Capítulo 24Drew #3
—Es una casa genial. ¿Qué haces mañana? Vamos al cine.
Deberías venir, Skyla. Solo es una película y algo de comer.
A nadie le importará. La abuela dijo que el memorial del abuelo debía ser informal —a él le gustaría así— y mi familia ya te quiere.
—Callie sonríe de forma persuasiva, con las manos juntas en gesto de súplica.
—Ya te lo he dicho, Cal. Yo no voy. Tengo que trabajar —digo.
—Por favor, ve, papá. No me parecerá bien que no estés allí y será aún más divertido si Skyla también viene.
Me remuevo incómodo. No me parecerá bien si estoy allí.
Al notar que todavía no obtiene respuesta, Callie sugiere: —Voy a echar un vistazo a la playa. Quizá Skyla pueda hacerte entrar en razón mientras no estoy y decidas ir después de todo.
Observamos cómo Callie camina por el terreno para llegar al tramo privado de playa.
—Tiene razón, lo sabes. Deberías ir —dice Skyla a mi lado.
Me giro para mirarla. Su sonrisa está empañada por la preocupación.
—Yo… Es complicado.
Ella me toma de ambas manos. —Las familias son complicadas. Aun así, deberías ir.
—No es que no quiera, pero me parece hipócrita conmemorar su aniversario cuando nunca nos recuperamos de nuestra última discusión. Ni siquiera sé si él querría que yo estuviera allí. No es que importe…
—Importa —dice ella, con sus ojos marrones clavados en mí como si me tuvieran inmovilizado—. Llevas todo ese arrepentimiento y esa ira dentro. Él se ha ido. ¿No crees que ha llegado el momento de dejar a un lado vuestra disputa y que lo pasado, pasado esté?
Suelto sus manos y tomo un mechón de su pelo, pasándolo entre mis dedos. Dios, está tan hermosa con el sol poniéndose detrás de ella. Es como si esta luz estuviera puesta solo para ella, para enfatizar de algún modo su bondad por dentro y por fuera.
—No lo entiendes. Tú crees en lo mejor de las personas. Pero mi relación con mi padre era…
—Complicada. Ya lo has dicho. Dime una relación que no sea complicada.
No existe ninguna. Pero te estás castigando, excluyéndote de participar en un duelo que os pertenece a todos.
Tienes derecho a llorarle, incluso aunque no te portaras bien o no te cayera especialmente bien cuando murió, igual que él tenía derecho a quererte, aunque no le gustaran tus decisiones.
—Esto no es…
—Yo quiero a mi madre. Aunque la odio por haberme abandonado, la quiero.
—¿Irías a su funeral?
—Sí —dice al instante—. Nunca lo había pensado antes, pero iría. Porque alguien sabio me dijo una vez que los padres no son perfectos. Cometen errores como nosotros. Nuestro trabajo es intentar no cometer los mismos errores que ellos.
Deslizo mi dedo por su cuello y a lo largo de su mandíbula, resistiendo el impulso de besarla.
—¿Sabio? —pregunto, recordando que fui yo quien le dijo eso.
Ella asiente.
—Haces que parezca fácil.
—Eso es porque has pasado mucho tiempo complicándolo demasiado.
Solo es una vieja película y una comida con tu familia, a la que quieres, y una oportunidad para hablar de los buenos tiempos.
—Su expresión flaquea y eso hace que quiera besarla aún más, para borrar la mirada triste de su cara—. Hubo buenos tiempos, ¿verdad?
Asiento, observando a Callie recoger conchas mientras regresa lentamente hacia nosotros. —Muchos buenos tiempos. Momentos grandiosos. De alguna manera, hacen que la forma en que todo terminó sea aún más insoportable.
—Entonces intenta centrarte en los buenos recuerdos y no en lo que pasó después. Concédele a tu padre y a ti mismo un indulto. Como si empezarais de nuevo, como habríais hecho si él todavía estuviera aquí.
—Está bien, iré. Pero solo si vienes con nosotros.
—¿Yo? —Parece insegura—. No sé si…
—Vamos. Voy a necesitar a otro ser humano inadaptado para equilibrar los números. A alguien más allí que no tuviera una relación perfecta con sus padres. Me hará sentir más normal.
—¿Crees que soy una inadaptada?
—¡No! —casi grito—. Skyla, tienes un equilibrio perfecto a pesar de haber pasado por tanto.
No lo decía en ese sentido. Tú… has salido genial.
De hecho, me das esperanzas de que es posible.
—Ella sonríe dulcemente. Dios, de verdad quiero besarla—.
Y tienes un culo perfectamente redondeado que me distraerá fácilmente si todo se vuelve demasiado difícil.
—Sus mejillas se elevan y suelta una adorable risita nasal.
—Está bien, iré. Pero no porque me necesites. Tú puedes con esto.
—¿Entonces por qué?
—Porque me gusta que me mires el culo.
Me guiña un ojo y estoy perdido. La rodeo con mis brazos, atrayéndola hacia mí, y la beso.
—Si habéis terminado de morrearos, creo que me gustaría ir a cenar ya.
Antes de que me quitéis el apetito para siempre —sisea Callie tras su sonrisa y nos separamos como colegiales traviesos.
Mientras caminamos de vuelta al coche, mi mano busca la de Skyla, y cuando miro a Callie, ella asiente con aprobación.
Ya se ha descubierto todo.
¿Qué demonios estás haciendo, Drew?
Acompaño a Skyla hasta su apartamento, dejando a Callie sentada en el coche para que pueda recibir su importantísima actualización del chico con el carlino feo por FaceTime.
Tiene la ventanilla bajada y está haciendo un gran trabajo de multitarea, vigilando a Skyla y a mí mientras se deshace en elogios hacia los perros.
Skyla y yo nos demoramos en su puerta; de repente, no quiero despedirme.
—¿Te veo mañana? —digo, intentando que mi voz suene casual y que la mezcla de nervios por el sitio al que vamos y la emoción por verla de nuevo no me arrollen como a un estúpido y trastornado enamorado.
—Si estás seguro de que quieres que esté allí. Si cambias de opinión…
—No lo haré.
—Entonces está decidido. —Busca torpemente sus llaves y finalmente abre la puerta. Me está mirando la boca, pero de repente, algo llama su atención por encima de mi hombro y exclama—: Oh. Hola, Betty.
Me giro y veo detrás de mí a la señora loca que no para de hablar de mininos.
—Será mejor que te vayas. Callie está esperando.
—Vale. Hasta pronto. —Me doy la vuelta con renuencia y me alejo, escuchando cómo la puerta de Skyla se cierra suavemente tras de mí.
Una parte de mí está fastidiada por no haber recibido un beso de buenas noches ahora que tenemos público, pero la otra es incapaz de quitarse la sonrisa de la cara tras un día casi perfecto.
—Tienes mejor aspecto —dice Betty, parándose a descansar entre mi coche y yo.
—Gracias —respondo, sin saber si es un cumplido o no.
—¿No te lo dije? Todo lo que necesitabas era un minino para ponerte esa sonrisa en la cara. —Me da un codazo en las costillas y me muero por dentro esperando a que, por Dios, mi hija no esté entendiendo a esta vieja loca.
—Buena suerte con eso. ¡Papá no aceptaría un gato, ni siquiera me deja tener un perro! —se queja Callie y la anciana se da la vuelta para saludar a mi hija.
—Mmm. Si no tienes un gato, debe de ser el amor de una buena mujer lo que hace que tu sonrisa sea tan grande como lo es.
Borro la sonrisa de mi rostro.
—Será mejor que nos vayamos. Que pases buena noche, Betty —digo y me apresuro hacia el lado del conductor del coche.
¡El amor de una buena mujer!
Eso no es lo que es esto.
Ella no… Yo no…
¡Oh, mierda!