo que impidió ya el paso de los caninos hacia dentro del museo.

—Me alcanzaron a morder —se agachó, levantándose un poco el pantalón que tenía puesto.

—Estás sangrando —le dije al observar la sangre que se desbordaba desde más abajo de las rodillas, hasta sus pies descalzos.