Sospechosamente tuya (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 1) Capítulo 25
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Capítulo 25

Sol

Luchaba contra el impulso de quedarse dormida y su batalla contra el sopor no se veía favorecida precisamente por su escaso interés en las secuencias de acción aceleradas y cargadas de CGI.

Además, la película duraba casi dos horas y media.

¿Cuándo había decidido Hollywood abandonar la superioridad de las películas de noventa minutos con gente simplemente hablando?

Estaba a punto de apagar la tele, buscar el resto del argumento en Wikipedia y meterse en la cama cuando oyó el timbre.

Pasaban de las diez y no esperaba a nadie. Rara vez se acostaba tan tarde; solía estar ya en la cama acompañada de un buen libro, una costumbre saludable que había adquirido durante sus años en California.

Tampoco tenía la costumbre de abrir la puerta sin motivo y mucho menos a esas horas.

Miró la cámara de la cerradura inteligente y vio a Luke frente a su puerta.

Puso los ojos en blanco, exasperada, pero fue hacia allí.

¿Qué demonios querría ahora? La había llamado un par de veces aquella tarde, pero Sol había esperado que captara la indirecta cuando no contestó al teléfono.

No estaba interesada.

Se detuvo a mitad de camino. No quería hablar con él. Era tarde, estaba cansada y al día siguiente tenía un vuelo largo. Podía simplemente no abrir y asunto resuelto. Luke volvió a tocar el timbre y una pregunta le cruzó la mente: ¿cómo sabía él dónde vivía?

Nunca le había dado su dirección en Londres.

Se puso un poco nerviosa. Vivía sola y él probablemente lo sabía, del mismo modo que sabía dónde estaba su casa.

Ella, en cambio, apenas sabía nada de él.

Luke pulsó el timbre por tercera vez y Sol le habló a través de la aplicación de la cerradura inteligente en su móvil.

—¿Cómo sabes dónde vivo? —preguntó, con un tono de alarma que no había planeado mostrar.

—Eso es precisamente lo que vengo a explicarte. Y también a contarte a qué me dedico y por qué fui tan abrupto esta tarde cuando te vi —dijo él por el interfono.

—Yo no lo llamaría abrupto; lo llamaría maleducado —replicó Sol.

—Estaré en el pub de la esquina un rato. Seguro que aún hay bastante gente, por si quieres venir y hablamos en un sitio público donde te sientas segura.

Era como si le hubiera leído la mente.

—¿Y cómo sé que no vas a esperarme en la calle cuando salga de casa? —preguntó ella.

—Porque puedes mirar la cámara del timbre. Y ya has estado a solas conmigo antes; sabes que soy una buena persona. Además, no es que no haya intentado llamarte antes de presentarme sin avisar. Te esperaré en el pub.