Capítulo 47
Sol
Sol estaba dándose un baño largo y supuestamente relajante con la intención de olvidarse de todo lo que estaba pasando en su vida. La actividad empezaba a parecerle un desperdicio de agua cuando, de repente, cayó en la cuenta.
Nunca se había encontrado ningún guion misterioso dentro de su bolso aquel día al llegar a casa. Pero Sara había mostrado mucha admiración hacia él en el andén del metro. Quizá demasiada admiración, teniendo en cuenta que no era más que un enorme bolso de lona gris.
Cogió el móvil para mandarle un mensaje a Luke desde la bañera. La actividad le pareció de lo más sexy.
Sol Novo
Creo que Sara debió de coger el guion de mi bolsa cuando “nos encontramos” en el metro. Tampoco creo que ese encuentro fuera casual
Volvió a editar el contacto de Luke en su teléfono, dio un sorbo a su taza de té, que aún seguía tibio y pensó que debería hacer aquello del baño largo y potencialmente relajante más a menudo. Lástima no haberse acordado de llevarse el libro al baño. Entonces vio el mensaje de Luke.
Luke (Experto en té)
Estoy vigilando al de los donuts pero mi compañera Divya Bakshi te va a llamar ahora mismo
Puedes confiar en ella
Apenas había tenido un par de segundos para leer los mensajes de Luke cuando recibió una llamada de un número desconocido y contestó.
—¿Hola? —dijo con cautela. ¿Y si era otro pesado de Voyeur intentando sacarle una cita? Desde el día anterior estaba filtrando las llamadas entrantes con aún más celo del habitual, dejando que todos los números desconocidos pasasen directamente al buzón de voz.
—¿Sol Novo? —preguntó una mujer con un marcado acento de Mánchester—. Soy Divya, Divya Bakshi. Luke Contadino te ha dicho que te llamaría, ¿verdad?
—Sí —respondió Sol, aún insegura con toda aquella situación.
—Por desgracia, él está ocupándose de una vigilancia inútil para que nuestros jefes puedan cobrarle un dineral a unos clientes ricos —dijo Divya. Encajaba con lo que Luke le había contado antes sobre su agencia—. Pero me ha pedido que te llame y te haga un par de preguntas.
—Ya veo.
—¿Es un buen momento para hablar? —preguntó Divya. Sol tuvo que admitir que aquella detective parecía tener olfato.
—De hecho, ¿puedo silenciar un momento el teléfono mientras atiendo una cosa?
—Adelante.
Sol puso el móvil en silencio, salió de la bañera y se envolvió en un enorme albornoz de algodón orgánico mientras se secaba el pelo mojado con una toalla.
—Vale, ¿qué necesitas preguntarme? —le dijo por fin a Divya desde su despacho, aún envuelta en toallas.
—Vamos a ver si tengo claros todos los detalles. El día del robo, fuiste a coger tu bolso pero la taquilla estaba abierta. Como era tarde, optaste por una ruta distinta a la habitual y caminaste hasta la estación de metro. ¿En algún momento notaste algo raro dentro del bolso?
—¿Algo tipo un guion de televisión? —dijo Sol—. No. Pero, como ya le he dicho a Luke, siempre llevo papeles encima porque soy…
—Anticuada y analógica, sí, lo ha mencionado —dijo Divya.
—¿Me ha descrito como anticuada y analógica?
Quizá Luke se había dado cuenta de lo mayor que era Sol.
—No, ha dicho que tú te habías descrito así. ¿Quiere que te cuente cómo te describe él?
Aquella detective realmente sabía leerle la mente… ¡por teléfono! Parecía saber lo que hacía.
—No. Dejaré que sea él quien lo haga —dijo Sol, intentando, sin lograrlo del todo, sonar despreocupada.
—Ya veo —respondió Divya y Sol casi pudo escuchar la sonrisa en su voz—. ¿Qué ocurrió cuando llegaste a la estación de Charing Cross?
—Estaba esperando al metro y vi a Sara de pie a mi lado en el andén. La saludé porque soy educada.
—¿Fuiste tú quien se acercó primero?
—Sí. Habría sido raro no hacerlo. ¿Luke ha hablado de mi mediterraneidad?
—Lo ha hecho —contestó Divya, casi demasiado formal. Sol quiso preguntarle por los detalles, pero se contuvo—. ¿Y después?
—Charlamos un poco hasta que Sara comentó lo precioso que era mi bolso y me pidió probárselo.
—¿Te pidió probárselo?
—Estaba buscando algo lo bastante grande como para llevar todas sus cosas de trabajo y de gimnasio, pero ella es más bien… no la más grande precisamente —más baja y claramente más delgada que yo— y quería asegurarse de que no iba a parecer ridícula con un bolso tan enorme como el mío.
—Entiendo. ¿Y se lo dejaste?
—Claro.
—¿Y en ese momento no pensaste nada raro?
—A ver es que es fabuloso. Es de un estudio de diseño de Florida. Todos sus productos se hacen con unos estándares de calidad altísimos y se fabrican en Estados Unidos. Además, se puede lavar a máquina y es hidrófugo. Si quieres, puedo mandarte el enlace a la web.
—No hace falta —dijo Divya. Sol no pudo evitar pensar que la detective era muy profesional y poco fashionista —. Entonces, ¿Sara podría haber cogido algo de tu bolso mientras se lo probaba?
—Supongo que sí. No es que la estuviera mirando fijamente para asegurarme de que no me robara nada. Probablemente estaba más pendiente de ver si llegaba el metro.
Divya hizo un sonido pensativo.
—Tengo una noticia ligeramente mala. Por favor, no te enfades, porque seguro que tiene una explicación totalmente razonable. Aunque todavía no la hayamos encontrado.
—¿Para qué necesitas una explicación totalmente razonable?
Sol era consciente de que había subido un poco el tono de voz.
—Para tu encuentro en Charing Cross —dijo Divya, aún perfectamente tranquila—.
Sara Daniels nos ha llamado a Luke y a mí hoy.
Llevábamos días intentando hablar con ella.
Dice que jamás cogió el metro el 23 de febrero y que, por tanto, no se encontró contigo en el andén.
Según ella, salió del estudio de Josie a las seis y media, entonces se dio cuenta de que el guion no estaba en su bolsa, pero en ese momento no le dio demasiada importancia, cogió un Uber y fue directa a casa para seguir trabajando. Claro que puede estar mintiendo.
—¡Tiene que estar mintiendo!
—Ha ofrecido enviarnos el recibo de Uber. Aunque todavía no lo ha hecho.
—¿Sigues ahí? —preguntó Divya tras unos segundos de silencio.
—Estoy sin palabras —admitió Sol. Nunca en la vida se había imaginado pronunciando esa frase.
—Pasa —dijo Divya. Su aplomo resultaba reconfortante.
En cierto modo, era más fácil hablar con ella porque había mantenido la calma en todo momento, a diferencia de Luke, que era mediterráneo hasta la médula, aunque no siempre lo admitiera—.
Mira, estamos intentando aclarar esto. No te preocupes y deja que nos ocupemos los profesionales.
—¿Cuándo se dio cuenta ella de que habían robado el guion? —preguntó Sol. Iba a dejar que los profesionales hicieran su trabajo, pero necesitaba entender qué había pasado—. Ha dicho que se dio cuenta de que faltaba en el estudio, pero aun así se fue a casa.
—Supongo que confiaba en encontrarlo allí y, una vez en casa, llamó a su oficina en Meshflixx.
Su enlace creative le dijo que el guion tampoco estaba allí y entonces empezó a pensar que quizá lo había extraviado y se puso nerviosa —explicó Divya—.
Pero Sara dice que no se dio cuenta de lo que había pasado hasta que el guion apareció en internet horas después.
—Vale.
—Hay otra cosa. Luke me ha dicho que puede que te enfades si saco el tema…
—Suena prometedor —Sol no acertaba a imaginar de qué podía tratarse.
—Dice que le has asegurado que Josie no podía estar implicada de ninguna manera porque eso pondría en peligro el estudio —dijo Divya.
—Ajá. Eso y que Josie no es el tipo de persona que roba.
—Hemos estado investigando. Hace un par de meses estuvo a punto de vender el negocio.
—¿Qué?
Lo último que Sol necesitaba en aquel momento era que el estudio de Josie cerrase o cambiase de algún modo.
—Al final no lo hizo, pero nos preguntamos si necesitaba dinero y encontró otra manera de conseguirlo. ¿Ha insinuado alguna vez que estuviera pensando en vender o que las cosas iban justas?
—Nunca. Es una persona muy reservada. No habla de su vida personal con los clientes. Es un poco un misterio para todos y creo que eso contribuye a su aura —dijo Sol—. ¿Y estáis seguros de que no está vendiendo ya?
—Creemos que no —respondió Divya—. Pero también está el hecho de que fuera ella quien hizo que la clase se alargara ese día. Aunque nos hayas contado que normalmente es súper puntual.
—Sigo pensando que no tiene sentido que Josie sea la ladrona.
Literalmente, lo último que necesitaba Sol en aquellos momentos era que su rutina de ejercicio perfectamente diseñada se alterase lo más mínimo.
Luego cayó en la cuenta de que en realidad tenía problemas más urgentes y se obligó a dejar de entrar en pánico por lo que podía considerarse una nimiedad.
—Ahora ya tienes mi número —le dijo Divya—.
Si recuerdas algo más, si quieres una actualización o incluso si solo te apetece hablar, puedes llamarme.
Por supuesto también puedes llamar a Luke, pero las dos sabemos que él puede ser un poco dramático a veces.
Así que a mí puedes llamarme para la versión sin drama.
—Gracias. Le estáis dedicando mucho tiempo a esto —dijo Sol con auténtica emoción.
—Nos sabe mal que estés en esta situación por la incompetencia de nuestra agencia. Somos mejores detectives que esto.
···
Decidió hacerle caso a Divya y dejar la parte de investigación del lío en el que estaba metida a los detectives privados. Pero eso no significaba que ella no pudiera hacer nada. Iba a hacer todo lo posible por restaurar su maltrecha reputación. Tenía que controlar al menos ese aspecto de su vida.
Seguía llevando puesto el albornoz y ni siquiera se había tomado la molestia de secarse el pelo, un descuido estético que solo se permitía cuando estaba de vacaciones en la playa, pero estaba satisfecha con lo que había escrito desde que había colgado el teléfono.
Leyó una vez más el borrador, esta vez en busca de posibles erratas y pulsó el botón de publicar.
Cuando la entrada estuvo activa en la plataforma de publicación digital escogida, Sol copió el enlace al post y lo pegó en un mensaje en su cuenta de Twitter que decía: “Por si queréis saber lo que pasó realmente en esa entrevista con Richard Fynn. TL;DR: él no quería hablar de Revengers . Ah y yo no robé ningún guion”.
Lo que realmente ocurrió en mi entrevista con Richard Fynn
Nunca leerás estos detalles sobre los entresijos de Hollywood en los medios tradicionales. Y no, no robé ningún guion.
POR SOL NOVO
¿Qué haces cuando un director te suelta un “No es que tuviera demasiada opción” cuando —al inicio de una entrevista— le das las gracias por dedicarte tiempo? Te lo tragas y pasas a la siguiente pregunta.
¿Qué haces cuando ese mismo director continúa diciendo que la parte promocional de hacer una película es “el acto vacío y sin alma de intentar caerle bien a gente como tú”?
¿He mencionado que estaba comiendo cuando llegué a la suite del Four Seasons donde tenía lugar la charla y que ni se molestó en cerrar la boca —o limpiársela— mientras hablaba?
No sé por qué el cineasta Richard Fynn no quería estar allí durante el día de promoción de su secuela Revengers Reunite Redo , que se estrena el 5 de mayo.
“¿Qué les importa a los fans mi regreso?”, me dijo cuando le pregunté qué le había llevado a volver a la icónica franquicia.
Parecía ajeno a los motivos por los que Revengers ha sido tan popular a lo largo de los años.
“¡Ni puta idea!” fueron sus palabras textuales cuando le pedí una explicación.
También insistió una y otra vez en su aversión no tanto hacia mí como hacia los periodistas en general, refiriéndose a nosotros como “la gente como yo…” y criticando nuestra supuesta necesidad de “sobreanalizar cada fotograma” de su filmografía.
Se negó a hablar de su larga colaboración con el director Mark Green —juntos hicieron más de veinte películas de acción y aventuras entre los años ochenta y noventa, cuando Fynn aún solo producía y Green dirigía—.
Tampoco quiso hablar de cómo los cambios tecnológicos de los últimos quince años —la primera Revengers se estrenó en 2008 y Revengers Reunite en 2010— podrían haber supuesto un antes y un después en la producción de esta tercera entrega.
Si se vuelven a ver las películas originales ahora, los efectos especiales no parecen precisamente actuales.
Una publicista de la distribuidora, con la que hablé después de la peculiar entrevista con Fynn, me dijo que el cineasta estaba “nervioso” porque la película técnicamente no está del todo terminada. Sea lo que sea que está pasando en postproducción —VFX u otra cosa—, tiene a Fynn incómodo.
“¡Llevo toda la maldita mañana hablando de la película!” fueron las palabras que utilizó cuando decidió cortar nuestra charla —que inicialmente debía durar veinte minutos— antes de tiempo. Abandonó la sala, muslo de pollo frito en mano, y no volvió.
Y eso es, básicamente, lo que ocurrió, según mi memoria —más la reescucha de la grabación de la entrevista y la lectura de mis notas— durante mi reciente conversación con Fynn, que se publicó inicialmente en Conceit Fair pero fue eliminada de su web después de la acusación de “representación errónea”.
Aquí no he tenido que pelearme con veinte editores para que aprobaran, editaran, corrigieran y publicaran este texto. Y, lo mejor de todo: he podido escribir mi propio titular.
Además —y esto no tiene nada que ver con Revengers ni con Fynn— no te creas todo lo que lees en internet, especialmente si lo has visto en Voyeur. No, no robé ningún guion de la segunda temporada de The Privateers que acabó circulando por ahí.
Cerró el portátil y se prometió no volver a mirarlo en lo que quedaba de día. Incluso llegó al extremo de borrar las aplicaciones de Twitter y Mail de su teléfono.