Capítulo 27Skyla
CAPÍTULO VEINTISIETE
Skyla
C allie está bien. Fractura de pierna, una costilla rota, rotura de bazo, pero está despierta y dándole caña a su padre; lo cual, personalmente, creo que se merece.
Espero que tú estés bien.
Logan.
Mensaje de Logan. Mi jefe. No de Drew.
—No he sabido nada de él desde que pasó —le digo a Jessie en la cafetería cinco días después—.
A ver, seguramente vio las flores, los bombones y la tarjeta de regalo de iTunes que llevé al hospital.
Probablemente piense que me he extralimitado, ya que lo que sea que tuviéramos se ha acabado, obviamente.
Callie estaba durmiendo y la enfermera me informó de que había obligado a Drew a ir a casa a ducharse porque estaba dejando el sitio hecho un asco, pero no he tenido contacto con él.
Ni un mensaje. Se acabó. —Parpadeo para contener las lágrimas, llorar no me servirá de nada.
Es su decisión y ya está. Y duele como si me hubieran amputado el corazón.
Pero me alegro del dolor, me recuerda que ocurrió, que lo amé y también que él no me correspondía.
—Sufrió un trauma. Si eso le pasara a Macy, yo... se está cerrando en banda, dale tiempo.
—Jess, sé que intentas ayudar, de verdad, pero él dejó claro que no teníamos futuro desde el principio. El accidente ha acelerado el final. No me quiere en su vida, y eso está bien. —Me levanto y cojo el plato con la comida intacta—. Voy a llegar tarde a mi paseo de la hora de comer. Te veo luego.
La luz del sol me ciega en cuanto salgo de la cafetería.
Con mi ánimo así de sombrío, el sol no tiene derecho a brillar con tanta fuerza.
Me apresuro hacia la perrera, buscando a Drew con la mirada durante todo el camino, aunque sé que estará en el hospital.
He visto a Logan dos veces esta semana y me ha dado noticias sobre Callie, por no mencionar que Callie me ha enviado una docena de mensajes. Pero nada de Drew.
—¡Has venido! —dice la madre de Drew, Cassandra, desde el porche de la perrera. Lleva una camiseta roja con el lema: El amor no se compra, se rescata. A su lado hay dos perros con las correas ya puestas.
—Por supuesto —respondo—. Vengo todos los días a mediodía. Aunque normalmente uno de tus ayudantes me entrega un perro para pasear. —Un perro salchicha bastante entusiasta me salta encima y pongo todo el entusiasmo que puedo al saludarlo.
—Sé que lo haces. He pensado en acompañarte hoy, ¿si no te importa? —Asiento y ella me entrega la correa del perro salchicha—. Tú lleva a Sammy y yo me encargaré de Dobby. —Nos ponemos en marcha hacia el parque y los nervios me revolotean en el estómago.
¿Por qué camina Cassandra conmigo?
—¿Está todo bien? ¿Está Callie...?
—Está bien. —La mano de Cassandra presiona suavemente la mía—. Logan te ha tenido al tanto, ¿verdad?
—Sí. Lo he visto dos veces. Lo último que supe es que Callie estaba con muletas, analgésicos y antibióticos, pero con la esperanza de irse a casa pronto.
—Callie ya no necesita los analgésicos y deberían darle el alta hoy mismo.
Estaba encantada de que pasaras a verla.
Es una pena que estuviera durmiendo, a Callie le habría gustado verte.
—Cassandra habla con naturalidad, con la mirada fija en el camino, pero hay un tono sombrío en su voz—.
A Drew también le habría venido bien verte.
Ha estado gruñendo por todas partes como un oso herido.
—Pensé que era mejor no andar por allí...
Después de cómo quedaron las cosas con Drew, me preguntaba si no me estaría entrometiendo al ir a visitarla.
Dejó bastante claro en el hospital que no me quería cerca.
Pero tenía que ir y ver que ella estaba bien.
No quería que Callie pensara que no me importa, porque me importa, de verdad que sí.
—Estoy balbuceando y las lágrimas me escuecen en los ojos—. Lo siento. No sé por qué estoy tan...
La mano de Cassandra me agarra el brazo y me obliga a detenerme.
—Skyla, cariño, estás disgustada porque los quieres y se hicieron daño.
Y tú también. Está bien ponerle nombre a lo que sientes.
Mi hijo mayor cree que si esconde sus sentimientos, no saldrá herido.
Cree que si se dice a sí mismo que no siente nada por ti, acabará siendo verdad.
—Su agarre en mi brazo se convierte en una caricia suave y reconfortante—.
Es un necio testarudo, igual que lo era su padre.
—Me suelta el brazo y me hace un gesto para que siga el camino—.
Drew pensó que la perdía. Su mundo estuvo a punto de venirse abajo y se culpó a sí mismo.
Un día de estos se dará cuenta de que los sentimientos auténticos y reales, como el amor, no se pueden apagar como un interruptor.
—Él no... —Niego con la cabeza—. Cassandra, Drew y yo no estábamos saliendo. No de verdad. Él no me ama.
—¿Ah, no? —Parece confundida—. Callie dijo que ibais a cenar fuera y que visitabais el ático y la casa nueva. Dijo que fuiste con ella a la peluquería. Y sé que te invitó a la fiesta de compromiso.
—Bueno, sí. Pero no era... —Su madre arquea una ceja, con los ojos clavados en los míos.
Por favor, Dios, no me obligues a tener que explicarle que solo era una amiga con derecho para su hijo.
—A mí me suena mucho a salir juntos —aporta ella—.
Creo que mi hijo te ama, pero no quiere admitirlo, ni siquiera ante sí mismo.
Verás, se culpa a sí mismo por la muerte de su padre.
No importa cuántas veces le diga yo, o sus hermanos, que nadie tuvo la culpa; Drew se odia a sí mismo por no haberse reconciliado con su padre antes, y se ha quedado estancado. Ha dejado de correr riesgos.
—Señora Blingwood...
—Cassandra.
—Cassandra, agradezco que intentes hacerme sentir mejor, pero de verdad creo que te equivocas. Establecimos unas reglas desde el principio. Verás, me voy a mudar al nuevo complejo. Nunca planeamos...
—Él planeó ir sobre seguro. Tú planeaste una estrategia de salida; ambos estáis amargados.
—No estoy amargada —digo con un mohín audible—. Vale, estoy un poco molesta. Es tan testarudo y no quiero tener que convencer a alguien para que esté conmigo. No es así como debería funcionar el amor.
—Drew siempre ha sido testarudo. Quizá sea porque es el hijo mayor.
Él ponía todas las reglas y luego se volvía loco cuando los demás las rompían.
Sabía que su padre quería que se hiciera cargo del negocio, y Drew nos sorprendió a todos cuando eligió otra cosa.
Puede que te haya contado un poco de cómo fue aquello.
Asiento, recordando a Drew explicando cómo aquello destruyó la relación con su padre.
—El sentido de la responsabilidad personal de Drew hacia los demás será su perdición.
Cree que la felicidad de otros depende enteramente de las decisiones que él toma y se culpa cuando las cosas van mal; es parte de la razón por la que todos nos sorprendimos tanto cuando siguió a su corazón hacia una carrera que amaba.
Pero quizá por eso ya no está tan dispuesto a seguir a su corazón, tiene miedo de que vuelva a salir mal.
—Pero eso es una estupidez. Tiene un corazón enorme y cuando deja entrar a la gente es... — Mágico.
—Su padre era igual de testarudo. Se tomó la elección de Drew como un desprecio personal.
Intenté intervenir, pero no sirvió de nada.
No fue hasta la noche del velatorio de Crystal cuando pensé que iban a hacer las paces.
Pero entonces, ¿te lo puedes creer?, la pelea ya no fue por el tipo de negocio de Drew, sino por dónde debía criar a su hija. Drew se sintió atacado.
—Pero volvió a casa, como su padre quería.
—Sí. Pero, como la mayoría de las veces, Drew tenía que pensar que era idea suya. —Me guiña un ojo.
—Tiene sentido, le gusta tener el control.
Doblamos la esquina y veo el centro de rescate de la perrera más adelante.
—Drew ha guardado una carta que le escribió su padre, y durante el último año ha tenido demasiado miedo para abrirla.
Le preocupa que confirme todas las cosas que cree que su padre pensaba de él, así que prefiere no descubrirlo.
No tengo ni idea de lo que Peter escribió en ese papel.
Las emociones estaban a flor de piel después de su discusión.
La escribió la mañana de nuestra partida y la dejó para que Drew la encontrara.
Me gustaría pensar que Peter no habría escrito nada malo; sabía cuánto estaba sufriendo Drew, pero la verdad es que no lo sé.
Pero es hora de que Drew se dé cuenta de que nadie es responsable de la muerte de otra persona, al igual que no pueden garantizar la felicidad de otro.
Eso viene de dentro. —Niega con la cabeza—.
Drew camina con el peso del mundo sobre sus hombros.
Cree que su trabajo es sostenerlo todo y aún no ha aprendido a compartir la carga.
Pero no te rindas con él, acabará entendiéndolo.
—No creo que quede mucho a lo que aferrarse —admito.
—¿Qué vas a hacer luego? —pregunta ella—. A Callie le dan el alta y le gustaría que estuvieras allí para recibirla cuando vuelva al ático.
Niego con la cabeza. —No creo que Drew lo aprobara. Además, tengo un montón de colada pendiente. Estaré en la lavandería media noche. Pero iré a verla una vez que esté instalada.
—¿Quieres decir que vendrás a verla cuando sepas que Drew no está allí?
Suelto media carcajada y asiento. —Drew quiere espacio.
Cassandra coge la correa que le ofrezco y tira de los perros en dirección a la perrera. —Está bien. Pero recuerda, no te rindas todavía.
Más tarde esa noche, estoy comiendo un bote de helado y viendo reposiciones de Sexo en Nueva York cuando recibo un correo electrónico:
Para: Skyla Manning
De: Sue Manning
Asunto: Por favor, escúchame
Borro el correo electrónico.