Capítulo 51
Luke
Luke había ido directamente a Meshflixx después de la charla con Philippa y de una visita a la oficina de Voyeur que había confirmado que el guion de The Privateers les había llegado de forma anónima.
Divya estaba lidiando con parte de las consecuencias en T&T después de que él coordinara el comunicado en el que se desvinculaba a Sol del embrollo de Meshflixx.
Luke también le había pedido a su compañera que llamara a Moon por él y que consiguiera que le responsable creative organizara una conversación con Bryana Daniels.
Cuando llegó a Meshflixx, Luke se registró en recepción y le dijeron que Bryana le estaba esperando.
La encontró junto a las puertas del ascensor, en la última planta del edificio.
Ella le indicó que la siguiera y lo condujo a una de las salas diáfanas de reuniones de la empresa.
Se sentaron uno frente al otro en una mesa redonda transparente antes de que Bryana empezara a hablar.
—Así que crees que has averiguado quién robó el guion —dijo finalmente.
—Sí —admitió Luke.
Hubo otro silencio, pero Luke esperaba que no fuera difícil conseguir que Bryana hablara. Ya había aceptado verle. Había sacado ella misma el tema del guion robado. Y él casi podía ver su disposición a explicar cómo había ocurrido todo. Solo necesitaba un poco más de estímulo.
—Desactivaste temporalmente la wifi aquí el 23 de febrero, obligando a tu hermana a llevarse una copia física del guion.
Oliver Green sacó el guion de la taquilla de tu hermana y lo metió en el bolso de Sol Novo.
Más tarde, tú fingiste ser Sara y te aseguraste de encontrarte a Sol en el metro, donde sacaste el guion de su bolso —intentó ser lo más directo posible.
—¿Y exactamente por qué iba a hacer algo así? Sobre todo teniendo acceso al guion en todo momento y ninguna necesidad de montar una estratagema como la que describes.
—Confiaba en que fueras tú quien me dijera por qué —respondió él con su mejor sonrisa profesional.
···
Luke vio a Sol erguida con absoluta elegancia junto a uno de los arcos de ladrillo de su punto de encuentro.
Llevaba uno de sus vestidos oscuros y elegantes y las mismas alpargatas que él le había visto en Barcelona.
Su melena corta estaba ligeramente revuelta, llevaba unas gafas de sol enormes y parecía majestuosa.
Y lo mejor de todo: no había escolares a la vista.
— Hola —le sonrió Sol cuando Luke se acercó.
— Ciao, bella —dijo él antes de que se besaran y, durante varios minutos, ambos perdieran la noción del entorno—. ¿Guío yo esta vez? —preguntó al fin.
Ella accedió, aunque él sabía que a Sol le gustaba llevar la iniciativa. Le cogió la mano y la dirigió en dirección opuesta al río, avanzando hacia el Borough Market.
—¿Vas a contarme qué pasó con Bryana? ¿Fue ella quien cogió el guion?
—Sí —dijo él—. ¿Quieres saber cómo lo averiguamos Divya y yo?
—Aparte del hecho de que Sara Daniels parecía estar en dos sitios a la vez el día del robo y resulta que tiene una hermana gemela idéntica?
—Aparte de eso, sí —dijo él.
—Me estoy impacientando —le advirtió Sol.
—He estado perdidísimo en esta investigación porque me has distraído muchísimo —empezó él, deteniéndose bajo las vías del tren en Stoney Street, junto a una de las entradas del mercado.
—¿Te distraigo?
—Profundamente.
La miró y ella pareció luchar por encontrar una respuesta. Era extrañamente entretenido verla pelearse consigo misma para encontrar las palabras, especialmente después de un halago. Casi no sabía cómo encajarlo.
—Volvamos al caso y ya trataremos el asunto de la distracción en un sitio menos concurrido —dijo ella, bajándose ligeramente las gafas para mirarlo directamente a los ojos.
—Claro —sonrió él, retomando la caminata—. Esta mañana, después de salir de tu casa, pasé por las oficinas de Voyeur y hablé con un par de personas. Me dijeron que no habían pagado por el guion de The Privateers , aunque les proporcionara muchísimo tráfico. Quien robó el guion no buscaba dinero.
—¿Y eso es peculiar?
—Ese detalle, combinado con tu encuentro en Charing Cross, señalaba a Bryana. Pero no fue hasta que hablamos con Philippa y ella corroboró tu versión…
—Sigo sin entender por qué mi versión necesitaba ser corroborada.
—Nunca dudé de ti —le dijo con su mejor sonrisa.
Esperaba que ella no hiciera un drama de eso, pero la verdad era que se estaba volviendo adicto a sus discusiones. Y la realidad: sí había dudado de ella, brevemente y contra su instinto.
—El día del robo, Bryana llamó a Josie haciéndose pasar por Sara y le pidió una rutina concreta para añadirla a lo que Josie ya tenía preparado.
Eso fue lo que hizo que la clase se alargara y te obligó a coger el metro.
Sara fue a clase empujada por su hermana, sin saber de la petición de Bryana.
Oliver cogió el guion del bolso de Sara y lo metió en el tuyo. Y Bryana lo recuperó en el metro.
—¿Por qué?
—Bryana no estaba contenta con las notas de Meshflixx —explicó Luke—. Querían que mataran al contramaestre para desarrollar una segunda serie con él, la precuela de la que me habló mi jefe.
—¿No era más fácil hablar con Meshflixx? ¿Montó todo esto con la esperanza de qué?
—Con la esperanza de que los fans leyeran el guion resultante de las notas de Meshflixx, protestaran por la muerte del personaje y eso hiciera que el estudio dudara de la decisión.
—¿Sara sabía algo de todo esto?
—No. Las hermanas habían discutido. Bryana estaba molesta porque veía a su hermana como demasiado blanda, cediendo a todas las exigencias del estudio.
Bryana no quería matar al contramaestre ni quería hacer una segunda serie.
Fue ella quien dijo que no podía trabajar en dos series a la vez en el artículo que me enviaste hace unos días.
Pero a Sara no le importaba trabajar en varios proyectos a la vez, al parecer.
—¿Y Bryana te ha contado todo esto hoy?
Luke se encogió de hombros.
—Estaba deseando sincerarse, dado que a nadie parecía importarle.
Meshflixx no denunció el robo a la policía.
Aceleraron la investigación privada y ella temía que la huelga de guionistas obligara a que algunos de los cambios que quería no se hicieran.
Cree que se van a quedar con el guion filtrado, aunque los fans estén furiosos.
Por eso decidió sacar a la luz el vídeo de las cámaras de seguridad ahora, para intentar que la gente se indignara otra vez.
Sol frunció el ceño.
—¿Y cómo logró Bryana montar todo esto? ¿He sido siempre daño colateral?
—Sí. Bryana y Oliver sabían que estarías en el estudio de Josie ese jueves porque siempre vas los jueves. Sabía que tendrías que coger el metro porque se aseguró de que la clase terminara tarde. Y sabía que siempre cenas a las siete y media los jueves y odias llegar tarde.
—Mare meva, ¿soy tan previsible?
—Eres fiable —intentó tranquilizarla.
—¿Y por qué el metro?
—La cobertura de cámaras de seguridad es mejor en las calles que van del estudio de Josie a Charing Cross que en tu ruta habitual a pie.
—Y siempre hago la misma maldita ruta a casa —dijo ella—. ¿Pero por qué yo, aparte de mi aversión a llegar tarde y lo aburrida que soy?
—Chivo expiatorio perfecto: todo el mundo sospecha de la periodista. Y además, no le gustó la crítica que hiciste de su primera serie.
—¿Qué? ¡Si me encantó esa serie!
—Bryana dijo algo sobre un titular de mal gusto —explicó Luke.
—¡Ese titular lo escribió mi editor! He estado en el purgatorio toda la semana y todo por mi pésimo gusto en editores.
—Por suerte, tienes un gusto excelente en detectives privados.
—Eso sí —dijo ella, mirándolo. Parecía que tocaba exhibición mediterránea de deseo en público, pero antes de actuar, algo le vino a la cabeza—. Me acabo de dar cuenta de que la mejor clase de Josie hasta la fecha también fue el resultado de una petición nefasta de Bryana Daniels.
—La fascinación que tenéis tú y el resto de la gente de Josie con esa práctica sigue desconcertándome —dijo él, riendo—. Philippa ha intentado convertirme al camino del pilates esta mañana.
—Lo sé. También me han dicho que no ha habido suerte.
—Digamos que ahora que por fin he descubierto cómo seducir a la practicante de pilates más sexy que he conocido, ya no necesito fingir que me importa —le encantó verla sonrojarse—. Ahora bien, ¿me gritarás si te digo que siento el daño que mi antigua agencia le ha hecho a tu nombre?
—¿Por qué iba a enfadarme porque te disculpes? —dijo ella, antes de que su expresión cambiara—. ¿Antigua agencia?
—He dimitido esta mañana —dijo él—. Quiero decir, probablemente me habrían despedido igualmente…
La mirada de Sol se suavizó.
—No voy a gritarte por estar sin trabajo —dijo.
—Sol, hacía tiempo que tocaba. No era feliz y llevaba meses cuestionando algunos —si no la mayoría— de los métodos de la agencia.
—Quieres hacerme creer que no ha sido por mí —dijo ella.
—No ha sido por ti.
La mirada de respuesta que le dio Sol fue severa.
—Vale, no ha sido solo por ti. Pero ¿de verdad crees que podría quedarme en un sitio que ha intentado arruinar tu reputación?
—Al menos dime que tienes algo ahorrado o un plan B o algo y que no vas a acabar en la calle por mi culpa —dijo ella, realmente preocupada.
—Por suerte, aún podré pagar el alquiler —dijo él. A esas alturas de la tarde, tenía una idea de lo que le deparaba el futuro y las perspectivas parecían moderadamente optimistas—. ¿Entonces no estás enfadada conmigo?
—Claro que no estoy enfadada. Incluso te invitaré a una copa, si te apetece…
—Por qué no. He oído que hay un buen bar de tapas no muy lejos de aquí —dijo él, guiándolos hacia Bermondsey Street.