Epílogo
Drew
U nos meses después
—Suelta el protector solar y quita las manos de mi culo, Sr. Blingwood —dice Skyla por encima del hombro desde la tumbona mientras le extiendo la loción, con cuidado de apartar la parte de abajo de su biquini para que su dulce trasero no se queme.
—Me gusta ser minucioso, Sra. Blingwood —respondo, trazando un círculo extra, adorando la forma en que su piel se rellena bajo mi palma.
Se da la vuelta sobre la espalda y coge la revista que ha estado leyendo de la mesa auxiliar.
—Oh, eres minucioso, Sr. Blingwood. Muy minucioso, de hecho.
—Una sonrisa le tira de las comisuras de los labios.
Deslizo mi dedo por su muslo mientras recuerdo lo minucioso que he sido con ella anoche y dos veces esta mañana.
—Sr. y Sra. Blingwood, ¿puedo ofrecerles algo de beber? —pregunta el camarero mientras recoge nuestros vasos vacíos. Pedimos las bebidas y luego nos recuerda—: Pilates para parejas en treinta minutos. ¿Asistirán?
Miro a Skyla con sorna pero respondo al camarero. —Depende de si se me van a quedar mirando el culo. A veces, me siento como un trozo de carne ahí dentro.
Skyla enrolla la revista y me roza la oreja mientras me da un manotazo juguetón. —Yo no te miro el culo. —Sisea culo como si fuera una palabra obscena y me encanta lo fácil que es ponerla nerviosa—. No todo el tiempo.
Arqueo una ceja hacia ella. Me estaba mirando el culo y lo sabe. Luego me vuelvo hacia el camarero. —Caballero, ¿hay alguna cámara de seguridad que pueda verificar si mi privacidad ha sido vulnerada?
Skyla se ríe y sacude la cabeza mientras el pobre camarero parece debatirse entre si debería tomarnos en serio o no.
—Traeré las bebidas —dice finalmente, decidiendo que nuestro debate es uno en el que no desea involucrarse y dejándonos a nuestras riñas.
—Me estabas mirando el culo de arriba abajo.
Ella niega con la cabeza, riendo entre dientes, e intenta golpearme de nuevo con la revista, pero esta vez la atrapo y tiro de ella hacia mí; la tentación de besarla es abrumadora.
—Solo tienes una cosa en mente —dice, con la mirada encendiéndose. Sus labios, carnosos y tentadores, están peligrosamente cerca de los míos.
—Ahora que eres mi esposa, es una condición que debo aprender a soportar.
—Presiona sus labios contra los míos y la rodeo con mis brazos para atraerla y compartir mi tumbona.
Su traje de baño, aún húmedo por su baño de antes, se presiona contra mi pecho mientras profundizo el beso—.
De verdad deberíamos quitarte esta ropa mojada.
Su sonrisa se vuelve pícara. —¿Ah, sí? ¿Es hora de volver a la habitación?
—Creo que sí. Me siento mareado y no estoy seguro de si es una insolación o la erección que tengo. Supongo que es lo segundo.
—Quizá deberíamos volver a nuestra habitación y pueda solucionártelo.
Asiento, pero nos interrumpen. El camarero ha vuelto y me entrega un cuenco con algo de hielo. —Para su ojo, señor .
Ante mi mirada curiosa, señala mi sien con la cabeza y mis dedos tantean automáticamente la piel donde recibí un rodillazo fortuito en la cabeza anoche mientras Skyla se corría sobre mi lengua.
Me descubro sonriendo con suficiencia al recordar el momento en todo su esplendor.
—Está bien —respondo—. Fue un accidente. —Sonrío tanto que el pobre camarero no tiene ni idea de si soy un marido maltratado o un tonto torpe. De cualquier forma, no me importa. Vale la pena el moratón. La cara de Skyla cuando se corre se ha convertido en mi visión favorita. No tiene precio.
Cuando se ha ido, le digo a Skyla: —Me encanta cuando pierdes el control.
Ella extiende la mano y me acaricia la sien, y admiro la alianza en su dedo que indica que es mía. —Lo siento. ¿Duele mucho?
—No. No duele nada. ¿Podrías darme otro en el otro lado más tarde si quieres?
Skyla me empuja juguetonamente con la palma de la mano y responde: —Estás loco.
—Estoy loco por ti, cielo.
Se ríe aunque no he contado ningún chiste y, al verla tan feliz, siento una agitación en el pecho. Esta es mi vida ahora. Me he convertido en una de esas personas que lo tienen todo.
—Sra. Blingwood —digo, puramente porque me gusta cómo suena el nombre en mi lengua.
—Sí, Sr. Blingwood —responde Skyla, inclinándose para recoger la revista que se ha caído al suelo—. Me va a llevar algún tiempo acostumbrarme a que me llamen Sra. Blingwood.
Atrapo su mano entre las mías y la acaricio con el pulgar. —Sra. Blingwood —repito—. Te queda bien el nombre.
—Tres días y no has dejado de llamarme así. —Suspira con una sonrisa—. Fue una boda preciosa.
—La mejor a la que he ido —respondo.
—¿Has sabido algo de Callie hoy?
—Sí. Ella, mamá y Pixie han estado fuera paseando con los otros perros rescatados. Le llevarán el almuerzo a Logan más tarde, así que ha dicho que nos hará una videollamada después de que hayan comido.
Skyla sonríe. —Está creciendo muy rápido. ¿Cómo está Logan?
Le aprieto la mano. Skyla quería esperar para casarnos para no restregarle nuestra felicidad a Logan tras su afortunado escape de Dana, pero yo sabía que a él no le importaría.
—Logan está bien. Creo que se alegra de que nos escapáramos con Callie para casarnos y jura que nunca volverá a acercarse a otra boda, pero estaba feliz por nosotros. Te quiere.
—Jessie me ha enviado un mensaje diciendo que otra de las asistentes personales de Logan se ha ido.
Ya son tres las que se han marchado. Siempre ha sido tan agradable trabajar con él, pero últimamente está tan infeliz que se está reflejando en su trabajo.
—Saca su teléfono del bolso y desliza la pantalla, maldiciendo por lo bajo—.
Solo compruebo mis correos. Otra agencia de empleo se niega a enviarle más sustitutos. Si sigue así, acabará sin personal.
—No sé qué le pasa. ¿Hay alguna otra agencia de la que pueda sacar una asistente?
—Envié un SOS anoche. Otra agencia que uso a veces está intentando cubrir el puesto. Espero que se porte bien. —Parece indecisa y preocupada por él.
—Cuando volvamos de la luna de miel, hablaré con él. Estoy seguro de que estará bien en cuanto la prensa deje de publicar artículos de cotilleo especulando sobre por qué él y Dana rompieron. No te preocupes. Esta es nuestra luna de miel, no más revisar correos.
Skyla asiente y luego deja su teléfono y levanta la revista.
—Esta afirma que Dana tuvo un aborto espontáneo y Logan se culpa por ser un adicto al trabajo.
La pintan a ella como a una santa y a Logan como alguien frío y distante.
Las mentiras son tan molestas que no sé cómo puede soportarlo.
Pensé que una vez que Dana dejara de publicar sus mentiras en las redes sociales el revuelo se calmaría, pero el silencio está aumentando las especulaciones.
Me encojo de hombros. —A la mierda con lo que digan. Todo el mundo sabe que lo que imprimen en esos panfletos y en internet es pura basura.
La mirada de Skyla se entristece y mete la revista en su bolsa de playa. —Aun así, le está afectando. Está muy estresado con el nuevo complejo y retomando su vida. Me preocupo por él.
—Yo también, pero es fuerte. Además, me ha enviado un mensaje antes. Se ha cruzado con Betty y, ¿adivina qué le ha dicho ella?
Ella niega con la cabeza. —No me digas que...
—Sí. Fue directa y le soltó: «¡Lo que tú necesitas es un buen polvo! ».
Ambos estallamos en carcajadas, y luego Skyla dice: —Bueno, cuando Betty tiene una epifanía, normalmente tiene razón.
—Ciertamente dio en el clavo cuando me lo dijo a mí. —Le guiño un ojo y su piel se sonroja.
—¡Betty es la mejor! Me alegra mucho que se quede cerca ahora que se ha jubilado. Es como de la familia para Jessie y para mí.
—Hablando de familia, ¿has sabido algo de tu madre?
—Solo por teléfono desde que nos vimos para almorzar antes de la boda. Acordamos que organizaríamos algo cuando vuelva a casa. Todavía nos estamos tomando nuestra relación con calma.
—Estoy muy orgulloso de ti, nena.
Skyla arquea una ceja. —¿Por qué?
—Por tu capacidad de amar. De perdonar. Hicieron falta agallas para contactar con tu madre y empezar la conversación.
Yo pasé casi un año evitando obtener respuestas de la carta de mi viejo, y años antes de eso evitando la discusión por completo.
Tú decidiste ver qué tenía ella que decir y, aunque no te gustó todo, la perdonaste.
Su pulgar empieza a trazar círculos en el dorso de mi mano y sonríe.
—Supongo que pasar por eso contigo me dio una lección.
Nada bueno sale de retrasar las cosas. Estaba lista para obtener respuestas, así que decidí que tenía dos opciones.
Verme con ella mientras todavía tenía la oportunidad o decidir que no iba a perdonarla y aprender a seguir adelante.
Me alegro de haber decidido verla. Ayuda el hecho de que yo estuviera en el estado mental adecuado y tuviera el apoyo de amigos y familiares en los que apoyarme en caso de que no fuera bien.
—Su mirada se cruza con la mía y me invade otro sentimiento de puro amor y asombro—.
Mi madre era joven cuando me tuvo y cometió errores de los que se arrepiente.
Mi padre también cometió errores, pero me alegra que se disculpara. Estaré bien. He salido bien...
—Has salido mejor que bien.
Sus ojos se desvían perezosamente hacia los míos. —Tú también has salido bastante bien.
—Eso es porque aceptaste casarte conmigo y vivir conmigo y con Callie. Mi vida nunca ha sido mejor y voy a asegurarme de que siga así.
Skyla se inclina para besarme el hombro, pero yo me abalanzo y atrapo sus labios con los míos, profundizando el beso con la lengua. —Perfección.
Ella se incorpora y toma un sorbo de su cóctel. —No puedo prometer que seguirá siendo perfecto.
—Oh —respondo, incorporándome hasta quedar sentado—. ¿Por qué dices eso?
—Bueno, puede que haya aceptado que haremos algo, y es algo que puede que no te guste.
Hago crujir mi cuello y giro los hombros. —Nena, si es contigo, no hay nada a lo que no pueda enfrentarme.
Skyla parece lo bastante insegura como para despertar mi interés. —¿A qué me enfrento?