Capítulo 32
Sol
Pasar el control de aduanas e inmigración en el aeropuerto de Los Ángeles había sido un trámite sencillo.
Después de diez años viviendo en California —y tras su matrimonio con un ciudadano estadounidense—, Sol era la orgullosa poseedora de un pasaporte azul que le facilitaba las cosas al visitar su antiguo país de residencia.
Nada más salir de LAX, la ciudad que Sol había llamado hogar durante una década la recibió de la forma más típicamente angelina posible: con un monumental atasco. No había mejor bienvenida a Los Ángeles que una autopista de siete carriles por sentido completamente colapsada de coches.
Le habría gustado alojarse en Venice Beach o en Santa Mónica para poder caminar hasta el Pacífico durante su visita, pero la revista le había reservado una habitación en el London Hotel.
No pasó por alto la coincidencia del nombre; ni siquiera en la costa oeste lograba librarse de la ciudad británica.
El moderno hotel se encontraba en el Sunset Strip, en West Hollywood y estaría a poca distancia de la librería independiente Book Soup y a un paseo corto del Chateau Marmont, por si le apetecía ver famosos.
Su entrevista con Richard Fynn tendría lugar al día siguiente, así que Sol tenía tiempo para dormir un par de horas y sacudirse el jet lag , pero también para disfrutar de la ciudad y volver a enamorarse de ella.
Quedó para un brunch tardío en el A.O.C.
de West Hollywood con su amiga Lola, guionista de televisión.
Hablaron de la inminente huelga del Sindicato de Guionistas y de la superioridad de los aguacates Hass californianos.
Luego, Sol asistió a una clase de pilates solo por invitación en el estudio más exclusivo y codiciado de la ciudad, inaugurado después de su marcha.
Reconoció al menos a un par de celebrities menores que compartían con ella el sufrimiento de la clase.
De allí, se dirigió a Venice para pasear por la playa.
Mientras se desplazaba de un sitio a otro, observaba las numerosas vallas publicitarias en Sunset, Wilshire, Venice y Lincoln Boulevard, que anunciaban series y películas para los angelinos de la industria.
No tendría tiempo de visitar The Broad, el LACMA ni el Academy Museum. También tendría que dejar sus compras en el centro comercial de Century City y en Melrose Avenue para otra ocasión.
Lo único que no había hecho —ni pensaba hacer bajo ningún concepto— era ver a su segundo exmarido. Aquel que, sobre el papel, parecía perfecto, pero no lo era. Aquel que la había engañado.
Durante los últimos meses de su relación, Sol había estado convencida de que David tenía una aventura con una mujer mucho más joven, hasta descubrir que él mismo se lo había inventado todo para ponerla celosa y reavivar un matrimonio que ya se había agotado.
Lo consiguió: ella se puso celosa y terriblemente insegura. Pero aun así se divorció de él.
Evitar a David era la única forma que tenía Sol de recuperar su cariño por Los Ángeles.
Se sintió un poco nostálgica al recordar sus paseos matutinos diarios por la playa cuando vivía allí.
Saltaba de la cama, se enfundaba un pantalón ancho de chándal y una chaqueta bouclé enorme —que jamás se habría atrevido a llevar en Londres o en Barcelona— y salía así de casa.
En aquella época, aquello la hacía sentirse una auténtica angelina mientras caminaba entre patinadores, corredores, practicantes de yoga en la arena, paseadores de perros y turistas.
Pero aquello pertenecía a otra vida. Le parecía que todo le había sucedido a otra persona. Y en parte era así. La Sol que había vivido allí no era la misma que ahora volvía de visita.
Tanta evocación la dejó cansada. Estaba lista para contemplar la puesta de sol en la playa, regresar al hotel, pedir la cena al servicio de habitaciones y acostarse temprano, cuando recibió un mensaje de Luke.
Luke (Detective sexy)
¿Cómo te trata Los Ángeles? Por favor, no me digas que lo prefieres a Londres.
Sol puso los ojos en blanco y decidió responder de inmediato.
Estar en Los Ángeles le había hecho comprender que la estrategia de su exmarido —fingir una relación con una mujer más de diez años menor que él y que Sol— había sido lo que provocó sus propias dudas al enfrentarse a la diferencia de edad entre ella y Luke.
El fracaso de su última relación también explicaba por qué se había empeñado, de forma casi delirante, en mantener a Luke en una especie de absurda zona de amigos.
Estaba dispuesta a dejar todo eso atrás.
Sol Novo
No te pongas celoso. Estás demasiado apegado a tu ciudad natal.
Luke (Detective sexy)
Mira quién habla.
Sol Novo
¿Por qué sigues despierto? ¿No son más de las tres de la madrugada allí?
Luke (Detective sexy)
Tenemos un caso nuevo además del de Meshflixx y la vigilancia se está descontrolando.
Sol hubiera preferido hablar con Luke en persona, pero de momento tendrían que bastar los mensajes.
Sol Novo
No quiero dar mi opinión sin que me la pidas, pero…
Luke (Detective sexy)
Por favor, hazlo.
Sol Novo
¿Has pensado en trabajar para otra agencia?
Luke (Detective sexy)
Constantemente.
Sol Novo
Ya veo. ¿Hay tan pocas opciones?
Luke (Detective sexy)
Prácticamente ninguna.
Quizá, aunque sus profesiones fueran completamente distintas, el trabajo de Luke y el suyo tenían más cosas en común de lo que había imaginado.
Ambos hacían lo que les apasionaba, aunque eso implicara menos estabilidad, ciertos estigmas sociales, un camino laboral poco claro y una dosis constante de incertidumbre económica.
Luke (Detective sexy)
Tengo que dejarte, por desgracia. ¡El objetivo vuelve a moverse!
Sol Novo
¡Diviértete!
Casi podía oír el gruñido de Luke desde Inglaterra. Sabía que probablemente no estaba disfrutando de su trabajo actual, así que decidió divertirse por los dos y saborear los cielos color salmón de la hora mágica.