Capítulo 45
Sol
Después de una conversación telefónica con Luke que la había dejado seriamente preocupada por su futuro como periodista —las reputaciones arruinadas no solían prosperar en su profesión—, tuvo que afrontar otra llamada de Fionna Bennett.
Fionna le informó de que, tras una larga charla con el equipo de Fynn, en la que Sol no había participado y de la que ni siquiera sabía que se estuviera produciendo, Conceit Fair había decidido retirar su artículo de la web y cancelar los planes de publicarlo en la edición impresa de la revista.
No solo iban a eliminar su artículo, sino que, dado que Conceit Fair tendría que contratar a otro redactor freelance para cubrir el espacio ahora vacío en el próximo número, Sol no cobraría por su trabajo. Fionna incluso insinuó la posibilidad de no reembolsarle los gastos del viaje a Los Ángeles.
Sol estaba furiosa, además de sentir muchas otras cosas. Si hubiera sabido que acabaría pagando ella misma el viaje a LA, ¡habría reservado un billete en primera clase! En su lugar, había comprado un billete que cumplía las normas de viaje de la revista, ¿y para qué? Para pura incomodidad.
Entonces recordó que estaba sin un céntimo y entró en pánico. Había olvidado lo que era preocuparse constantemente por el dinero y ahora su única fuente de ingresos había desaparecido.
Por si todo eso no fuera suficiente, estaba recibiendo mensajes de odio y correos y comentarios de todo tipo en su mail personal y en sus redes sociales, por parte de fans de Fynn y de Revengers .
Su favorito hasta el momento era un tipo con el usuario @DroidCop99 que la llamó “feminazi ignorante” y argumentaba que las mujeres no deberían escribir sobre películas de acción porque “no las entienden”.
Sabía que tenía que apagar el móvil y el ordenador y salir de casa, pero se sentía tan expuesta y vulnerable que incluso la idea de dar un simple paseo le resultaba abrumadora.
Dudó entre llamar a su madre, a Laia, a Lola, a Laura, a Lali, a Lurdes o a cualquier otra persona cuyo nombre empezara por L, pero desde luego no a Luke, cuando oyó el timbre de la puerta.
Miró la cámara en el móvil, convencida de que serían Fionna Bennett, Christina Jones o algún productor ejecutivo de Revengers Reunite Redo dispuesto a echarle la bronca en persona. Pero era Luke. Fue a abrirle.
—Hola —dijo él cuando abrió la puerta. Ni ciao ni, desde luego, bella en un día tan miserable—. ¿Puedo pasar?
—Claro —respondió ella, algo sorprendida por su brusquedad—. ¿Todo bien?
—No mucho.
La siguió hasta la cocina.
—Si no fuera porque ya he tenido el peor día imaginable y nada más podría ir a peor, estaría preocupada —le dijo Sol mientras ambos tomaban asiento alrededor de la mesa.
Luke evitó ocupar su semihabitual sitio pegado a la esquina junto a ella y se sentó frente a ella.
—Como no sé muy bien cómo explicártelo, será mejor que lo veas —dijo él. Desbloqueó su teléfono y se lo alargó por encima de la mesa—. Dale al vídeo.
Sol vio una grabación en la que aparecía ella saliendo de un edificio que parecía ser el del estudio de Josie.
El vídeo utilizaba la señal de varias cámaras de seguridad y la seguía hasta que se detenía en un semáforo.
La grabación hacía un zoom sobre el gran bolso de fin de semana que llevaba al hombro.
El bolso —que Sol siempre utilizaba para sus incursiones de pilates— estaba medio abierto y parecía contener un montón de papeles.
El vídeo acercaba aún más la imagen, pero no quedaba claro qué eran.
—Lo han publicado en Voyeur hace una hora —dijo Luke—. He venido en cuanto lo he visto. El artículo de Voyeur donde han incluido este vídeo insinúa que los papeles que llevas en el bolso son el guion robado. La grabación parece ser del 23 de febrero.
—¿Qué? —el corazón de Sol se desplomó. ¿Podía empeorar su día?
—¿Sabes qué podrían ser realmente esos papeles? —preguntó Luke.
—¡No! Yo llevo de todo encima, por eso siempre compro bolsos gigantes.
Para algunas cosas soy anticuada y analógica.
Lo imprimo todo: artículos en los que estoy trabajando, recetas, listas de preguntas para mis próximas entrevistas…
o para mi médico. Esos papeles pueden ser cualquier cosa: extractos bancarios, notas de trabajo, una carta del V&A pidiendo una donación…
—Hay algo más —dijo Luke.
—¡No! —Sol se negó a escucharlo.
—No debería ser yo quien te lo dijera, pero tienes que saberlo —continuó Luke—. En el artículo hay una cita de tu exmarido.
—¿¡Qué!? —gritó ella. Creía saber de quién se trataba, pero necesitaba confirmarlo—. ¿Cuál de ellos?
—¿Tu exmarido? —dijo Luke, frunciendo el ceño.
—Hay dos, ¿recuerdas?
—Ah, —cogió el móvil, buscó algo en la pantalla y se lo mostró—. Aquí: David Sparrow.
—¡El desgraciado!
—Sí, eso por supuesto —concedió Luke—. Dice algo sobre que eres incapaz de comprender el concepto de ganarte la vida y que probablemente cogiste el guion por error pero luego quizá lo convertiste en una forma de ganar dinero rápido…
—¡Malnacido! ¡Voy a matarlo!
—No voy a decirte cómo lidiar con tu exmarido —ninguno de los dos —dijo Luke con cautela—. Pero habla con una amiga, con tu familia, conmigo si quieres, pero no llames a David. No se merece la atención.
Sol estaba medio anestesiada por la gravedad de lo que estaba ocurriendo, pero quizá Luke tenía razón. Aunque quisiera matar al maldito David Sparrow y soltarle todas las barbaridades que se le ocurrían, no tenía fuerzas para hablar con él.
—Sé que ahora todo es un desastre —dijo Luke mientras Sol seguía fantaseando con mil formas de vengarse.
—No tienes ni idea de hasta qué punto —respondió Sol.
—¿Ha pasado algo más? Me refiero… además de esto.
—Digamos que he tenido un día horrible en el trabajo.
—¿Peor que el sábado?
—Peor que la mayoría de días. Quizá no peor que la primera vez que me despidieron… ni que la segunda vez que me despidieron. Pero ahí, ahí anda.
—Lo siento, mate .
¿ Mate ? ¿De verdad la había llamado mate ? ¿Eso eran ahora? ¿Ya no medio pareja, ni siquiera amigos, sino simples mates ?
—Decía que sé que todo esto es un desastre —continuó Luke, aparentemente sin darse cuenta de que había rebajado su categoría afectiva—. Pero quiero que sepas que sigo intentando resolverlo.
—Sí, claro. Gracias —dijo ella. Estaba agotada y la presencia de él no ayudaba.
—Creo que debería irme —dijo él, como si le leyera la mente. O quizá realmente no quisiera estar allí. Ella no era precisamente la mejor compañía—. Pero llámame si necesitas algo y vendré. Y te mantendré al tanto del caso. No me olvido de limpiar tu nombre.
—Claro —respondió ella, acompañándolo hacia la puerta.
No estaba segura de qué fórmulas de cortesía intercambiaron antes de que él se marchara. Estaba en shock , solo medio presente y no había conseguido mirarlo a los ojos en toda la visita.
···
Laia la llamó media hora después de que Luke se hubiera ido, nada más ver el artículo de Voyeur. A Sol le vino a la mente el caso de difamación en el que su amiga había estado involucrada un par de años atrás y le pidió el contacto de la abogada que la había ayudado entonces.
—Está acostumbrada a estas situaciones —aseguró Laia—. ¡Esa gente de Voyeur no sabe lo que les espera!
También le dijo que ella misma se encargaría personalmente del asunto David, de una forma dolorosa y Sol se lo agradeció, aunque no estuviera del todo segura de qué tenía Laia en mente.
Solo esperaba que no fuese nada ilegal. Confiar en sus amigas y dejar que la ayudaran en los momentos difíciles era uno de sus aprendizajes recientes.
Sol le contó lo ocurrido con la entrevista de Richard Fynn y, después de veinte minutos más de conversación, colgaron. Hubo, eso sí, algo que Sol decidió ocultarle a Laia: lo convencida que estaba de que lo que fuera que hubiese pasado entre ella y Luke, estaba ya irremediablemente acabado.
···
Intentaba mimarse un poco, viendo un episodio de la reconfortante serie procedimental romántica The Mallorca Files y comiendo una pizza vegetariana de Franco Manca calentada al horno.
Le había agradecido a su yo organizada tener siempre pizza congelada y helado de yogur de Amorino en casa para emergencias como aquella.
Y estaba empezando a pasar de miserablemente destrozada a profundamente abatida.
Entonces recibió un mensaje de Miquel. Había visto lo que Conceit Fair había hecho al retirar su artículo y quería que supiera que había eliminado a Fionna de su lista de gente a quien enviaba buenos deseos.
La editora de Conceit Fair ya no recibiría felicitaciones de cumpleaños ni mensajes de Navidad por parte de Miquel.
Y que se olvidara de enterarse antes que nadie de futuras ventas secretas de marcas catalanas de bolsos de piel natural o de diseñadores de calzado artesanal.
Sol no pudo evitar reír a carcajadas. Ya no sabía lo que podía o no podía permitirse.
Había sido menospreciada en internet y fuera de él, su nombre había sido arrastrado por el barro y podía ser que la policía llamara a su puerta para preguntarle por un guion robado.
No estaba segura de si podría volver a trabajar como periodista.
Pero seguía sabiendo quiénes eran sus amigos.