Capítulo 46
Sol
Asistente personal, editora de contenido generado por IA, especialista en relaciones públicas, redactora fantasma de materiales corporativos y—el favorito de Sol—formadora de IA para ayudar a los robots a escribir mejor.
Todas esas profesiones constituían ahora un abanico de oportunidades para ella.
No había realmente ningún motivo por el que no debiera plantearse alguna de ellas como siguiente paso en su vida profesional.
Una cosa estaba clara: todas las señales apuntaban a que necesitaba dar un giro en su vida laboral.
En el pasado siempre había existido la nada atractiva opción de seguir la estela de los miembros de su familia y dedicarse a la gestión patrimonial y a la administración de los activos familiares.
Por muy poco fascinante que sonara, tenía que admitir que la inversión estratégica había solido ser lucrativa para sus parientes…
hasta que sus padres demostraron que también podía ser una empresa arriesgada.
Además de replantearse su gusto por los viajes caros, Sol tenía que averiguar qué hacer en lo referente a aplicar un modelo más sensato a sus gastos. ¿Debería mudarse a un sitio más barato? ¿Iba a verse obligada a vender una de sus dos viviendas?
Seguía perdida en sus pensamientos—y horrorizada ante la perspectiva de tener que empaquetar una casa—cuando sonó el teléfono y Sol vio el nombre de Luke en la pantalla.
Había vuelto a editar su información de contacto.
Él había sido relegado de “Luke (que susurra al oído)” a un muy aburrido, muy básico—y casi sin connotación sexual—“Luke”.
—Ey —respondió, imitando su reciente saludo impersonal. Frío e inexpresivo.
—Ey —replicó él. Fuera lo que fuera que había habido entre los dos, había quedado completamente—y oficialmente—aniquilado con aquella manera de saludarse—. Le he pedido a mi colega Sanjay, de T&T, que echara un vistazo al vídeo de las cámaras de seguridad y parece legítimo.
—¿Qué significa eso? —¿Era malo que realmente no le preocupara aquel dichoso vídeo? Tenía que serlo.
—Significa que no es un deep fake ni nada por el estilo. Eres tú en la calle, saliendo del estudio de Josie con un montón de papeles en el bolso.
—A menos que seas algún tipo de activista ecológico ferviente, llevar papeles encima no es un delito, ¿correcto? —La situación era casi demasiado surrealista para tomársela en serio.
—Me alegra que conserves el sentido del humor —dijo él, sin un ápice de ironía en la voz.
—¿Estás enfadado conmigo ahora mismo?
—Olvidé que eres la única que puede reaccionar de forma dramática.
—¿Lo dices en serio? —estaba a punto de explotar—.
En las últimas veinticuatro horas me han acusado de robar, de representar erróneamente a un gilipollas y—lo que es peor—de no saber escribir un perfil insulso de quinientas palabras.
Lo último que necesito es que me llames, me saludes con un maldito “ey” y me digas que soy una drama queen .
—¿Cómo debería haberte saludado? —preguntó él y la calidez en su voz la ablandó un poco.
—Antes me hablabas en italiano —su voz estaba a punto de quebrarse—. Pero creo que ya no estás interesado en mí de esa manera.
—¿Me creerías si te dijera que, hasta hace dos segundos, pensaba que eras tú la que ya no estaba interesada en mí? —su voz volvió a ser melosa y afectuosa—. Intentaba darte espacio mientras seguía encargándome de todo este lío. Allora, bella. Come posso aiutarti?
—Puedes empezar prometiendo que no volverás a llamarme mate nunca más.
—Vale. Nunca pensé que te pegara. Eres más de cara o regina —dijo con voz grave.
—Vale, centrémonos. ¿Por qué me has llamado, Luca?
Que Sol usara su nombre italiano era señal de que su subconsciente ya lo había perdonado por cualquier mal uso verbal previo.
—Mi colega Sanjay ha procesado la imagen del vídeo de las cámaras de vigilancia publicado por Voyeur —explicó—. Esos papeles de tu bolso sí parecen el guion de The Privateers . Se ve parcialmente parte del título y también una marca de agua con el nombre de Sara Daniels.
A Sol la invadió una rabia que no pudo controlar.
—Primero, vuestra agencia me mete en problemas.
He releído el artículo de Voyeur esta mañana.
Hay una cita de uno de tus jefes diciendo que su investigación les llevaba a pensar que yo era la culpable —se dio cuenta de cuánto estaba gritando solo cuando ya lo estaba haciendo—.
¡Estoy segura de que fue vuestra agencia quien les dio el soplo sobre esta supuesta historia para empezar! ¡Y ahora me dices esto!
—Si me hubieras dejado terminar —logró interrumpirla Luke—, te habría dicho que alguien podría haber puesto el guion en tu bolso a propósito y luego haberse encargado de que te grabaran con él. Pero eres un cliché tan absoluto de mediterránea apasionada que es imposible razonar contigo.
—No sé si eso es un insulto.
Luke
—¡No lo es! —dijo él, casi derrotado.
Llevaba inquieto desde que había vuelto a ver el vídeo esa mañana.
Había contemplado de verdad la idea de que Sol fuera la ladrona del guion por primera vez, a pesar de que debería haberlo hecho semanas antes.
Cuando se trataba de ella, no podía ser objetivo.
Había hecho muchas suposiciones basadas en lo que Sol le había contado.
Pero ¿y si ella había mentido? ¿Y si el supuesto buen olfato de Luke llevaba semanas nublado por la atracción que sentía hacia ella?
—¿Por qué no me contaste lo de la polémica por la IA en The Privateers ? —preguntó por fin. Necesitaba despejar una de las cosas que lo habían estado inquietando para poder descartarla como sospechosa de una vez por todas.
Hubo silencio tras la pregunta. ¿Estaba pensando? ¿Estaba buscando una explicación plausible?
—¿Lo de que los créditos no los diseñó Martha Broch sino un imitador de IA?
Parecía sorprendida.
—Sí, nunca me lo mencionaste.
—¡Porque no me acordaba! ¿Tienes idea de cuántos escándalos y polémicas hay en Hollywood en una sola semana?
—Hablaste de ese en concreto en tu crítica de la serie.
—¿Tienes idea de cuántas de esas escribo al año? —gritó—. ¿De verdad crees que me acuerdo de todo lo que escribo? Ojalá, pero no.
—¿Entonces no estabas ocultando información a propósito?
—¿Por qué habría de hacerlo?
Podía oír la frustración en su voz. Y no pudo evitarlo: la creyó, aunque no estaba seguro de poder confiar del todo en su propio criterio cuando se trataba de ella.
Pero no tenía sentido que ocultara algo así cuando eso le daba a Martha Broch un motivo… a menos que fueran cómplices.
Había algo más que debía preguntarle.
—¿Y estás segura de que nunca has conocido a Leonardo Pascual?
Seguía molestándole haberse topado con Sol en Fortnum & Mason mientras seguía al actor de The Privateers . Podía ser una coincidencia, pero ¿ocurrían esas cosas en una ciudad del tamaño de Londres? ¿Y si Sol y Leonardo se iban a reunir allí por algún motivo?
—A ver, he entrevistado a tantos actores a lo largo de los años que ya he olvidado la mayoría —dijo ella—. Pero créeme cuando te digo que a él no lo olvidaría.
—Ah, sí, irrefutablemente sexy —dijo Luke. Un golpe de celos le borró cualquier otra línea de pensamiento.
—Básicamente eso, sí —respondió ella—. ¿Hemos terminado ya de gritarnos y lanzarnos acusaciones?
—Por favor —dijo él. Una vez más, cuando se trataba de ella, prefería dejar de escarbar cuando intuía que podía encontrar algo desagradable.
—Vale, pase lo que pase hoy—y si ayer es una indicación de algo, hoy podrían acusarme tanto de no saber conjugar un verbo en subjuntivo en castellano como de asesinato—, ¿vendrías esta noche a mi casa y hablamos?
—¿Tinto o blanco?
—¿Qué?
—El vino que llevaré, porque lo vamos a necesitar. No estoy seguro de que el té vaya a ser suficiente—doble sentido incluido. ¿Tinto o blanco?
—Estamos hablando de vino, todas las respuestas valen. Ya lo sabes —la alusión al vino los llevó de vuelta a su primera cena en Barcelona, cambiando el tono.
Hubo un largo silencio en la línea después de eso y él no sabía cómo proceder.
¿Había terminado la conversación? ¿Se estaban despidiendo?
Y, si era así, ¿cuál era la forma adecuada de hacerlo sin que nadie dijera “ mate” o simplemente “ bye” ?
Sol probablemente consideraría eso el equivalente de despedirse con un “ey”, algo inadmisible en su relación, que volvía a tender peligrosamente hacia lo incandescente. Optó por la sinceridad.
—Por desgracia, tengo que seguir siguiendo a un tipo con un gusto cuestionable para los donuts —dijo él.
—¿Lo estás investigando por eso?
—Básicamente. Pero todo el tiempo que pueda rascar, lo dedicaré a tu caso. Y te veré esta noche —hizo una pausa—. Mejor dicho: Ci vediamo stasera, cara .
— Adeu, Luca.