Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 25Skyla
74%

Capítulo 25Skyla

CAPÍTULO VEINTICINCO

Skyla

— D ebería ponerme vaqueros. O una falda.

O mallas de yoga. O tal vez debería ir de negro, como muestra de respeto.

O quizás de color, ya que debería ser algo informal, una celebración y...

¡ argh ! No lo sé, pero no quiero meter la pata —me quejo ante Jessie, que todavía lleva puesto su uniforme de camarera de pisos mientras ojea el último número de una revista de famosos—.

¿Qué se pone una para una cena de cine en memoria de alguien?

Baja la revista lo suficiente para que pueda ver sus ojos azules. —¿Por qué vas a ir siquiera? Tienes un rollo de amigos con derechos. Eso no suele implicar pasar tiempo con su familia o con su hija.

Me muerdo el labio con timidez, sabiendo que tiene razón.

—Me pidió que fuera. Callie también quería que estuviera allí.

¿Crees que debería echarme atrás? —Incluso mientras lo sugiero, sé que no puedo.

Me he comprometido y Drew me pidió que fuera.

No hay forma de que cancele ahora y les falle a los dos.

Jessie se incorpora con las piernas cruzadas y me estudia. —Estás enamorada de él, ¿verdad? No hay forma de que aguantaras un memorial familiar por un tío al que apenas conoces a menos que estés en...

—No lo vuelvas a decir, Jessie.

Deja la revista a un lado. —¡¿Lo estás, a que sí?! —Me doy la vuelta, ocupándome de los cajones de mi armario, rebuscando bajo montones de camisetas como si contuvieran la respuesta al calentamiento global—. Le quieres.

Me dejo caer al suelo, con la mano aferrada a un sujetador viejo que estaba enterrado en el fondo. —Había olvidado que tenía este. —Lo doblo copa sobre copa, preguntándome si es demasiado viejo para conservarlo.

—Suelta el dichoso sujetador. Amas a Drew Blingwood. ¡Es verdad! Se te nota en la cara.

—No. Yo...

—¿Él lo sabe?

—No lo creo.

—¿Crees que él siente lo mismo?

Niego con la cabeza y me quedo mirando el satén rosa, decidiendo que está demasiado deshilachado para guardarlo.

—Está muy decidido en su plan de seguir soltero.

Solo somos... —Ya ni siquiera sé qué somos—.

Callie sabe que pasa algo entre nosotros.

Logan también. Qué demonios, probablemente lo sepan toda su familia y todo el complejo.

Pero hay un final planeado para esto. Le va a decir a Callie que me tengo que ir por trabajo en dos semanas para que no se haga ilusiones.

Me atrevo a mirar a Jessie. Su hermoso rostro está todo contraído por la preocupación. —¿Qué vas a hacer?

—Voy a ir al memorial. Y luego voy a... —Lanzo el sujetador a la papelera pero no acierto ni de lejos—. No puedo decirle cómo me siento. Saldría huyendo hacia las colinas. Quizás debería cortarlo ya, para ahorrarme un corazón roto más prolongado.

—Puede que él sienta lo mismo. Habéis pasado mucho tiempo juntos. Cenas. Visitas a su casa. Tiempo con su hija... Definitivamente podría quererte. Sería un idiota si no lo hiciera.

Intento que la emoción no se note en mi voz.

—No. Ha sido claro desde el principio. Soy yo la idiota por permitirme caer de esta manera tan condenadamente fuerte.

Quizás disfrutarlo mientras dure sea suficiente.

Se mudará del complejo y entonces esto se irá apagando y se sentirá como si fuera el 5 de julio. Se acabó. Estaré bien.

—¿Y si la independencia el uno del otro no es lo que necesitáis? ¿Y si decirle que quieres más le hace darse cuenta de que eso es lo que él necesita también? Quizás te confiese su amor. Te ruegue que te quedes. Quiero decir, esas cosas pasan, ¿no?

—No pasará.

—Ponte tus vaqueros pitillos negros y tu camisa de seda del color de los girasoles. Estarás sexy y hace que tus ojos resalten.

—¿Tú crees?

—Sí, hasta a mí se me pone dura contigo con esa camisa.

Suelto una risita. —¿Quieres que opere ese pene imaginario tuyo?

—Qué va, voy a necesitarlo para darle por culo a Tate Blingwood.

—Vuelve a abrir la revista que tenía en la mano—.

Ha estado rodando alguna película futurista en Hawái donde todas las mujeres llevan mallas plateadas ajustadas.

Apuesto a que se tiró a cada una de ellas.

—Tiene una expresión de total asco en el rostro.

—¿Por qué te importa a quién se tire?

—Me importa un bledo lo que haga ese gilipollas. Por quien siento lástima es por Logan. Que Tate sea un busca-fama está haciendo que la prensa sienta curiosidad por Logan y su prometida de medio pelo.

—¿Qué ha pasado ahora?

Levanta la portada de la revista para revelar una fotografía de Dana acariciando una barriga inexistente en su cuerpo casi esquelético.

Detrás de ella, la barbilla de Logan descansa en su hombro mientras acuna a su prometida embarazada.

El titular reza: «Dana Gee habla sobre ser heredera, casarse con el hombre de sus sueños y cómo «comer limpio» la hace florecer durante el embarazo».

—¿Qué tiene eso de malo?

—¿Comer limpio? Necesité dos bolsas de basura para vaciar las cajas de pizza y las botellas de vodka del ático, y sé que no era Logan porque lo pillé durmiendo en el sofá de su oficina.

—Tal vez no era ella la que bebía el vodka. ¿Tenía amigos invitados?

—Nop. Lo consulté con Simon, el de seguridad, y dijo que no ha habido fiestas desde que anunció el embarazo.

—No deberíamos juzgar. Quién sabe qué está pasando. —Pienso en la fiesta de compromiso y, aunque esa noche no fue buena para mí, Logan no parecía muy feliz en su propia fiesta—. Ahora que lo mencionas, creo que Logan lo está pasando mal con Dana. Parece que se le está yendo la pinza.

—¿Yéndosele la pinza? Lleva un bebé dentro. Tiene que cuidarse de puta madre. No puedes andar con estas mierdas estando embarazada.

—¿Logan lo sabe?

—No tuve valor para mencionárselo. Tiene unas ojeras en las que ahora mismo podrías llevar la compra. Pobre hombre. ¿Crees que estará en el memorial?

—Supongo que sí. Creo que van a ir todos.

—¿Va Tate?

Y ahí está otra vez, Jessie mencionando a Tate. —Creo que sí. ¿Quieres que consiga su número para ti, ya que tanto te interesa?

—¡Quita! ¡No! Voy a llevar a Macy a visitar a mi madre; se ha quedado sin papel higiénico y he «adquirido» algo que la ayudará.

Me pongo los vaqueros y me paso la camisa amarilla por la cabeza, fingiendo que no he oído a Jessie admitir que ha robado suministros del hotel.

—¿Cómo estoy?

—Como si Drew Blingwood fuera el gilipollas más grande del planeta.

—¿Así que Dana no ha venido, entonces? —le digo casualmente a Drew mientras salimos del cine.

Su tono es indiferente. —No. No se encontraba bien, según Logan.

—¿No crees que esté enferma?

—Más bien, no creo que le importe lo suficiente como para apoyar a Logan. —Lanza una mirada en dirección a su hermano, observando cómo Tate y Logan acompañan a Callie por el aparcamiento en dirección al restaurante—. Si hubiera fotógrafos, ella estaría aquí.

Jugueteo con la idea de contarle lo que me dijo Jessie, pero como ya es un día emotivo, decido no echar más leña al fuego. Además, quizá Jessie se equivocaba. Quizá el alcohol era de otra persona. Quizá no era de Dana. Y no es asunto mío.

—¿Estás bien? —pregunta Drew, tomando mi mano entre la suya mientras seguimos a Callie y al resto de su familia al otro lado de la calle hacia el restaurante.

—Iba a preguntarte lo mismo —le digo. Se sentó a mi lado durante toda la película y no pude resistir el impulso de no dejar de mirarlo.

Pasó por todo el espectro de emociones. Sus labios se movían al ritmo de las palabras en la pantalla, pero no salía ningún sonido, y cuando murió Goose, no supe si iba a estallar de ira o a llorar; y no porque Goose estuviera flotando en el mar con su mejor amigo sujetándolo, sino por algo más profundo que me decía que él no estaba bien.

Tomé la mano de Drew, la envolví con la mía y la apreté con fuerza, y aunque él me devolvió el apretón, era como si estuviera a un millón de kilómetros de distancia.

—Estoy bien, creo. Curiosamente, me ha resultado catártico. Como si él estuviera allí. —Niega con la cabeza—. Suena estúpido, ¿verdad? Como si ver una película borrara casi dos décadas de animosidad.

—No, no suena estúpido. Es una señal de que lo estás procesando. Ganando perspectiva.

—Siento que sí. Pero ahora es de ti de quien siento lástima. Una comida con mi familia. Menos mal que no conduces porque vas a necesitar una copa para aguantarlo. —Me guiña un ojo. No importa cuántas veces lo vea guiñarme el ojo, todavía me da un vuelco al corazón cada vez.

—Los dos vamos a estar bien, soy tu escudera —sonrío, empujando mis nervios hacia lo más profundo de las mariposas de mi estómago.

—Eso dices ahora, pero cuando Tate y Tabs empiecen a discutir y mamá se meta en la cabeza que somos pareja, se va a liar parda.

—Si hay algún indicio de que eso pase, quizá te arrastre al baño para evitarlo.

Me pasa el brazo por el hombro y me atrae hacia él mientras cruzamos la calle. —Claro que sí. Definitivamente no he perdido ese sentimiento amoroso por ti.

Drew me besa la sien justo cuando Callie grita por encima del hombro: —¡Venga, vosotros dos, daos prisa!

Y es entonces cuando el coche toma la curva demasiado rápido y su diminuto cuerpecito sale disparado por los aires.