Capítulo 53
Sol
Cuando por fin recordó desactivar el modo avión de su móvil a la mañana siguiente, se encontró un par de mensajes de voz de Luke, con su característica aspereza seductora, invitándola a una fiesta en su casa esa misma tarde.
También recibió un mensaje de texto de alguien a quien había conseguido sacar de su cabeza durante días.
El aburrido
Esta mañana me han despertado a las cinco los de tu empresa de mudanzas. Se han llevado todas tus cosas pero me han hecho pagar a mí el servicio.
Sol sonrió. Estaba segura de que aquello había sido obra de Laia. Su amiga sabía que Sol tenía todavía algunas pertenencias que no había logrado recuperar tras el divorcio de David —principalmente libros, pero también objetos decorativos y algo de mobiliario.
El Aburrido
¡Se han llevado cosas mías!
Sol lo dudaba muchísimo. Estaba convencida de que Laia les había dado instrucciones precisas sobre qué debían coger y qué dejar, las mismas instrucciones que Sol había compilado tres años atrás mientras intentaba recuperar parte de sus cosas.
Aunque habría sido más satisfactorio vengarse ella misma, Sol estaba perfectamente feliz.
Si había algo que había aprendido a hacer bien con la edad era a aceptar las constantes ofertas de ayuda de sus amigas.
El aburrido
Exijo una explicación y una compensación. Llámame con urgencia.
Ella le escribió un único dato: el número de teléfono de Victoria Sifuentes. No le había encantado su abogado de divorcio, pero le fascinaba cómo Victoria estaba gestionando todo lo de Voyeur.
La historia que relacionaba a Sol con el caso Meshflixx sería retirada de su web tras admitir públicamente que no tenía fundamento y estaban negociando un acuerdo por el que Sol recibiría una indemnización económica.
Victoria estaba puliendo los detalles, pero parecía que sería suficiente como para que Sol no tuviera que preocuparse por volar en clase turista en un futuro próximo.
Y, aunque Victoria no fuera abogada matrimonialista, Sol estaba convencida de que no le importaría lidiar con David cobrando su tarifa habitual.
Después de eso, Sol bloqueó el número de David en su móvil para siempre.
Lo único que le quedaba ahora era agradecerle a Laia que se hubiera vengado de David por ella y de una manera tan idónea.
Le compraría un vino catalán caro o un aceite de oliva —o ambos—y Sol podría prestarle a Luke para futuras tareas de canguro si lo necesitaba.
Había oído que la noche anterior él había hecho un trabajo medio decente leyéndole Ada Twist, Scientist un récord de veinte veces a Paula y logrando hacer voces distintas casi cada vez.
···
Luke no le había dado mucha información sobre la fiesta, aparte de que empezaba a las siete.
Si había una ocasión para la que Sol jamás llegaba puntual eran las fiestas, donde prefería llegar veinte minutos tarde.
Intentó seguir sus normas habituales esa tarde y, aun así, tenía la sensación de que sería la primera en llegar—la gente de treinta y tantos tenía cosas mejores que hacer que presentarse temprano o incluso llegar “elegantemente tarde”.
Y, por algún motivo, ese presentimiento la incomodaba.
Nunca había estado en casa de Luke y aquella noche iba a conocer a varios de sus amigos.
Le preocupaba ser la más mayor y la menos cool , por lo que renunció a uno de sus clásicos vestidos negros y optó por su par favorito de pantalones anchos de Lurdes Bergada y un top asimétrico que dejaba media cintura al descubierto para lograr un look punk-rock.
Llevaba un par de botellas de Montsant y esperaba que eso bastara para caer bien.
Se aseguró por última vez de que estaba en la dirección correcta y miró la hora en su pulsera de actividad: 19:07. Maldijo su incapacidad para llegar tarde a ningún sitio aunque lo intentara y llamó a la puerta de Luke.
Él abrió casi de inmediato, ya sonriendo, con sus ondas en perfecto desorden calculado, una camiseta deportiva sin mangas pegada al pecho y mucha piel sudada a la vista.
—¿Acabas de volver de correr? —preguntó ella, incrédula.
—Me temo que sí, pero pasa —dijo, haciéndola entrar al minúsculo estudio—. Contaba con que todo el mundo llegaría tarde, pero daba por sentado que tú vendrías pronto.
—¿Ah, sí? —lo examinó de arriba abajo, fijándose de nuevo en la ropa de deporte y el sudor.
—Quizá no tan pronto —concedió él, con una sonrisa traviesa—. Voy a ducharme rápido, pero siéntete libre de curiosear. Aunque esto es básicamente todo. En cuanto pones un pie aquí, lo ves todo. Lo único que puedo enseñarte aparte es el baño y la cama abatible.
—Vale.
Ella inspeccionó cada detalle del estudio pequeño pero lleno de luz: desde el sofá KLIPPAN gris de IKEA, que reconoció porque había tenido el mismo modelo minimalista a finales de sus veinte, hasta el póster enmarcado de Luz de luna con Cybill Shepherd y Bruce Willis llevando una camiseta blanca con el texto “Medicate Me”.
—Voy a la ducha —anunció Luke, como queriendo asegurarse de que ella aceptaba quedarse sola allí.
Sol le recorrió los brazos y los hombros desnudos con la mirada.
—Te acompaño, si no te importa la compañía.
—Estaba deseando que quisieras unirte —dijo él con una sonrisa descarada—. Puede que le haya dicho al resto que la fiesta empezaba después de las ocho…
Sol acortó la distancia y lo besó. No le importaba que estuviera pegajoso, ni que su habitual toque de olor a madera ahumada estuviera teñido de notas más salinas y sudorosas.
—Pero no sabes lo pequeña que es esa ducha —advirtió él.
Ella le quitó la camiseta mientras seguía besándolo con urgencia: primero los labios, luego el cuello, la clavícula, el pecho, los pezones. Estaba más salado que nunca.
Prácticamente acabaron cayendo en el cuarto de baño.
Ella intentó deshacerse de los pantalones cortos de correr de él, pero el forro interior se pegaba a su piel sudada y Sol gruñó, frustrada, obligándole a hacerlo él mismo.
Ella se despojó también de su top y de los pantalones, dejándolos en el suelo donde se arrugarían. Apenas se reconocía. Estaba necesitada.
Le gustaba esta nueva Sol y Luke parecía aún más encantado con ella. La miraba —su rostro encendido, su pelo revuelto, su cuerpo— con unos ojos voraces. Se acercó y le mordió el lóbulo de la oreja.
—Estás tan jodidamente sexy ahora mismo —le dijo con un gruñido que ella sintió entre las piernas.
Sol se sentía sexy llevando solo un bralette negro y unos panties cheeky .
Pero incluso eso le parecía demasiada ropa cuando tenía la erección de Luke dura contra su cadera.
Él le recorrió la clavícula y el escote con la boca.
Ella le ayudó a desabrochar el bralette y él mordió uno de sus pezones con avidez.
Sol no sabía de dónde salía toda aquella urgencia. Cinco minutos antes era solo una chica— no, no una chica —una mujer llegando temprano a una fiesta. Ahora necesitaba que este sexo en la ducha fuera rápido y absolutamente placentero.
—¿Has traído alguno de tus juguetes? —preguntó él, como si le hubiera leído la mente. Ella siempre era desesperadamente impaciente.
Él seguía jugando sin piedad con su oreja y su pecho cuando formuló la pregunta y Sol apenas pudo emitir una respuesta. Soltó un sonido primario que significaba que no había traído nada.
—Entonces tendremos que tomárnoslo con un poco más de calma —murmuró en su oído, claramente complacido—. Y tirar del dirty talk .
Sus labios descendieron por su cuerpo mientras él la levantaba del suelo y la sentaba en el borde del lavabo.
—Puede que sea un poco incómodo —le dijo, besándole el abdomen y luego el hueso de la cadera—. Estrecho —añadió, separándole más las piernas—. Y caliente —rozó su clítoris con la lengua—. Pero delicioso.
Sol arqueó la espalda de forma automática, respirando con dificultad.
Él la lamió, la besó, la bebió. Si Sol hubiera podido formular pensamientos completos, habría admitido que él estaba actuando con la misma eficacia que su succionador favorito.
Y ella había investigado mucho antes de comprar el mejor del mercado.
Ese aparato había causado furor entre la gente con clítoris—¿o era clitorises?
Luke añadió dos dedos, deslizándolos dentro de ella y Sol supo que no aguantaría mucho más.
—Luc… —intentó decir, pero no logró articular nada más.
Él continuó sin tregua, con su boca en ella, sus dedos dentro, hasta que Sol estalló en un placer severo, intenso, exquisito. Su succionador no tenía eso: la capacidad de sorprenderla.
Él solo volvió a mirarla cuando la respiración de ella volvió a ser algo más regular. Rozó los labios con los suyos y Sol se saboreó a sí misma en su aliento salado. Quería decir algo, pedirle que se apiadara de ella. Lo quería. No, lo necesitaba , todo. Ya.
—Dentro —ordenó.
—Me encanta cuando te pones mandona —dijo él, con la misma sonrisa satisfecha que tenía desde que ella anunció que se metería en la ducha con él.
—Ahora.
Él cedió y alcanzó detrás de ella, en el armario sobre el lavabo, para coger unos condones. Ella se los quitó de la mano.
— Deixa’m —ordenó y abrió el envoltorio de uno de ellos.
Envolvió el condón en su erección, sintiéndolo en su mano.
Él la levantó otra vez, las piernas de ella rodeándole la cintura y los hizo descender hasta sentarse en la tapa cerrada del inodoro. Ella ni siquiera lo pensó y lo tomó entero de una vez.
Sus movimientos se volvieron más bruscos y urgentes.
—Me estás enganchando —confesó ella.
—¿A qué?
—A follar contigo —dijo, en pura agonía sensual.
—Soy adictivo —susurró él, tan jadeante como ella. Otro mordisco en el pezón la dejó sin aire.
Sol sintió cómo el orgasmo volvía a construirse y lo persiguió, empujando contra el cuerpo de Luke. Se escuchó gemir—gritar— con el climax, sin una sola preocupación que enturbiara el placer.
—Joder —dijo ella cuando sintió el orgasmo de él dentro.
—Joder —repitió él, acariciándole el rostro y recogiendo un mechón de su pelo detrás de la oreja izquierda—. Y ni siquiera hemos llegado a la ducha todavía.