Sospechosamente tuya (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 1) Capítulo 31
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Capítulo 31

Luke

—Josie está extremadamente decepcionada contigo —le dijo Sol a Luke cuando él respondió al teléfono—.

Pero está dispuesta a dejarte seguir en el estudio, bajo tu verdadera identidad, siempre y cuando hagas unas cuantas clases particulares con ella para trabajar ejercicios y rutinas básicas. Tienes que mejorar tu nivel de pilates.

Esta gente de verdad que tenía que poner en perspectiva sus prioridades. Los miembros más asiduos del estudio eran sospechosos de un robo muy mediático —con el nombre de Sol a la cabeza— y, aun así, lo único que parecía importarles era que se tomara en serio su práctica de pilates.

—Sol, gracias, pero no estoy seguro de ser material de pilates.

Desde su confesión, se había mostrado especialmente cauteloso con Sol e intentaba no decepcionarla más. Era plenamente consciente de que la admisión de su profesión había echado cubos de agua helada sobre la conexión ardiente que habían tenido hasta entonces.

—Ya veo —dijo Sol.

El intento de cautela de Luke había sido en vano, así que decidió abandonar toda estrategia de diplomacia extrema.

Al fin y al cabo, su relación no estaba en tan mal estado. Aún quedaban restos de esa chispa entre ellos. Y aunque sabía que le gustaría hacer algo más que argumentar con Sol, podía conformarse con ese flirteo disfrazado de discusiones mientras seguían trabajando en resolver el caso.

—¿Pilates te resulta demasiado aburrido, verdad? —añadió ella—. ¿Qué es lo que te va? Me refiero a nivel de entrenamiento.

—Eh… no mucho…

No quería entrar en detalles sobre sus sesiones de tonificación muscular, sus carreras frecuentes o sus clases de yoga para aliviar el estrés y cuidar la espalda. Corría el riesgo de parecer vanidoso.

—¡Por favor! Al menos ten la cortesía de decirme que crees que el pilates no es suficiente para ti y dime qué haces. Estoy acostumbrada a todo el discurso de “entrenamiento para señoras mayores”, que es completamente erróneo. Pero sé que tú haces algo. ¡Te he visto con una camiseta ajustada!

Luke estuvo a punto de protestar por los calificativos hacia el pilates —nunca había pensado eso—, pero decidió tomar otro rumbo.

Necesitaba saber qué le había dicho Josie a Sol sobre la grabación, pero habría tiempo de preguntárselo.

Quería disfrutar de la conversación actual y de su sugerente tema.

Especialmente porque Sol no sonaba enfadada con él en absoluto.

Quizá las cosas entre ellos no estuvieran tan gélidas como pensaba y se estuvieran acercando a una temperatura moderadamente cálida.

—Así que no has podido dejar de mirarme —dijo con picardía.

— ¡Mare meva! ¿Cómo se puede ser tan creído? —exclamó ella en catalán y castellano, indignada por su vanidad, y él no pudo evitar sonreír.

—Sol, por mucho que me gustara, solo entiendo la mitad de lo que dices cuando hablas en catalán o en castellano. Mi italiano solo me sirve hasta cierto punto. Estabas diciendo que soy guapísimo…

—No he dicho tal cosa —protestó ella, con un tono furioso pero sensual—. Y lo sabes.

—Lo sé —admitió él.

—Puede que lo haya pensado —añadió ella con un tono juguetón y él casi se atragantó con la taza de té recién preparado en la pequeña cocina de la oficina—. Pero ahora no es el momento de hablar de eso.

—¿No lo es? —acababa de hacer ascender su relación de tibia a abrasadora, ¿y ella no quería hablar del tema?

—¿No estás en la oficina? —le preguntó Sol.

—Sí —admitió él a regañadientes.

—Pues ni el momento ni el lugar —concluyó ella.

Luke se había refugiado en la cocina vacía de la oficina, lejos de cualquier oído indiscreto, pero era perfectamente consciente de que estaba susurrando al teléfono.

—Avísame cuando sea el momento y el lugar adecuados para hablar de eso —dijo con voz grave.

—¿De qué? ¿De tu guapura?

—Y supongo que también podríamos hablar de la tuya…

—De acuerdo, basta, Luca —dijo Sol.

Era la primera vez que ella usaba su nombre en italiano. De niño, él había insistido en que su familia no lo usara nunca, pidiéndoles que optaran solo la versión inglesa para encajar mejor en la sociedad británica. Pero de pronto se dio cuenta de que le gustaba Luca. Mucho.

—Hablemos de trabajo —añadió ella.

—Hablemos —dijo él, aunque no le apetecía lo más mínimo.

—Josie va a intentar conseguir la grabación para ti —le contó Sol con total seriedad—.

Va a ser complicado porque, al parecer, las clases solo se graban como parte del sistema de seguridad del estudio.

Ella nunca usa las grabaciones y se almacenan en la nube para borrarse automáticamente después.

Utilizó la del 23 de febrero porque a Agatha le hubiera dado algo si no y el sistema ha demostrado ser útil en esas ocasiones.

—Te refieres a útil cuando un miembro demasiado entusiasta se pierde una clase, no en caso de robo, ¿verdad?

—Sí, a lo primero —aclaró Sol—. Josie comparte mi opinión de que el guion no fue robado en el estudio, por cierto.

—No estoy seguro de que esto sea cuestión de opiniones, pero vale —dijo Luke.

—Le incomoda la idea de que un miembro robe algo a otro miembro.

—También podría haber sido ella —dijo Luke.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Sol. Luke pensó que se estaba haciendo la despistada a propósito.

—Que Josie podría haber sido quien robara.

—¡No! Jamás. ¿Por qué haría algo así? Arruinaría su negocio. Es una de las mejores instructoras de pilates con las que he trabajado…

—¿Muestra amplia? —la interrumpió él, genuinamente curioso. Una vez más, su deseo de conocer mejor a Sol interfería con su trabajo.

—Bueno, no diría que sea una experta… pero he trabajado con algunas de las mejores en Los Ángeles. Y ya sabes lo concienciados que están los californianos con el fitness .

—No mucho —dijo Luke. Se dio cuenta de que la década que Sol había pasado viviendo allí era lo que daba a su acento español un matiz melódico algo californiano. Pero también le había dado muchos rasgos de carácter que ahora empezaba a distinguir.

—Y realmente no te importa —dijo Sol—. En resumen, Josie es la mejor, así que por favor descártala como sospechosa. No tiene ningún sentido.

—De acuerdo. Supongamos que te escucho y decido que tienes razón —dijo Luke, aunque no estaba del todo convencido por los argumentos de Sol respecto a la inocencia de Josie.

—Suelo tener razón —dijo ella. Luke entendió de golpe que lo primero que le había atraído de Sol era esa seguridad en sí misma.

—Seguro que sí —le encantaba esa dinámica incesante entre ellos. A veces era flirteo, a veces conversación casi profesional. Pero siempre resultaba divertida—. Entonces, dime, ¿quién tiene pinta de ladrón? Quiero decir, entre los otros posibles sospechosos.

—¡No lo sé! Ni siquiera estoy segura de quiénes son los otros sospechosos —dijo Sol.

—Tú estabas allí ese día. ¿Hay alguna posibilidad de que recuerdes quién más estaba y qué pasó? En realidad, me ayudaría.

Debería habérselo preguntado antes, pero había estado demasiado ocupado intentando seducirla.

—¿Qué día era, exactamente? —preguntó Sol. Luke casi podía oírla pensar, intentando evocar el momento—. Era una clase de jueves, ¿no? Siempre voy los jueves.

—Nos han dicho que la clase se alargó —le comentó Luke, esperando que esa información activara su memoria.

—¡Ah, ese día, claro! No me extraña que Agatha estuviera molesta por perdérsela. Tuve agujetas una semana.

—Eso suena sospechosamente sexy —dijo él, incapaz de contenerse.

—Deja de flirtear, Luca —le encantaba cuando ella usaba ese nombre—. Tenemos trabajo que hacer.

—Perdón —dijo él—. No he podido evitarlo.

—¿Sigo contándote lo que recuerdo?

—Por favor —dijo Luke—. ¿Recuerdas quién más estaba allí?

—Las de siempre, supongo. Philippa, seguro. Le pidió a todo el mundo permiso para subir una foto de la clase a su Instagram —Luke tomó nota mental de buscar ese post —. Mark también estaba. Es nuestro único chico, así que es fácil de recordar.

—Empiezo a sentirme excluido —se quejó Luke.

—Por favor —replicó Sol, restándole importancia—.

Martha también estaba. Recuerdo haber charlado con ella después sobre lo agotadora que había sido la clase.

Y Lashana debía de estar también, porque son amigas y trabajan juntas…

Sí, ahora recuerdo que hablé con ella días después.

Me dijo que también había estado dolorida durante días por culpa de esa clase. Y eso es todo, creo.

—Y tú, Sara y Josie también estabais allí —añadió Luke para ayudarla.

—Sí.

—¿Qué hora era cuando terminó Josie?

—No estoy segura. ¿Las seis cuarenta, más o menos?

No más tarde, porque suelo quedar con mi amiga Laia los jueves para cenar a las siete y media y todavía tenía que ir a casa a ducharme y cambiarme y todo eso.

Recuerdo que pensé: Si Josie no ha terminado a las seis cuarenta, tendré que disculparme e irme.

Odio llegar tarde. Pero, al final, no tuve que irme antes de que acabara la clase.

—¿Habría sido un problema? Irte antes, quiero decir. Nos dijeron que Sara se marchó a las seis y media.

—Cuando alguien tiene que irse antes de que termine la clase, suele pedir permiso por respeto a Josie.

Y ella puede recomendarle que haga algunos estiramientos en casa o lo que tuviera preparado para el resto de la sesión.

Pero normalmente es muy puntual y respetuosa con nuestro tiempo.

Sabe que algunos alumnos están muy ocupados.

Sara es uno de ellos. Creo recordar que sí, que Sara se fue antes, pero para serte sincera, a esas alturas probablemente tenía el culo en llamas y simplemente seguía la rutina a pesar del dolor. Intentando aguantar hasta el final.

—Sexy de nuevo —dijo él, con voz baja.

—Bien, ya que parece que hemos terminado la parte profesional de esta charla, creo que puedo preguntarte algo —hizo una pausa teatral—. ¿Qué llevas puesto?

Esta vez Luke sí se atragantó con el té.

—¿Qué? —preguntó.

—¿Qué llevas puesto? ¿Unos pantalones de vestir beige y una camisa que no te sienta bien?

Sonaba profundamente decepcionada, describiendo su atuendo como Greg Knight.