Sospechosamente tuya (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 1) Capítulo 28
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Capítulo 28

Luke

—Recuérdame otra vez por qué te estoy llevando a Hertfordshire —preguntó Sol.

—Necesito tu ayuda para que me presentes a Agatha —dijo Luke.

—Te conoce del estudio de pilates —dijo Sol, con la mirada fija en la autopista—. Recuerda a todo el mundo que ha ido allí, aunque sea solo para una clase.

—Me conoce con mi identidad falsa de cuando estoy trabajando: Greg Knight, abogado especializado en banca y entusiasta del bienestar —explicó Luke.

Le pareció ver que Sol sonreía—. Pero necesito que conozca al investigador privado Luke Contadino y poder hacerle unas preguntas.

Tú también lo necesitas si quieres dejar de ser sospechosa en todo este lío de Meshflixx.

Cuando Luke había llamado a Sol aquella mañana, había esperado que su vuelo estuviera programado para la tarde y que ella estuviera dispuesta a perdonarle —o al menos a dejar a un lado temporalmente su decepción con él⁠—.

También le había pedido que lo acompañara a Harpenden, ya que Agatha por fin había vuelto al país. Se había ido directamente a su casa de vacaciones en aquel pequeño y pintoresco pueblo de Hertfordshire.

En lugar de querer ir en tren, Sol se había ofrecido a conducir. Luke no podía entender quién prefería conducir a cualquier parte teniendo transporte público disponible, pero aceptó de inmediato. No estaba en posición de contradecir mucho a Sol.

Convencerla de que lo acompañara no le había costado demasiado, sobre todo porque parecía que los planes de Sol para ese día habían cambiado. Luke tenía la sensación de que ella agradecía la distracción. Si es que a aquella situación podía llamársele distracción.

Se suponía que Luke debía estar en la oficina aquella mañana, pero había llamado a P fingiendo una terrible gripe y el miedo a los gérmenes de su jefe le había hecho rogarle que se quedara en casa.

Solo Divya sabía dónde estaba realmente y le había ayudado a prepararse para su charla con la esquiva agente televisiva.

Pero antes de llegar a la casa de vacaciones de Agatha en Harpenden, a Sol y a Luke aún les quedaba más de media hora de trayecto y él pensó que podía intentar aclarar algunos detalles más de la historia de la guionista.

—Por favor, no te tomes esto mal, pero ¿por qué ya no trabajas en la misma publicación en la que estabas hasta hace unos días? —preguntó, intentando atar todos los cabos sueltos que apuntaban a ella.

—¿Por qué me despidieron, quieres decir?

—Sí.

—Por un momento has sonado más norteamericano de la costa oeste que británico, con tu manera indirecta de formular esa pregunta —ella sonrió y él no pudo evitar pensar que debería haberle confesado antes su verdadera profesión.

Parecía habérselo tomado bastante bien—.

Me despidieron junto con otro diez por ciento del personal de mi antigua empresa.

Se deshicieron de los redactores y editores sénior que vivimos en Estados Unidos y el Reino Unido.

Ganábamos más dinero que los compañeros júnior o que la gente que trabajaba en otros países más baratos.

Si has estado leyendo las noticias, sabrás que no está siendo un camino de rosas para los periodistas estos últimos meses, aunque nunca lo fue.

—No me malinterpretes —continuó él con cautela. Pero, temiendo que lo volvieran a llamar americano, sin importar de cuál costa, optó por ser directo—. Pero ¿cómo puedes permitirte el coche?

—¿Este coche? —preguntó ella. Era un vehículo eléctrico de larga autonomía con doble motor y sistema de asistencia a la conducción, que no estaba utilizando en ese momento.

Luke sabía que aquel coche costaba más de lo que él ganaba en todo un año.

—Fue un regalo de mis padres —dijo Sol, como si hablara de un ramo de flores o de una tostadora—.

Mi padre pensó que, después de tantos años conduciendo en Los Ángeles, echaría de menos tener coche.

No consideró que me costaría adaptarme a este tipo de conducción, teniendo en cuenta que lo hacéis por el lado equivocado de la carretera y todo eso…

Pero se ha vuelto cómodo cada vez que necesito escapar del centro de Londres.

Si me acuerdo de tomar las rotondas en sentido antihorario.

—En sentido horario, querrás decir —la corrigió Luke.

—Lo que sea, lo contrario de como debería ser —dijo ella, sin apartar la vista de la carretera.

Luke ignoró su comentario sobre conducir por la izquierda.

—¿Te das cuenta de que el dinero te hace parecer sospechosa?

—¿Qué dinero? —preguntó ella. Sonaba casi ingenua.

—Todo —dijo él—. Llevas un estilo de vida algo pijo.

—¿¡Pijo!? ¡Todo el mundo en el estudio de Josie tiene dinero! —era como si la mera idea de que la asociaran con la pijería la ofendiera—. ¿Has visto lo que cobra por una clase semiprivada de pilates? ¿Por qué es más cuestionable mi dinero?

—Por tu profesión y porque estás soltera, supongo —dijo él. Esperaba que ella no se lo tomara como una opinión personal de Luke. Intentaba ponerse en la mente de sus jefes y eso nunca conducía a nada progresista.

—Estoy divorciada dos veces —dijo Sol y Luke se sorprendió. No había encontrado rastro de un exmarido, mucho menos de dos, cuando la había investigado—. Mi dinero viene del negocio familiar.

—¿La empresa exportadora de productos españoles?

—Veo que no tengo secretos —suspiró—. Mis padres vendieron parte de ella hace años, antes de jubilarse y me dieron una cantidad para que pudiera vivir cómodamente y seguir haciendo lo que me gusta. Ellos gestionan la mayor parte del dinero por mí, porque se supone que son mejores en eso.

—Perdona la indiscreción —dijo él.

—No pasa nada. No es como si no me hubieras estado siguiendo en secreto durante semanas.

—Y para tu información, todavía tienes secretos —dijo él—. No tenía ni idea de lo de los dos exmaridos.

—Pues mantengámoslo así —respondió ella, con una leve sonrisa, sin dejar de concentrarse en la conducción.

···

Cuando llegaron a la casa de Agatha en Harpenden, se encontraron con una vivienda victoriana de proporciones elegantes y un jardín igualmente espacioso que la rodeaba. Había un par de furgonetas grandes aparcadas delante. Sol aparcó en la calle y ambos se dirigieron hacia la casa.

Luke llamó a la puerta principal, ya que no había timbre. La puerta estaba entreabierta y se oían voces fuertes y mucho ruido desde dentro.

—Debe de haber empezado con la reforma —dijo Sol—. Agatha comentó en clase que pensaba quedarse con esta casa hace unos meses, pero mencionó que había que reformarla por completo.

Luke volvió a llamar y asomó la cabeza cuando nadie contestó. No creía que fuera posible oír los golpes en la puerta con todo aquel estruendo.

—¿Hola? —dijo, sin suficiente volumen. Había crecido en una familia de gritones y siempre había sido demasiado sutil para imitarlos.

—¡Hola! ¡Agatha!

Por suerte, Sol no compartía sus reparos.

—¡Eh, holaaa! —oyeron que alguien gritaba desde la planta de arriba—. ¡Bajo en un segundo!

Sol y Luke esperaron fuera. No los habían invitado oficialmente a entrar y su visita no era precisamente social.

—¡Cariño, has venido! —Agatha los recibió con una sonrisa al bajar las escaleras y ver a Sol en la puerta—. Y has traído a más gente de clase —añadió, refiriéndose a Luke. Si sentía curiosidad por verlos juntos, no lo comentó.

—Sí —dijo Sol, algo vacilante.

Luke se dio cuenta de que Agatha probablemente había invitado a Sol antes y que —teniendo en cuenta la tendencia de esta a evitar a la gente y su aversión al small talk — había conseguido esquivar la incómoda visita hasta ese momento.

—La casa está hecha un desastre —dijo Agatha, frunciendo el ceño.

La agente televisiva llevaba un peto tejano lleno de polvo y se secaba las manos con una toalla húmeda—.

¡Moquetas por todas partes, incluso en uno de los baños de arriba…

y en las escaleras, por supuesto! ¡Una lavadora en el salón!

¡Estuco en el techo del comedor! La casa es de 1870 y, aun así, dirías que los antiguos propietarios querían cubrir o eliminar todos sus elementos históricos.

La mayoría de los alumnos de Josie parecían ajenos a cómo sonaban. Luke no creía que Agatha hubiera considerado que los dueños anteriores tal vez no tenían dinero para una reforma tan extensa como la suya.

—Deberías haber visto mi casa de Londres cuando la compré —dijo Sol—.

La reforma fue una pesadilla. La americana que hay en mí quería tirar todas las paredes y la arquitecta con la que trabajaba no paraba de decirme que no era posible.

Había comprado un edificio histórico de grado II y ¡había normativas!

La odié todo el tiempo, pero al final hizo un gran trabajo.

—Me pregunto si será la misma arquitecta exasperantemente obstinada con la que estoy lidiando yo —dijo Agatha con los ojos en blanco—. Pero qué mala anfitriona soy. ¿Queréis un té?

Luke y Sol declinaron cortésmente.

—Menos mal —dijo Agatha—. La cocina está patas arriba. Parecía sacada de los setenta, pero no en el buen sentido. Había que deshacerse de ella.

—Escucha, Agatha —dijo Sol al fin—. Por desgracia, esta no es una visita social.

Los hombros de Agatha parecieron relajarse.

—Cariño, me dejas más tranquila. Pensé que querías ver la casa y ahora mismo sería un peligro. Y no quiero a los paletas todavía más distraídos. Pero puedo enseñaros el jardín y me lo contáis todo sobre esta visita no social vuestra.

—Supongo que debería empezar diciéndote que Greg no es quien creíamos —dijo Sol mientras Agatha los guiaba por la casa hacia un cuidado jardín de hierbas aromáticas.

Si el interior estaba en proceso de reconstrucción, el exterior lucía impecable, al menos para el ojo urbano e inexperto de Luke.

Una vez revelada la verdadera identidad y profesión de Luke, y tras unas cuantas exclamaciones vehementes por parte de Agatha, Sol y Luke consiguieron contarle a la fascinada agente cuál había sido el propósito de Luke en las clases de Josie y que habían robado el guion filtrado de The Privateers en el estudio de pilates.