Capítulo 26Drew
CAPÍTULO VEINTISÉIS
Drew
C orro, pero mis piernas no parecen responder y tardo una eternidad en llegar hasta ella.
Está en el suelo, con las extremidades extendidas en ángulos imposibles.
El conductor ha salido del coche y le suelto un puñetazo en toda la cara a ese malnacido mientras paso de largo para llegar hasta mi hija.
Logan ya está con el teléfono llamando a la ambulancia, Tate está junto a Callie y yo me retuerzo las manos como un imbécil inútil rogándole a los dioses, suplicándole al mismísimo Jesucristo que Callie esté bien.
Está tan quieta.
—Callie.
—Cariño, háblame. Abre los ojos.
Estoy agachado a su lado, con las lágrimas cayéndome por la cara mientras repito su nombre una y otra vez.
—Se va a poner bien, Drew —dice Tate.
Creo oír sirenas, pero quizá sea el pitido en mis oídos mientras lo que más me importa en todo el mundo yace destrozado en el suelo.
No estaba con ella.
No la estaba guiando al cruzar la calle. No estaba presente cuando importaba. Supuse que mi familia se encargaba de ella.
Debería haber podido confiar en mí.
¿Qué estaba haciendo yo mientras ella cruzaba la maldita calle sola?
Flirteando con mi follamiga.
Logan me aparta. —Drew, tienes que echarte atrás para que los sanitarios puedan ayudarla.
Un impacto y una rabia que calan hasta los huesos se asientan en mi alma y todo se vuelve oscuro.
—Saldrá pronto de quirófano —dice mamá caminando de un lado a otro del pasillo, pero no lo sabe, solo está adivinando. Se llevaron a Callie a cirugía hace horas.
Hemorragia interna.
Mis instintos me impulsan a ir directo a la comisaría, encontrar al tipo que conducía el coche y darle una paliza hasta que sus entrañas sangren. Por fuera también. Hasta que no sea más que un guiñapo ensangrentado.
Pero la verdad es que hay alguien más cerca de casa que merece ese castigo mucho más.
Yo.
—Se va a poner bien —dice mi hermana. Es la tercera vez que lo dice en otros tantos minutos y no sé si intenta convencerme a mí o a sí misma.
—El conductor ha doblado la esquina como si estuviera en un circuito de carreras.
Voy a contratar a los mejores abogados. Me aseguraré de que ese imbécil no vuelva a poner un pie fuera de la cárcel en lo que le quede de su miserable vida —dice Logan, caminando de un lado a otro con los puños cerrados.
—La policía lo tiene. Va a pagar —dice Tate, aunque no estoy seguro de si me habla a mí. Estoy atrapado en mi propia cabeza; todo lo que pasa a mi alrededor es solo ruido y nada importa hasta que sepa si mi pequeña está bien.
Tengo el cuerpo tan tenso que no noto la mano que me aprieta la rodilla hasta que miro hacia abajo y la veo temblar por la tensión.
Cuando miro a Skyla, tiene la cara blanca como el papel. Sus grandes ojos marrones brillan, mirándome como si quisiera ayudarme. O, qué demonios, quizá quiere que yo la ayude a ella. Quizá se siente tan culpable como yo.
El dolor de sus ojos es insoportable.
Aparto la mirada.
Luego me levanto y me pongo a caminar al lado de mi madre.
—A la gente tan imprudente no se le debería permitir tener coche —dice mamá.
—Debería haber estado caminando al lado de Callie, entonces esto nunca habría pasado.
—No, tío. Estaba justo detrás de mí. Estaba charlando con Tabs. Esto es culpa mía —dice Logan.
—Debí haber esperado. Os estaba espiando a vosotros dos. —Tate señala con la cabeza hacia Skyla y hacia mí—. Pero el coche iba demasiado rápido. Debía de ir a ochenta. La culpa es del tipo que conducía.
—No. Soy su padre. No debí haberle soltado la mano nunca.
—Drew, tiene doce años. No puedes llevarla de la mano todos los días por el resto de su vida. Estaba cruzando de forma segura. Si el conductor no hubiera ido con exceso de velocidad...
—¡Déjalo, Tabitha! —siseo—. Sé que conducía demasiado rápido. Lo sé. Pero aun así debería haber estado allí para salvarla.
Mamá intenta consolarme rodeándome con sus brazos, pero estoy demasiado agitado para quedarme quieto.
El consuelo que me ofrece me resulta incompatible con lo que merezco.
Me zafo de ella y me muevo hasta quedarme frente a la ventana que da al aparcamiento.
El cielo azul de antes es ahora de un rojo oscuro y colérico mientras se pone el sol, y me pregunto cómo pude llegar a pensar que era hermoso.
—Drew, sé que ha sido un golpe terrible, pero tu familia... —La voz de Skyla es cálida, cariñosa, conmovedora. No puedo soportarlo.
—Deberías irte a casa. Ha sido un día muy largo... —No puedo terminar la frase. Maldita sea, ni siquiera puedo mirarla.
—No me importa quedarme...
—Skyla. Vete. No hay nada que puedas hacer por nadie aquí.
Ni siquiera necesito darme la vuelta para saber que lo que he dicho le ha dolido. La imagen está grabada en mi mente. Sus labios carnosos curvándose hacia abajo al darse cuenta de que la he defraudado.
Pero debería saber la verdad: yo defraudo a la gente.
La he defraudado a ella. He defraudado a Callie. Defraudé a mi padre. La lista no tiene fin.
—Me iré, entonces. Si es lo que quieres...
Mi voz suena tan fría que apenas parece la mía. —Lo es.
El silencio me da ganas de gritar mientras imagino una vida sin Callie.
Solo es una niña, con toda la vida por delante; la injusticia me está volviendo loco.
Sin embargo, de algún modo, aunque parezca imposible, la tierra sigue girando mientras esperamos noticias.
El crepúsculo ha dado paso a la oscuridad y el cielo se ha vuelto negro.
Un montón de estrellas brillan con fuerza y pienso en mi padre.
Si estás ahí arriba. Si alguna vez signifiqué algo para ti, sálvala. Llévame a mí, no me importa, pero salva a Callie.
—Ya estará en casa —dice mamá a mi espalda un rato después.
Imagino a Skyla, tumbada en su cama de matrimonio en su diminuto apartamento, preocupada.
—Está mejor en casa.
—No pasa nada por apoyarse en los demás —responde mamá, como si apoyarse en alguien fuera a mejorar algo de esto.
—Skyla está mejor sin mí. Si me hubiera centrado en cumplir con mi deber como padre, quizá nada de esto hubiera...
—¡Estabas cumpliendo con tu deber como padre! —La voz de mamá es tan firme, tan segura, que me hace darme la vuelta para comprobar si habla en serio.
—¡Un coche ha atropellado a Callie a escasos metros de mí!
—A Callie la ha atropellado un coche a toda velocidad que nadie vio venir.
—Supongo que nunca sabremos si, de haber estado más cerca, podría haberla apartado de un empujón, ¡pero eso no pasó porque estaba demasiado ocupado pensando en cuándo iba a volver a metérsela a mi follamiga!
Mamá se estremece. —Puedes fingir todo lo que quieras que Skyla no significa nada para ti, pero todos lo vimos, Drew.
Yo lo vi. Ella te importa, y por la forma en que te miraba, apoyándote hoy, la forma en que rezaba en silencio por tu hija, la forma en que ha salido de aquí aguantándose las lágrimas porque eres demasiado cobarde para admitir que la necesitas, tú también le importas a ella.
—La expresión de mamá es la más tensa que le he visto nunca.
Las líneas de su rostro se han acentuado por la angustia, como si hubiera envejecido veinte años ante mis propios ojos.
Aparto la mirada. Sé que solo lo dice porque me quiere, pero ahora mismo, su amor me hace sentir peor. —Está mejor sin mí —murmuro.
Estoy sentado en una de las sillas de plástico pasando fotos de Callie en el móvil cuando sale el médico. —Señor Blingwood —dice, y Tate, Logan y yo nos levantamos a la vez.
El médico sabe de algún modo que debe dirigirse a mí. Sonríe y se me cierran los puños. Si me va a dar malas noticias y tiene la audacia de poner una expresión en la cara que no sea de desolación absoluta, lo mato.
Me preparo.
—Son buenas noticias. Su hija es una chica muy fuerte.
—¿Buenas noticias? —pregunto—. Va a tener que decirme algo más que eso. ¿Cómo ha ido la operación? Ha sobrevivido, ¿verdad? Dígame que ha sobrevivido.
Vuelve a sonreír, solo que esta vez me siento más capaz de confiar en ello.
—Ha sobrevivido. Está en reanimación. Podrán verla dentro de un rato. Las enfermeras están con ella y evoluciona bien.
No escucho nada más de lo que dice. Caigo de rodillas llorando como un niño, dándole las gracias a él, a Dios, a la enfermera que pasa por allí e incluso al de la limpieza. Y entonces busco a Skyla, pero no está aquí, joder, porque le dije que se fuera.