Sospechosamente tuya (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 1) Capítulo 27
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Capítulo 27

Sol

Desde su penúltimo despido, Sol temía abrir el correo electrónico por las mañanas. Era un poco estrés postraumático profesional. Así que había empezado a hacerlo solo después del desayuno. Si el correo traía malas noticias, que al menos no arruinaran la comida más dulce del día.

Fionna le decía a Sol que no se preocupara por nada, lo cual, por supuesto, solo consiguió que la periodista entrara en pánico.

En el correo, Fionna explicaba que el estudio distribuidor de la película que Fynn estaba promocionando les informaría en breve sobre la nueva fecha de la entrevista, una vez que todo se reprogramara.

Pero Sol no volaría a Los Ángeles aquella noche como estaba previsto.

Casi interpretó el aplazamiento como una señal de que la entrevista no llegaría a hacerse. O que sí se haría, pero no sería ella, sino alguno de los muchos colaboradores habituales de Conceit Fair que tal vez estuviera disponible para entonces.

También sabía que, en el ambiente vertiginoso y despiadado de Hollywood, cuando algo empezaba a ser un estorbo, simplemente se descartaba.

Si la entrevista no se concretaba pronto, corrían el riesgo de perder el cierre de edición de la revista.

Fionna creía que todo estaría resuelto en un par de días, pero Sol sabía que esa estimación era terriblemente imprecisa.

Si la entrevista no llegaba a hacerse, no cobraría por ella.

Su gurú financiera seguía sin responder desde que sus padres le comunicaron a Sol su nueva realidad económica. El correo de fuera de la oficina de la contable decía que estaba en un crucero por la Antártida y Sol empezaba a preocuparse por el dinero.

Pero lo peor de todo era que al final no había sido necesario volar a Londres. Podría estar intentando aclarar su vida —y su carrera— desde la soleada y más barata Barcelona, en lugar de mirar el cielo gris a través de la ventana de su despacho en casa.

Seguía dándole vueltas a la incertidumbre que la acosaba una vez más, frustrada porque no sabía cuándo tendría que volar al otro lado del planeta, cuando su teléfono vibró con una llamada entrante de Luke.

Contestó, casi logrando olvidar todo lo que había ocurrido la noche anterior entre los dos, junto con su decisión de pasar página y básicamente borrarlo de su mente.

—¿Hola? —dijo.

— Ciao —sonaba vacilante y arrepentido—. Sé que debería dejarte decidir si quieres volver a aceptarme en tu vida o no...

—Ajá —respondió Sol. El Y, sin embargo... se intuía en su tono condescendiente.

—Pero mis jefes quieren cerrar el caso Meshflixx y necesito tu experiencia otra vez.

—¿Así que todas tus preguntas sobre The Privateers eran para sacarme información confidencial a escondidas? —de pronto comprendió hasta qué punto la había engañado—. Pensaba que eras una persona normal que dudaba sobre si ver o no una serie de moda.

—Y también soy eso, pero además soy un detective júnior con dos jefes incompetentes que quieren cerrar un caso que está muy lejos de resolverse —Sol sintió que esta vez Luke compartía demasiada información con ella. Pero le gustaba esta versión suya, más transparente.

—¿Así que todavía no sabes quién robó el guion?

—Ni idea. Y me temo que, si no encontramos algo pronto, volverás a ser la sospechosa número uno —dijo él con franqueza.

—¿¡Qué!? ¿Cuándo he sido yo la principal sospechosa?

—Cuando te quedaste sin trabajo y decidiste irte del país.

—Soy periodista. Que me despidan es un riesgo profesional común —dijo—. Y me gusta volver a casa de vez en cuando. ¿Dónde está el delito?

—Lo sé. Pero intenta explicárselo a dos idiotas de clase media-alta con prejuicios nada moderados hacia los inmigrantes y muchas ganas de cobrarle de más a Meshflixx haciendo el menor trabajo posible —Luke sonaba frustrado.

—¿En qué clase de sitio trabajas? —preguntó Sol, alarmada.

—No en el que creía cuando acepté el empleo.

—Luke, esto podría acabar con mi carrera —dijo ella—. Si Meshflixx piensa que robé el guion de una de sus series y luego lo filtré, se acabaron mis días como periodista de entretenimiento. Esta vez para siempre.

—Lo sé —dijo él—. Por eso te llamo. Necesito llegar al fondo de esto. Sé que vuelas hoy, pero...

—En realidad, ya no vuelo hoy —dijo ella.

—¿Puedo pedirte un favor un poco raro, entonces?