Capítulo 24
Luke
—¿Adivina lo que acabo de descubrir? —le preguntó Divya a Luke.
Luke había estado siguiendo a su nuevo objetivo durante buena parte de la tarde, en lo que debía de ser la excursión de compras más aburrida en la zona de Jermyn Street y St. James’s Street.
Cuando contestó con entusiasmo la llamada de Divya, no estaba seguro de poder soportar una visita más a otra boutique de lujo.
—Ni idea —dijo, sin quitarle el ojo a Leonardo Pascual —nombre en clave: el Irrefutablemente Sexy— desde cierta distancia.
La estrella de The Privateers estaba hojeando una selección de sombreros de copa, aunque Luke estaba seguro de que nadie los usaba ya y de que no pegaban con el estilo bohemio-chic del actor.
Le había gustado, eso sí, el pijama de seda que Leonardo acababa de comprarse en una de las tiendas de las galerías—.
¿Has averiguado por qué Meshflixx nos contrató? —añadió.
—Aún mejor. Tengo un poco de cotilleo romántico.
—¿Sobre quién?
Esperaba no haber sonado demasiado interesado. ¿Podría ser que Sol estuviera saliendo con alguien, aunque él no hubiera encontrado ninguna pista y ella no lo hubiera mencionado en Barcelona?
—Sobre Sara Daniels —dijo Divya. Luke se dio cuenta de que su ritmo cardíaco se había acelerado solo con imaginar a Sol saliendo con alguien.
¿Puedes tranquilizarte, por favor? , pensó.
—¿Sigues ahí, mate ? —preguntó Divya.
—Sí, perdona. Estoy intentando encontrar un sitio mejor mientras vigilo al objetivo —mintió con naturalidad. Se estaba volviendo un experto en engañar a las mujeres—. ¿Cuál es tu cotilleo romántico sobre Sara Daniels?
—Sé lo que pasó entre ella y Martha Broch —dijo Divya—. Al menos, según un par de artículos que he encontrado en webs bastante desconocidas. La gente que trabaja detrás de las cámaras no suele ser el objeto de las principales revistas de cotilleo, ¿eh?
—¿Y qué pasó? —preguntó Luke.
—Se conocieron en el rodaje de la primera serie de las hermanas Daniels. Martha era artista conceptual de títulos allí. No me preguntes qué significa eso, porque no tengo ni idea.
—¿Algo relacionado con el diseño de la secuencia de apertura?
Divya resopló.
—Por favor, no dejes que el tiempo que pasaste entrevistando a la Stringer se te suba a la cabeza y pienses que ahora sabes de lo que hablas.
En fin, parece que Martha y Sara se conocieron entonces.
La serie se rodó en Atlanta, pero Martha vivía aquí, en Londres.
Estuvo brevemente en Atlanta durante la producción y supongo que fue entonces cuando empezaron a follar.
Cuando terminó el rodaje, probaron lo de la relación a distancia, pero luego Martha se mudó a Estados Unidos y vivieron juntas en Los Ángeles un tiempo.
—¿Y qué pasó después?
—Por lo que he visto, a Sara y a Bryana las contrataron para hacer The Privateers , pero la serie se desarrollaba en Londres incluso en la fase de guion y preproducción.
Sara rompió con Martha —internet dice que no quería volver a tener una relación a distancia— y se mudó aquí.
Martha se quedó un tiempo en Los Ángeles por trabajo y acabó volviendo. Es de Londres, así que…
—Tiene sentido —dijo Luke, que no necesitaba ninguna justificación cuando se trataba de gente que volvía a Londres.
—¿Sabes cuál es la moraleja, no?
—¿No mudarse nunca por amor? —preguntó Luke, mientras empezaba a caminar de nuevo, justo cuando Leonardo se detenía a coger un café—. ¿No dejar nunca Londres?
—No, mate —dijo Divya—. Nunca mezcles trabajo y romance. Las hermanas Daniels le ofrecieron a Martha el puesto de diseñadora de títulos en The Privateers , pero ella lo rechazó.
—Parece que a Martha no le ha ido mal de todas formas —dijo Luke, algo molesto por el comentario de Divya. Sabía que era su manera de decirle, una vez más, que el trabajo no era lugar para conocer gente y que debía mantenerse lo más lejos posible de Sol.
—Cuéntate la versión que quieras —dijo Divya—. Pero Martha tiene más motivos de los que pensábamos.
—Si está dolida por la ruptura, sí —dijo Luke—. Pero ¿sería tan rencorosa como para seguir yendo al mismo estudio de pilates que Sara? Lo primero que hice tras mi última ruptura fue cambiar de estudio de yoga. Mi ex sigue yendo al otro.
—Supongo que solo tiene sentido que ambas vayan al estudio de Josie si terminaron bien y siguen siendo amigas. O si Martha quería seguir cerca de Sara por alguna razón.
—Como robar un guion de una serie en la que ella no trabaja —continuó Luke.
—Exacto. ¿La añadimos a nuestra lista privada de posibles culpables principales, entonces? —ella y Luke tenían su propio análisis del caso—. Aunque Agatha siga en el primer puesto.
—Sí, mantengamos a Agatha en primera posición —dijo Luke—. Y ya sabes que si Sanjay estuviera también en la llamada, volvería a sacar a Mark Green.
—Pero Sanjay no está en la llamada —dijo Divya.
Siempre había creído que Mark era inocente porque había crecido con sus películas y era una gran fan del director—.
No puedo esperar al día en que podamos tomar este tipo de decisiones sin preocuparnos por lo que los inútiles de arriba vayan a pensar.
Estoy deseando librarme de P y de Sweatshirt.
—Por desgracia, tengo que dejarte. El Irrefutablemente Sexy se dirige hacia Piccadilly y quiero asegurarme de no perderlo entre la multitud.
—Justo cuando iba a preguntarte por esa ex tuya que se quedó con la custodia del estudio de yoga, decides colgar —dijo Divya.
Sol
Aunque Sol había cogido un vuelo algo lleno esa mañana y odiaba el trajín de llegar al aeropuerto, las colas de seguridad y los pasajeros que abarrotaban innecesariamente las puertas de embarque, el día parecía más prometedor una vez superada la parte del vuelo.
Había tenido una reunión productiva con Fionna, que le había dado todos los detalles necesarios sobre la entrevista con Richard Fynn, el enfoque y las preguntas que buscaban.
Sol tenía programada una entrevista individual de veinte minutos con el cineasta y no veía ningún problema para cumplir con lo que Fionna esperaba de ella.
Ya casi tenía la maleta hecha, el conjunto para la entrevista planchado y listo y la preparación de la entrevista en buen estado. Planeaba ver un par de películas de Fynn durante el vuelo largo a Los Ángeles. Ya las tenía descargadas en su tablet .
Para rematar, acababa de asistir a un pase de prensa de la comedia romántica de aventuras más divertida y entretenida protagonizada por una de sus actrices favoritas.
Le decepcionaba un poco que a nadie se le hubiera ocurrido antes elegir a Emma Thompson como protagonista de una rom-com de acción.
La mujer tenía formación clásica y podía hacer prácticamente cualquier cosa.
Sin embargo, no era la única razón por la que no estaba del todo satisfecha.
Por fin había visto la película que debía haber visto días atrás, cuando estaba previsto que entrevistara a Thompson.
Era una de esas entrevistas que había esperado toda su carrera y que habrían hecho muy feliz y orgullosa a su yo de diecisiete años.
Había entrevistado a decenas de celebrities a lo largo de los años.
Rara vez se quedaba impresionada, pero la idea de conocer a ciertas personas, como Emma Thompson, todavía la emocionaba.
Pero la habían despedido antes de que pudiera hacerlo.
Y aunque era plenamente consciente de que al día siguiente volaría para hacer una gran entrevista en Hollywood, no sería con Emma Thompson.
Habría comprado un modelito nuevo para esa ocasión.
Y seguiría sin trabajo en cuanto la entrevista con Richard Fynn estuviera hecha, escrita y entregada a su nueva editora.
Estaba debatiéndose entre ir andando o coger el metro desde el Picturehouse Central, en Piccadilly Circus, donde había asistido al pase de prensa. Pero decidió pasar primero por Fortnum & Mason y comprar algo para su amiga Lola, amante del té, a quien planeaba ver durante su visita a Los Ángeles.
Ya en Fortnum’s, estaba amontonando latas de té Royal Blend tanto para su amiga como para ella —intentando no pensar que quizá no era el mejor momento presupuestario para dejarse llevar y comprar múltiples latas de dieciséis libras cada una— cuando vio a alguien familiar hojeando las estanterías de mieles y mermeladas.
Era alto y de piel bronceada. Sol lo reconoció al instante.
Si al menos no hubiera vuelto a la ropa de trabajo poco estilosa y al pelo engominado hacia atrás.
¿Se suponía que este era el Luke londinense?
Parecía diferente, mucho más informal en Barcelona.
Si este era el aspecto cotidiano de Luke, Sol no estaba segura de que realmente le gustara.
Habría sido fácil pasar desapercibida. Aun llevaba una de sus mascarillas KN95 cuando estaba en espacios públicos cerrados y concurridos.
La protegían de virus indeseados y, además, le ofrecían una especie de anonimato que la introvertida que había en ella no solo apreciaba, sino que había aprendido a valorar.
Pero se había comprometido a no esconderse si volvían a cruzarse, así que decidió hacer lo contrario a su instinto y saludar a Luke.
— Hola —dijo tras cruzar medio establecimiento para plantarse delante de él—. Habría jurado que tú eras más de Twinings.
Había algo en la expresión de Luke que no gritaba precisamente Qué alegría verte aquí . Sol no creía que fuera porque ahora ella podía reivindicar su ciudad natal como una gran urbe y demostrar que era igual de fácil encontrarse con alguien en Londres que en Barcelona.
—Yo… —sus ojos vidriosos se fijaron en algo detrás de Sol—. Tengo que irme.
—¿Perdón? —casi gritó más que preguntó, aunque esta vez lo había entendido perfectamente.
¿Estaba viviendo algún tipo de déjà vu torturante y absolutamente nada divertido? ¿Qué le pasaba a él, que siempre quería huir cuando estaba en su presencia?
—Hablamos esta noche —dijo, mientras escapaba hacia la salida de Fortnum’s.
Habría sido tan fácil para Sol pagar sus compras e irse sin decir nada. De hecho, habría sido coherente con quien era. Pero había decidido ser sociable, ¿y para qué exactamente?
Se sintió como una mujer necia y despreciada en medio de Fortnum & Mason. Y estar rodeada de latas de colores y dulces no ayudaba precisamente a levantarle el ánimo.
¿Lo habría ofendido con su comentario sobre el té?
No había sido su broma más inspirada. La marca que había mencionado era seis o siete veces más barata que el té de Fortnum’s.
Pero estaba algo nerviosa y dijo lo primero que se le ocurrió.
Siempre había considerado Twinings como una de las marcas más británicas.
Además, era la favorita de su madre, así que tenía un significado especial, aunque prefería no pensarlo demasiado.
De algo estaba segura, eso sí: ella y Luke no volverían a hablar nunca —y era algo que no la inquietaba—.
Se había humillado demasiadas veces, contra todo sentido común, y estaba convencida de que él no la llamaría ni le escribiría, aunque hubiera intentado dar una excusa al marcharse tan de repente.
Fuera lo que fuera, decidió quitarse de la cabeza todo el asunto Luke y descartarlo como un experimento inútil que la había devuelto a cierta sobriedad mental.