Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 34Drew
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Capítulo 34Drew

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

Drew

S aco la hoja de papel del sobre y reconozco de inmediato la caligrafía infantil y garabateada de mi padre. El único sonido es el de Pixie, que ronca suavemente a mis pies.

Me aclaro la garganta, dispuesto a leer los pensamientos de mi padre en voz alta, cuando la delicada mano de Skyla se posa sobre la mía.

—No tienes por qué leerla. —Sus profundos ojos marrones brillan en la habitación inundada de sol—.

Quiero estar contigo. Si lo que está escrito en esa carta va a hacerte daño, si va a cambiarte o a cambiar las cosas entre nosotros, entonces no quiero que la leas.

Los cincuenta kilos de tensión acumulada que han estado oprimiendo mi pecho se evaporan de repente, dejándome una sensación de ligereza y energía. Nuevo.

—¿De verdad? ¿Nos darás una oportunidad?

Ella asiente; sus mejillas se sonrojan al sonreír, pero sé que solo intenta evitarme el dolor. Hay asuntos pendientes en esta carta y no voy a permitir que se interpongan en mi futuro con Skyla.

—No te arrepentirás. No dejaré que te arrepientas nunca, ni por un segundo.

—La rodeo con mis brazos y, aún aferrando el trozo de papel, la levanto del taburete de la encimera, haciéndola girar.

Skyla acerca su boca a la mía y la ligera presión de su beso hace que la electricidad recorra mi cuerpo.

—Te quiero —digo, interrumpiendo el beso antes de iniciar otro.

Encaja tan perfectamente conmigo, impecable.

Cada curva y cada relieve de su cuerpo es una utopía sin igual, sin rival.

Nos separamos para tomar aire y mi boca viaja hasta la base de su cuello, luego baja por su clavícula y ella suelta un gemido tentador.

De repente pienso en todas las formas en que puedo hacerla gemir un poco más, y entonces me doy cuenta de que tenemos un potencial exponencial para toda una vida de momentos así.

Esta gloria perfecta. No tiene por qué terminar; de hecho, puede durar para siempre.

Todo lo que hace falta es tiempo y un salto de fe.

—¡Maldición! —digo, volviendo a la realidad. Bajo a Skyla hasta que toca el suelo y luego consulto mi reloj.

—¿Qué pasa? —Su voz tiembla de miedo y yo la beso hasta dejarla sin aliento para tranquilizarla.

—Es la boda de Logan esta noche. —Levanto la carta de mi padre hasta que queda entre nosotros—. Mi familia. Callie. Esperan que esté allí. Y ya no quiero que el contenido de esta carta me impida seguir adelante. Necesito leerla y hacer las paces con lo que sea que diga.

Y entonces vuelve a suceder: el papel de repente parece pesar cien kilos.

Skyla me ha dado la excusa perfecta para guardarlo y no volver a mirarlo nunca.

Y deseo hacer eso. Guardar esta carta y no leerla significa que nunca tendré que descubrir qué sentía mi padre por mí justo antes de morir.

Pero la otra mitad de mí, la parte que se siente valiente y fortalecida por la mujer que tengo al lado, siente que es hora de averiguarlo.

—Necesito estar presente para las personas que quiero, y eso te incluye a ti.

Leer esto no cambiará lo que siento por ti, pero podría cambiar lo que tú sientes por mí.

—Y eso mismo, me doy cuenta, es la única razón de mi inquietud actual.

La miro a los ojos, tan inocentes y puros, que me pregunto qué le estoy pidiendo al arriesgarse con un tipo como yo—.

¿Prometes que no oirás esto y te darás cuenta del error que estás cometiendo?

—Es una súplica débil y una promesa que no debería pedirle que hiciera.

Ella me acaricia la mandíbula, inclinando mi barbilla con sus dedos pulgar e índice hasta que sus ojos encuentran los míos.

—No hay nada que nadie pueda escribir o decir sobre ti que vaya a asustarme, porque conozco al verdadero tú.

Sé que eres gruñón, mandón y sacrificado.

Pero también sé que eres amable, generoso, apasionado y que amas con tal profundidad que eso te hace temer y actuar un poco como un loco.

Tu corazón es grande y puro, y confío en ti para que cuides del mío.

El alivio es una ola que cae sobre mí.

—No te arrepentirás. Creo en nosotros —respondo, apoyando mi frente contra la suya. Huele tan bien que me embriago de ella. Cuando me echo hacia atrás, observo cómo se pasa suavemente la lengua por el labio inferior y eso hace que me laten los huevos.

—Tengo muchísimas ganas de follarte ahora mismo.

Ella sonríe seductoramente y la mano que no sujeta la carta rodea su cuerpo y aprieta su culazo.

¿Alguna vez me cansaré de tocarla? Lo dudo.

—Olvida eso. No quiero follarte. Quiero hacerte el amor.

Quiero adorar cada centímetro de tu cuerpo y volver a familiarizarme íntimamente con cada parte de ti.

—Mi pulgar traza círculos en su cadera, mi polla se endurece ante el pensamiento, pero mi cabeza me dice que hay cosas que debo hacer primero—.

Leo esta dichosa carta, vamos a la dichosa boda y, cuando todo termine, te vienes conmigo al ático y me paso toda la noche haciéndote correr. ¿Trato?

Ella niega con la cabeza. —No confirmé mi asistencia a la boda. Pero me apunto al resto de tu plan.

—No me importa si no confirmaste, a los organizadores tampoco les importará. Es una boda de un cuarto de millón de dólares. Estoy seguro de que pueden encontrar una silla extra y un plato de comida. Si no pueden, te sientas en mi rodilla y yo te daré de comer de mi plato.

Ella suelta una risita y es el mejor sonido del mundo entero. —Está bien, iré a la boda. Pero necesito ver a mi padre antes de que se marche. No quiero odiarlo por lo que ha pasado porque sé que no es una mala persona. Le haré entender que algún día me gustaría ver a mi madre y obtener respuestas.

—Eres increíble.

—Tú también. —Sus ojos bajan hacia la hoja de papel que aún sostengo y sonríe—. Estoy aquí contigo.

—Vale. Allá va. Solo una nota de mi padre fallecido. No será para tanto, ¿verdad?

—No importa si escribió lo peor del mundo, Drew. Yo sé la verdad. Eres un buen hijo, un gran padre y un amante excelente. —Sonríe con picardía y mi miembro tira de mis pantalones.

—¿Sabes qué?

Ella arquea las cejas.

—Algún día seré un marido aún mejor.

—¿Ah, sí?

—Oh, sí. Voy a aprenderme tu cuerpo como si estudiara para el examen de mi vida y luego, cuando estés lista, me voy a casar contigo de la hostia.

—Bueno, conmigo ya tienes un sobresaliente.

La miro seriamente. —¿Solo un sobresaliente? Cariño, me has confundido con el mismísimo Dios.

—En lo que más me he centrado es en los orgasmos. —Sonríe con pesar.

Paso el pulgar por su labio inferior. —Me haces tan feliz.

Guío a Skyla hacia el sofá y le indico que se siente; luego me siento a su lado y sostengo la carta de forma que ella también pueda verla.

—Hijo — empiezo, y de repente puedo oír su voz, oler el tenue aroma de su puro de los sábados por la noche y sentir el calor del fuego que solíamos encender en el salón—.

Las cosas se nos han ido de las manos. — Me giro hacia Skyla y ella me mira con ánimo—.

Supongo que, si miro hacia atrás, hacia cuando empezó todo, fue cuando naciste.

Mi hijo. Mi primogénito. Llegaste a este mundo con la fuerza de un terremoto.

Con el ímpetu de un huracán. Tres semanas antes de tiempo; nunca he pasado tanto miedo en toda mi vida.

Por supuesto, tu madre estaba tranquila y serena como siempre.

Me cogió de la mano y me dijo que todo saldría bien, pero yo seguía cagado de miedo y rezando a las estrellas para que ambos estuvierais bien.

Y lo estuvisteis. Un niño sano de tres kilos con unos pulmones que podrían superar a un coro.

Te quise al instante, pero supongo que conoces la fuerza de ese amor, ya que tú mismo has tenido una hija... y en qué gran padre te has convertido.

Creciste rápido, y tus hermanos te siguieron en rápida sucesión.

Era como si solo tuviera que mirar a tu madre y de repente otro niño estuviera en camino, pero tú siempre fuiste especial para mí, porque fue en el momento en que naciste cuando comprendí plenamente el significado del amor y el sacrificio, y lo que algunos llamarían el pecado definitivo: el orgullo.

No eras más que un niño pequeño al que exhibía por el complejo hotelero como un trofeo.

Como si ya me hubieras dado el primer puesto de la carrera.

Le decía a todo el mundo que eras mi protegido, que te parecías tanto a mí en todos los aspectos...

Todo el mundo lo decía. Solías estar pendiente de cada una de mis palabras y seguirme a todas partes.

No lo vi venir.

Cuando Logan eligió jugar al fútbol y Tate empezó a actuar, tú te uniste al consejo escolar y pediste mejores vestuarios y un nuevo auditorio para los artistas.

Veo ahora que aquello fue el inicio de tu pasión por el diseño y de tu amor imperecedero por tu familia, y no, como yo había pensado en aquel momento, una señal clara de que ibas a convertirte en el líder de algo que tu abuelo y yo habíamos construido.

Verás, yo tenía una visión de lo que debías ser: una versión mejorada de mí mismo.

La noche que me dijiste que te cambiabas de carrera, me puse furioso; me sentí como un estúpido. Había pasado la tarde diciéndole a un reportero que estabas listo para tomar el relevo algún día.

¿Es que no conocía a mi hijo en absoluto? Me equivoqué al pagarlo contigo. Me preocupaba que estuvieras cometiendo un error, pero lo que era peor, me enfurecía que no quisieras ser como yo.

Por supuesto, tu madre, en su eterna paciencia, me dijo que no fuera tan rematadamente tonto, que eras fuerte y listo y que estabas tomando las decisiones correctas para ti. Por supuesto, tardé demasiado en verlo; el orgullo puede dejar ciego a un hombre.

Hijo, lamento decir que te pareces a mí, y no solo en las partes buenas.

Heredaste mi tozudez y mi determinación.

Cuando se te mete una idea en la cabeza, poco hay que pueda hacerte cambiar de opinión.

Y ahora, después de todo, no quiero que te parezcas tanto a mí.

Trabajo demasiado y tu viejo se ha quedado estancado en sus costumbres. Quiero más para ti.

Has levantado un negocio impresionante. Has ganado premios, aunque para mí siempre fuiste un ganador de todos modos.

Mi mayor temor por ti es que te olvides de vivir.

Dejamos pasar los años.

Yo dejé pasar los años y ahora, cuando estás en tu momento más bajo y tu hija ha perdido a su madre, no puedo guiarte, porque hemos perdido el rumbo.

Yo perdí el rumbo.

Pero no todo lo que se pierde se queda así, y no quiero perder más tiempo.

Hijo, creo que es hora de que vuelvas a casa, pero si decides quedarte y dirigir tu imperio en Nueva York con Callie, apoyo tu decisión.

Estoy orgulloso de ti y te quiero.

Papá

—¿Estás bien? —pregunta Skyla a mi lado.

No estoy seguro de si terminé de leer la carta hace un minuto o hace una hora.

—¿Estaba orgulloso de mí? —compruebo.

Ella asiente y sus manos se aprietan contra las mías. —Te quería.

—He estado retrasando la lectura de esa carta durante más de un año porque estaba convencido...

estaba tan seguro de que sería una lista de todo lo que está mal en mí, de todo en lo que fracasé.

—No sé si llorar o dar un puñetazo al aire de alegría, pero me decido por sonreír porque es el alivio lo que más me abruma—. No me odiaba cuando murió.

—No lo hacía. Tu padre te quería —dice ella de nuevo—. E incluso sin haber leído la carta o sin haber hecho lo que él te decía directamente, es como si te hubiera guiado hasta este momento. Te has forjado una vida. Tienes un buen futuro.

—Cariño, lo siento tanto. Al estar tan ausente, yo también perdí el rumbo, igual que mi padre. Tenía miedo de fastidiarlo todo, pero ya no tengo miedo.

Ella deja la carta en la mesita auxiliar y vuelve a tomar mis manos entre las suyas. —Entonces, vamos a hacer esto. ¿Tú y yo? Porque entiendo si necesitas algo de tiempo para procesarlo. Tu vida ha estado en pausa, pero ahora finalmente puedes seguir adelante.

—¿Qué? —Suelto mis manos de su agarre y la rodeo por la cintura, sentándola en mi regazo para que quede frente a mí y no haya ninguna posibilidad de que se vaya a ninguna parte—.

Cariño, está decidido. No necesito tiempo; mi único objetivo es no fastidiar esta oportunidad que me estás dando.

Así es como voy a seguir adelante ahora, contigo.

Skyla, no lo entiendes, soy un hombre en la línea de salida de la carrera y ya he ganado, porque aquí estás tú a mi lado; pero si cometo un error, lo pierdo todo.

—No vas a perderme. Eres el primer hombre al que he amado, mi primero, eso debería decirte algo.

—No sé cómo he tenido la suerte de ser el primero, pero voy a hacer todo lo posible para ser digno de ser el último.

—Ella empieza a mecerse contra mí a través del tejido de nuestra ropa—.

Me encanta cómo te mueves —agarro su trasero y lo aprieto—, y estas mejillas ya me tenían ganado desde el primer momento.

Ella sonríe con orgullo y luego sus labios chocan contra los míos. Bebo el dulce sabor de su boca, devorándola. La intensidad de mis sentimientos por ella crece en mi pecho como un fuego voraz. Cuando me retiro, sus ojos castaños brillan de deseo. —Me haces sentir que podría conquistar el mundo.

—Bueno, ya has conquistado mi corazón —admite ella—. No puedo esperar a ver qué es lo siguiente.

Skyla suelta un gemido mientras le beso el cuello y mi polla se endurece de inmediato.

Poc. Poc. Poc.

Ignoro los golpes, como si no estuvieran a punto de echar abajo la puerta. Skyla se siente tan perfecta que nada puede ser tan importante como este momento, ahora mismo.

Poc. Poc. Poc.

Skyla deja de moverse.

¡No!

—Será mejor que vaya a ver quién es —dice ella, y yo le sujeto las muñecas con los dedos.

—No, cariño. Quédate. Tenemos que consumar nuestra relación. —Su mano se desliza de la mía mientras se levanta del sofá y tengo que contenerme para no poner morritos como un niño.

—No puedo esperar a consumar nuestra relación —exhala Skyla—. ¡Ya voy! — Poc. Poc. Poc. — ¡Un momento! —exclama, cogiendo a Pixie, que ahora está ladrando.

Apenas ha abierto la puerta cuando Jessie entra en tropel.

—Hay fotógrafos por todas partes. ¿Dónde está tu móvil?

¡He estado intentando llamarte! —Jessie, alias la cortapichas, nos mira a Skyla y a mí, y yo levanto la mano para saludar—.

No hace falta adivinar por qué tú tampoco has estado contestando al teléfono.

—Pone los ojos en blanco pero no parece muy cabreada—.

Menos mal que estás aquí. Será mejor que vayas a buscar a Logan y se lo digas.

Es Dana. Ha desaparecido y toda la prensa mundial está aquí para informar de ello.