Capítulo 41
Sol
No había tenido ocasión de pensar en algunas de las grandes preguntas que la rondaban antes de dar otro paso más en su relación con Luke.
Pero ¿quién tenía tiempo para reflexionar sobre la vida? ¿No era mejor dejar que las cosas fluyeran a veces? La planificadora consumada que siempre había sido se habría rebelado ante esa idea, pero ahora no le parecía tan mala. El sexo espontáneo tenía de repente un atractivo especial.
Le habría encantado rememorar cada detalle de la noche anterior, cada mirada, cada beso, cada caricia apresurada. Pero tendría que renunciar a recrearse en ellos: había asuntos más urgentes —aunque mucho menos agradables— que requerían su atención.
Tenía que terminar de escribir aquella maldita entrevista con Richard Fynn.
Bajó a poner la tetera al fuego y empezar a preparar el té, el desayuno y, de paso, tratar de desperezarse lo suficiente para alcanzar un estado semi despierto.
En la cocina, encontró una nota escrita a mano esperándola sobre la mesa del comedor.
Bella,
Siento haberme ido tan temprano. Espero no haberte despertado. Prometo quedarme a desayunar la próxima vez y traer cornetti.
Te llamaré más tarde, a una hora más apropiada.
Luca
P.D.1 Todavía quiero susurrarte muchas más cosas al oído.
P.D.2 ¿Quién compra digestives de chocolate negro en vez de con leche? Espero que no te importe que me las haya llevado todas. ¡Me moría de hambre!
P.D.3 Apruebo tu gusto por el té. Juego de palabras intencionado.
Leerla le arrancó una sonrisa. Estudió la irregularidad de su letra: parecía escrita con prisa y después él debió de pensar en añadir algo para hacerle a Sol más cálida la mañana con aquella primera posdata.
La segunda, más prosaica, la habría añadido tras rebuscar en sus armarios en busca de algo dulce.
Prefirió no darle demasiadas vueltas a la tercera, aunque vio que él había encontrado su alijo de té Royal English Breakfast de Harney & Sons.
Luke
Luke había pasado por casa para darse una ducha rápida y cambiarse de ropa y ahora estaba en modo vigilancia por enésima vez esa semana. El hecho de que fuera sábado y no hubiera tenido un solo día libre en casi dos semanas no le había pasado desapercibido.
Esta vez estaba vigilando al prometido de una heredera de hoteles y balnearios de lujo.
Los padres de la heredera habían contratado a T&T, empeñados en encontrar algo turbio sobre el novio de su hija.
Hasta el momento, el único comportamiento cuestionable que Luke había observado era su tendencia a ir al gimnasio y luego comprarse un donut de crema de limón en Bread Ahead, cuando allí había rellenos muy superiores como el chocolate o el praliné.
Luke se encontraba ahora frente al local de South Kensington de esa pequeña cadena de pastelerías, juzgando aún a Sol por su preferencia por el chocolate negro mientras mordisqueaba unas galletas digestive y esperaba a que el prometido de la heredera terminara su desayuno cítrico.
Aprovechó la espera para abrir Instagram en su móvil y buscar la cuenta de Philippa Majors. Volvió a revisar la foto que Sol le había mencionado: la que la emprendedora había hecho antes de empezar la clase de pilates del 23 de febrero.
Josie no aparecía en ella, pero sus acólitos de aquella noche sí.
Sol salía guapísima —Luke tenía debilidad por ella en ropa de deporte ajustada—, aunque parecía distraída, como si no quisiera posar.
Mark Green estaba en el centro, completamente a gusto entre tantas mujeres más jóvenes y, objetivamente, muy atractivas.
Sara Daniels ocupaba un extremo de la imagen, con un gesto indescifrable.
Su ex, Martha Broch, aparecía en el otro extremo, cerca de su amiga y publicista, Lashana Fletcher.
Y Philippa, naturalmente, tomaba el selfi, impecable como siempre.
Había esperado que la foto le diera alguna pista más en esta segunda revisión, pero no había nadie más en ella. Ninguna persona misteriosa que coincidiera con la figura que aparecía de fondo en dos momentos del vídeo de la clase y que Sol no recordaba.
Siguió revisando el perfil de Philippa en Instagram para comprobar si había publicado algo más aquella noche y encontró un vídeo corto de la influencer en un andén del metro.
Su rostro ocupaba casi todo el encuadre y hablaba de los beneficios de caminar siempre que fuera posible, aunque también de usar el transporte público cuando ir a pie no era una opción.
El vídeo era extrañamente vacío de contenido para los estándares de Philippa.
Luke había visto algunas de sus publicaciones más recientes y le gustaban: eran informadas, específicas y ofrecían ideas prácticas sobre alimentación saludable o entrenamiento de fuerza.
Pero aquella recomendación sobre usar el transporte público resultaba… obvia.
El vídeo de Instagram tenía fecha de la noche del robo y Luke se preguntó si habría algún motivo adicional para haberlo publicado.
¿Había querido Philippa dejar constancia de todos sus movimientos esa noche?
El vídeo la situaba en el andén de Charing Cross junto a Sara —y Sol—, pero para entonces el guion ya había sido robado, ¿no?