Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 37Skyla
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Capítulo 37Skyla

CAPÍTULO TREINTA Y SIETE

Skyla

E stiro los dedos de los pies sobre las sábanas del algodón más fino, con un número de hilos gloriosamente alto, y sin siquiera abrir los ojos, sé que estoy en la cama de Drew, todavía desnuda y dolorida después de toda una noche sintiéndome adorada.

El aroma de su champú almizclado se aferra a la almohada, pero cuando estiro más el pie, no lo noto.

La habitación está intensamente iluminada por los rayos de sol que entran a través de los ventanales que van del suelo al techo, pero no hay sonidos; no hay ni rastro de Drew en el dormitorio y la puerta del baño privado está abierta, sin señales de él allí tampoco.

—Drew —lo llamo en voz baja, a pesar de que Callie volvió a casa de su abuela con Pixie anoche.

La puerta se abre de golpe y, de repente, Drew aparece ante mí sosteniendo dos tazas de café. Me lamo los labios. Incluso vestido con pantalones de chándal y una camiseta, está divino.

—¿Dónde has estado?

—He ido a por magdalenas y café, y he pensado que sería mejor ver cómo estaba Logan.

Se acerca y se sienta conmigo en la cama; yo me incorporo, tirando de la sábana para cubrir mi desnudez, y cojo el café que me tiende.

—¿Cómo está Logan? —pregunto.

Drew se encoge de hombros. —Sobreviviendo, supongo. Lo he encontrado en la oficina. Se ha volcado en el trabajo. Imagino que necesita distraerse.

—Pobre hombre. Pero se pondrá bien. Cuidaremos de él.

Probablemente Dana anuncie un aborto espontáneo cualquier día de estos y se invente alguna historia sobre cómo va a dedicar su vida al budismo y a la col rizada —pongo los ojos en blanco, todavía molesta por el trato de mierda que le ha dado a Logan—.

Creo que la persona adecuada saldrá ganando.

La cobertura mediática de la boda de los empleados de Blingwood ha sido increíble, y está ayudando mucho a mejorar la imagen de Logan tras las mentiras de Dana.

Sally está eufórica; Doug y ella han tenido una boda gratis.

De hecho, deberían estar aterrizando en las Bahamas en cualquier momento.

Me muero de ganas de que empiece a publicar en sus redes sociales lo increíble que es su luna de miel gratuita.

Una cobertura real y honesta que demuestre al mundo lo buena y amable que es tu familia.

La mano de Drew aprieta la mía por encima de las mantas. —Quiero darte las gracias por todo lo que hiciste ayer. Estuviste increíble.

—Ya me has dado las gracias —levanto las cejas, recordando su boca, pesada entre mis muslos, y mis manos casi arrancándole el pelo de raíz—.

Me has dado las gracias muchísimas veces, si mal no recuerdo, Dios mío —me río, avergonzada porque de algún modo termino llamándolo Dios cada vez que hacemos el amor; aunque su tacto es bastante celestial, así que el apelativo cariñoso resulta apropiado.

—Lo digo en serio, Sky. Tus actos de ayer ayudaron mucho a mi familia.

Desde que Tate saltó a la fama, los reporteros se han obsesionado con sacar historias de todos nosotros.

Incluso cubrieron la muerte de Crystal. Esto podría haber sido el fin de la empresa de Logan.

Siento que te debo algo más que un puñado de orgasmos y café.

—Y las magdalenas, no te olvides de las magdalenas.

Él sonríe y responde: —Están en la encimera. ¿Quieres que vaya a por ellas?

—Primero vamos a abrir el apetito —digo agarrando su camiseta con el puño y atrayéndolo hacia mí.

Drew suelta una carcajada profunda. —Eres insaciable. He creado un monstruo —responde con una sonrisa pícara.

Me sonrojo. Tiene razón, últimamente lo deseo a todas horas. —Eso me recuerda que Jenny ha presentado su dimisión con efecto inmediato.

—¿Por qué mi mención a que te corras te recuerda que la asistente de mi hermano ha dimitido? A ver, a Logan le va a fastidiar con lo ocupado que está, pero en serio, me ofende —sigue sonriendo, así que sé que no está ofendido en absoluto, por lo que continúo.

—Ha roto con Mike...

—No vas a volver con ese imbécil, antes lo mato.

Suelto un bufido poco delicado. La idea de acercarme a Mike es de risa después de haberme enamorado tan profundamente de Drew. —Claro que no, tonto. Pero ha dicho algo que me ha dejado pensando.

—Ah, ¿sí? ¿Qué ha dicho?

—Dijo que Mike no satisfacía sus necesidades.

—No me sorprende. Dudo que pudiera llenar un dedal. ¿Y? —Se encoge de hombros.

—Ella no estaba satisfecha —hago hincapié en mis palabras, pero luego lo suelto de golpe—: Me ha dicho que dejaba el trabajo porque había roto con Mike, y luego me ha contado que solo se besaban.

Nunca pasaban de ahí porque... él no podía...

—Vuelvo a levantar las cejas, instándole a que no me obligue a decirlo.

—¿No se le levantaba? —Drew tose para disimular la risa—.

Así que fue un capullo contigo, diciéndote que tú tenías la culpa de sus problemas, que no la tenías, por cierto, porque te juro que me la pones dura, nena, a todas horas .

Pero la verdad es que la razón por la que no daba la talla es porque su propio equipo está defectuoso.

No me sorprende. Ese tipo está resentido con el mundo, no tiene nada que ver con nadie más, y mucho menos es culpa tuya.

—Mike y yo intentamos tener sexo aquella vez, pero no funcionó.

Siempre pensé que era por mi culpa. Que no me encontraba atractiva, que quizá si estuviera más delgada, o me peinara de otra forma o...

otra cosa. Pero si no podía ponerse duro con ella, entonces eso demuestra que el problema es suyo, no mío.

Drew deja nuestros cafés en la mesita de noche.

Luego me coge la mano. —Nena, el problema siempre fue él.

Estás jodidamente buena. Estoy como una piedra ahora mismo solo de mirarte —presiona mi mano contra su entrepierna y, efectivamente, está duro.

Luego pone mi mano sobre su corazón—. Nunca creas que eres nada menos que perfecta.

Lo digo en serio, Skyla. Lo has cambiado todo para mí.

Mi hija te quiere. Yo te quiero —su sonrisa hace que mis entrañas se derritan y mi piel vibre—. Hay algo que quiero preguntarte.

—Oh —mi corazón galopa.

—Ya lo he consultado con Callie y está encantada, pero entenderá que quieras esperar.

Mi corazón va a mil por hora, la anticipación y la emoción mantienen mi cuerpo rígidamente quieto, pero bajo la superficie, una corriente eléctrica de entusiasmo gana impulso.

La expresión de Drew es una combinación desesperada de esperanza y miedo mientras escudriña la mía buscando un atisbo de valor.

Traga saliva con dificultad y exhala despacio, con la voz cargada de emoción.

—La casa está casi terminada y lista para que nos mudemos.

No puedo imaginar una vida en la que me mude de este ático y no te vea todos los días.

De hecho, odio la idea de no verte a diario.

Sé que ahora estamos saliendo en serio y que tenemos que planear cosas juntos, pero quiero más.

No hay garantías en esta vida, lo sé, pero también sé que podemos hacer que las probabilidades jueguen a nuestro favor.

Así que... —el nerviosismo emana de él, lo que le da un aspecto adorable—.

Estoy tan nervioso que estoy sudando —respira hondo—. ¿Te vendrías a vivir con nosotros?

—Yo... —estaba segura de que me iba a proponer matrimonio y una carcajada escapa de mi garganta por mi exceso de emoción—. ¿Irme a vivir contigo? Es un paso importante, ¿estás seguro?

Él sonríe de oreja a oreja, asintiendo al mismo tiempo. Es contagioso y yo también empiezo a asentir.

—Me encantaría irme a vivir contigo y con Callie.

Le echo los brazos al cuello y busco inmediatamente su boca, pero él se aparta, escondiendo los brazos tras la espalda. Lo observo con curiosidad un instante.

—Menos mal que has dicho que sí a lo de mudarte, porque sería una faena que mi mujer viviera en otro sitio.

La sonrisa de Drew se desvanece un poco, entre los nervios y la incertidumbre.

Extiende las manos ante nosotros y veo una cajita negra de cuero grabado.

Cuando abre la tapa con el pulgar, hay un diamante enorme y perfectamente circular asentado con orgullo en el centro.

La alianza es de oro blanco y la piedra está sujeta por un racimo de piedras más pequeñas.

Desprende rayos de luz de colores en todas direcciones y hace que mi corazón amenace con estallar en mi pecho.

—Es tan grande —susurro, atónita.

—No es la primera vez que te oigo decir eso —responde él con picardía.

Me sonrojo y me remuevo en la cama, mirando maravillada la hermosa promesa que tiene entre las manos.

—Cásate conmigo, Skyla. No quiero perder ni un momento más dudando y viviendo en el pasado. Di que sí y lancémonos juntos hacia nuestro futuro.

Una emoción pura y una alegría desbordante me llenan hasta que siento que estoy a punto de estallar.

Le rodeo los anchos hombros con los brazos y su mirada se vuelve ardiente cuando el edredón se escurre y sus ojos se clavan en mi desnudez.

Mi corazón se acelera ante la oleada de deseo que surge entre nosotros.

Sin decir una palabra, sé que me quiere y eso me envía un escalofrío por las venas.

Nos despojamos rápidamente de su ropa y en un abrir y cerrar de ojos él está tan gloriosamente desnudo como yo.

—Condón. Ahora —jadeo, y él saca uno del cajón, poniéndoselo en cuestión de segundos. Nunca me había tomado el tiempo de admirarlo así, pero su erección es impresionante. Sedoso, grueso y largo; mi corazón se vuelve loco, mi cuerpo tiembla de necesidad.

—Qué Diosa tan hambrienta esta mañana —dice, sonriendo con suficiencia.

—No tienes ni idea —respondo. Lo deseo tanto que se me nubla la vista y me mareo. A estas alturas, temo que me dé un paro cardíaco antes de conseguir sentirlo dentro de mí.

He echado de menos esto toda mi vida adulta, esta conexión y cercanía con una pareja, pero no me arrepiento de nada.

Desde la primera vez que se quedó mirando mi trasero, Drew me ha hecho sentir tan hermosa, deseada y amada, que no puedo imaginar que haya nada superior a lo que siento por él.

Le empujo la cabeza hacia abajo y le lamo el labio inferior. —Te quiero.

Él jadea mientras me besa el cuello. —Voy a ir muy despacio —su dedo recorre mi pecho—.

Verás, te hice la promesa de que voy a adorar y aprender cada centímetro de ti.

Cada vez será mejor que la anterior —me tumba en la cama—.

Más fuerte —sus dedos bajan por mi ombligo—.

Más intenso —pasa rozando mi sexo—. Verás, no sabía que me habías honrado con tu primera vez.

Fue demasiado brusco; fui demasiado rápido...

—Me gustó —susurro, y mis rodillas empiezan a temblar.

—Oh, pero nena, hay mucho más de lo que disfrutar.

Su dedo se introduce en mi interior y me resisto a dar un respingo contra él, dejando que él tome el control.

Los ojos de Drew recorren mi cuerpo como si lo vieran por primera vez y mi cuerpo reacciona como si le respondiera de nuevo.

La piel se me pone de gallina y, cuando su boca se encuentra con mi centro, Drew me sujeta para que no salte de la cama.

—Estás tan mojada por mí, nena. El deseo se dispara en mi interior mientras me trabaja y empiezo a gemir y a balancear las caderas. —¡Dios mío! ¡Drew! —maúllo sin sentido mientras me rompo en un millón de pedazos.

—Buena chica —responde él—. Te corres con tanta fuerza para mí.

Y para cuando se introduce suavemente en mi interior, ya estoy sintiendo el comienzo de mi siguiente orgasmo.

—Tan perfecta. Hermosa. Va despacio. Tan dolorosamente despacio y suave, dándome un poco cada vez, mientras me mira profundamente a los ojos, comunicándome en voz alta y sin incertidumbre que lo que tenemos es algo más que lujuria o sexo.

La conexión que hemos construido es tan profunda que está en mi ADN.

—¡Drew! —jadeo mientras me llena. Nuestros cuerpos no podrían estar más cerca.

—Me pone mucho que digas mi nombre. Nadie ha dicho nunca mi nombre como lo haces tú. Nadie me ha mirado nunca como tú lo haces, como si me vieras entero. Supongo que eso también te convierte en mi primera vez.

Se inclina para besarme, moviéndose tan suavemente contra mí que podría desmayarme de necesidad.

Cada terminación nerviosa está en llamas.

Mi interior ansía el alivio. Su boca está caliente sobre la mía.

El calor me abrasa por dentro y mis piernas empiezan a cruzarse en tijera, así que le agarro de los hombros para anclarme mientras surge la necesidad de desmoronarme.

—Cariño, voy a... —Cierra los ojos con fuerza y los vuelve a abrir.

Me mira como si fuera la persona más hermosa del mundo, y eso es como echar gasolina al fuego que ya me desgarra.

Por un segundo rompe el contacto visual y yo sigo su mirada mientras observa nuestros cuerpos entrelazados.

Mueve las caderas en círculos y luego empuja mientras yo me froto contra él con total abandono.

Nos deshacemos juntos, aferrados el uno al otro como si nos ancláramos mutuamente.

Drew deja escapar un gruñido primigenio, mientras yo siseo pidiendo clemencia al Señor y otras súplicas incoherentes que finalmente terminan con fuegos artificiales y explosiones.

Y, durante todo el tiempo, me pregunto cómo he llegado a estar de repente tan total, dichosa y perfectamente satisfecha.

Para cuando vuelvo a ser consciente de mi cuerpo, y nuestra respiración es pausada, constante, inhalando y exhalando, y con Drew todavía dentro de mí, completando nuestra unión, me doy cuenta: esta es mi vida ahora, y no podría ser más feliz.

Entonces Drew se vuelve hacia mí y me dice: —¿Eso es un sí, entonces? ¿Te casarás conmigo?

—Sí —susurro—. ¡Dios, sí!