Capítulo 42
Sol
Sol consiguió entregar la maldita entrevista con Richard Fynn después de un continuo ir y venir de correos electrónicos y otros tipos de comunicación entre ella y Christina Jones, la editora adjunta de Conceit Fair y mano derecha de Fionna, también responsable de la edición de estilo y de la tortura extrema de los colaboradores.
Christina tenía la nada infrecuente habilidad de leer un artículo y cambiar innecesariamente cada palabra por un sinónimo —en el mejor de los casos— o cada párrafo por algo que significaba exactamente lo contrario de lo que se había escrito inicialmente —en el peor—.
Era una de esas editoras que necesitaban demostrar hasta qué punto su aportación era indispensable, incluso cuando no lo era en absoluto.
Sol luchó con uñas y dientes por conservar su voz a través del despiadado aluvión de correcciones, sabiendo cuándo ceder —sí, podían usar arrugada en lugar de desaliñada al referirse a la ropa de Fynn— y cuándo resistir —no, usar esa cita fuera de contexto solo dañaría aún más la ya maltrecha imagen de Fynn, además de tergiversar las cosas—.
Por suerte, Sol contaba con dos décadas de experiencia negociando con editores y sabía manejarse con más soltura que cuando empezó. Aun así, no era divertido.
Christina tampoco se había convencido lo más mínimo ante la petición de Sol de añadir un par de buenas citas procedentes de la rueda de prensa global en línea que el equipo de comunicación de Revengers Reunite Redo le había enviado tras su desastrosa entrevista con el director.
Richard sonaba elocuente en aquella conferencia y, aunque Sol entendía que habría que indicar la procedencia de las citas en el artículo, no veía motivo para no usarlas.
Enriquecerían el texto. Christina no estaba de acuerdo.
Cuando por fin estuvo terminado, Sol no pudo evitar sentir que en aquel artículo ya no quedaba nada de Sol Novo.
Sonaba como una pieza genérica de Conceit Fair que podría haber escrito cualquier otro periodista.
No quedaban rastros de sus propias particularidades como entrevistadora, escritora, cinéfila y espectadora.
Estaba a punto de salir hacia el estudio de Josie para una muy necesaria clase de pilates en colchoneta y dejar todo atrás, cuando vio la llamada de Luke y respondió.
— Hola . Estoy saliendo, camino al estudio de Josie.
—¿Sara parecía nerviosa? —espetó él.
—¿Perdón?
—La noche del robo, cuando te la encontraste en Charing Cross, ¿notaste algo raro en ella? —aclaró—. Según la información que tenemos, para entonces ya debería haberse dado cuenta de que le habían robado el guion. Esa fue toda la razón para limitar la investigación al estudio de pilates.
—Quizá estaba algo tensa, pero no le di importancia —dijo Sol, cogiendo su bolsa de fin de semana y saliendo por la puerta—.
Siempre es así conmigo. Sabe que soy periodista de entretenimiento y eso puede tensar las relaciones si la gente piensa que tiene que evitar decir o hacer algo que acabe publicado.
Yo nunca haría algo así, pero entiendo su desconfianza hacia la profesión.
—¿Así que estaba tensa como siempre?
—Mmm… —intentó recordar aquel día, pero no pudo—.
No lo sé. No recuerdo mucho más de lo que ya te he contado.
Acababa de discutir con mi editor por un artículo que quería publicar.
Él no quería que trabajara en ello porque iba a quedarse con mi idea y firmarla con su nombre.
Estaba furiosa por eso y no presté atención a nada más. Siento ser una testigo tan poco fiable.
—No te disculpes. El que lo siente soy yo, por hacerte volver a pensar en ello. Es solo que siento que hay algo que se nos escapa. Pero tengo que dejarte. Prometo llamarte en un rato y ser mi encantador yo habitual.
—Lo espero con ganas.
···
—Comprobad que la pelvis no se os va hacia adelante —ordenó Josie mientras las cuatro personas de la clase estaban totalmente concentradas en la secuencia lateral de piernas.
Sol intentó seguir aquella instrucción tan específica mientras levantaba la pierna izquierda y flexionaba el pie al bajarla—.
Buscad la sensación de vuestro centro interno, activadlo porque os ayuda a estabilizar.
Cinco, estirad bien. Elevad y bajad, seis, siete y ocho, mantened la pierna elevada. Círculos.
El trasero de Sol empezaba a lamentar su decisión de haber asistido a aquella clase. La serie de pequeños círculos que hacía con el tobillo izquierdo elevado, rodeado por una pesa de un kilo, no contribuía precisamente a aliviar el dolor acumulado.
—Esculpid vuestra conciencia. Impulsad los oblicuos —continuó Josie y Sol se preguntó qué demonios quería decir—. Si os sentís definidos en la elongación, eso os impide contraeros. Sol, revisa tus líneas.
Sol comprobó dos veces la rectitud perfecta de su espalda, de sus abdominales, de sus piernas y la alineación de sus caderas. No le gustaba que la corrigieran por tener una postura menos que perfecta. Intentó concentrarse de nuevo, aunque a veces se perdía en la jerga de Josie.
—Mantened la pierna inferior flotando, aseguraos de que las caderas están niveladas —continuó Josie—. Alargad a través de los talones. Encontrad el tono de los muslos y pulsad.
La clase terminó por fin después de repetir la misma dolorosa coreografía con la otra pierna y realizar unos cuantos ejercicios de respiración y estiramientos de agradecida relajación.
Sol estaba lista para salir de allí y no hacer nada el resto del día —de las dos semanas siguientes, en realidad—.
Cogió sus cosas y estaba a punto de cruzar la puerta cuando escuchó a Oliver hablando por teléfono.
El molesto semi habitual había aparecido ese día en el estudio de Josie sin su padre.
Y Mark era lo único bueno que tenía Oliver Green.
—Podría haber escrito ese guion mejor que cualquiera de ellas —decía Oliver.
Sol puso los ojos en blanco. Era insufrible. Pero su interés se despertó con lo que oyó a continuación.
— The Privateers nunca ha sido una buena serie. Ni siquiera entiendo por qué le gustaba a la gente. Bueno, supongo que les gusta cualquier basura.
El tipo era absolutamente inconsciente de lo insoportable que sonaba. Estaba menospreciando una de las series más populares del streaming reciente y tenía la desfachatez de insinuar que él podría haberlo hecho mejor.
Sol no entendía cómo alguien tan sensible y amable como Mark había podido engendrar a un trol tan pretencioso. Pero, como le dijo el orgulloso autor de una mediocre oeuvre , Richard Fynn, las familias podían ser un lastre a veces.
De pronto, todo encajó. Ya estaba en la calle, fuera del estudio de Josie y a punto de irse a casa cuando comprendió lo que no terminaba de cuadrarle a Luke en el caso Meshflixx. Se detuvo allí mismo y le escribió un mensaje.
Sol Novo
¿Te suena el nombre Oliver Green? ¿Lo tuvisteis en cuenta durante la investigación de Meshflixx?
Es el hijo de Mark Green.
Sé que suena repentino, pero creo que estaba en el estudio de Josie la noche del robo.
Me acabo de acordar.
Vagamente.
Llámame cuando veas esto.
Terminó de enviar ese último mensaje justo cuando vio a Oliver salir del edificio georgiano de Henrietta Street que albergaba el estudio de Josie en su segunda planta.
Casualmente iba casi vestida para la ocasión: llevaba su gabardina encima de leggings negros y una camiseta fucsia ajustada y corta de manga larga.
Se envolvió en la gabardina, ajustó el cinturón y lo anudó.
También se puso las gafas de sol extragrandes para lograr la máxima discreción y empezó a seguir a Oliver a cierta distancia.
Parecía distraído mientras seguía hablando por teléfono, así que no debía de ser tan difícil seguirlo sin que la descubriera, ¿no?
No lo fue. Oliver apenas consiguió arrastrarse una manzana más allá del estudio, a un ritmo desesperantemente lento y luego se sentó en una de las mesas exteriores de una cafetería cercana. Sol se quedó a cierta distancia, fingiendo que esperaba a alguien y que estaba demasiado absorta en su móvil.
Estaba a punto de marcharse, convencida de que todo aquello había sido una misión inútil por su parte, cuando alguien más llegó y se sentó en la misma mesa que Oliver.
El recién llegado, un hombre de unos cuarenta años, de pelo blanco y vestido completamente de azul celeste, le resultaba familiar a Sol, pero no lograba situarlo.
Podría ser uno de sus compañeros de prensa de entretenimiento, un ejecutivo del mundo del espectáculo, el nuevo estilista de su peluquería o incluso un actor recurrente en alguna de las dramedies que tanto le gustaba ver.
Le hizo un par de fotos a Oliver y a su acompañante y se marchó, con la esperanza de que en algún momento consiguiera recordar quién era el hombre misterioso. Cuando ya estaba doblando la esquina y fuera del alcance visual de Oliver, envió las fotos a Luke con un nuevo mensaje.
Sol Novo
He seguido a Oliver hasta la cafetería Grind, al lado del estudio de Josie. Se ha reunido allí con alguien.
Me resulta familiar, pero no sé de qué. ¿Le reconoces tú?
Solo después de pulsar enviar en ese último mensaje, se dio cuenta de que la persona que estaba tomando café con Oliver podía no tener absolutamente nada que ver con el caso. Pero jugar a ser detective privada había sido divertido y, desde luego, tenía el vestuario adecuado para ello.
···
De camino a casa, atendió una llamada de su contable, recién vuelta de vacaciones. Sol casi había conseguido olvidar su necesidad de información financiera mientras se centraba en el caso de Meshflixx. Intentar limpiar su nombre le había parecido lo más urgente.
Pero su gurú del dinero no traía buenas noticias.
—¿No hablaste con tus padres cuando los visitaste hace unos días? —preguntó la contable, con asombro en la voz.
—Sí —respondió Sol, titubeante.
—Pues, a juzgar por tus gastos, no lo parece —dijo la contable.
—¿Qué quieres decir?
—Que tienes que dejar de gastar como si siguieras teniendo un sueldo y un buen colchón de dinero, porque ya no lo tienes.
—Sé que ya no tengo sueldo, pero ¿el resto del dinero se ha esfumado de verdad? Pensaba que solo se había invertido.
—No existe eso de solo invertido. ¿Tenemos que volver a hablar de la liquidez y las inversiones a corto y a largo plazo? —dijo la experta con paciencia.
—No hace falta —Sol no comprendía del todo la situación, pero tampoco quería volver a escuchar a su asesora repetir aquellos tediosos términos económicos.
—Tus padres han tomado algunas decisiones de inversión a largo plazo últimamente —le explicó la gurú—. Y ahora lo único que puedes hacer es esperar a que te genere beneficios… y encontrar otra fuente de ingresos mientras tanto, porque estás, como decimos, con falta de liquidez.
Encontrar otra fuente de ingresos era más fácil de decir que de hacer. Además, Sol creía que había sido bastante austera esos últimos días, aunque por lo visto no lo suficiente. No expresó esas preocupaciones; se limitó a agradecer a la contable la llamada y a colgar.