Capítulo 21Skyla
CAPÍTULO VEINTIUNO
Skyla
—¡¿ C uándo pensabas decírmelo?! —sisea Jessie, irrumpiendo en mi despacho con un montón de rollos de papel higiénico equilibrados bajo el brazo.
—Acabo de recibir la confirmación del papeleo.
Jessie se deja caer en la silla frente a mi escritorio y cinco rollos de papel higiénico ruedan por el mármol. —¿Por qué? Pensaba que te encantaba estar aquí.
—Me encanta. Pero siento que empezar de cero en otro lugar me vendría bien.
Jessie arquea una ceja y una expresión asesina cae sobre sus delicadas facciones. —Esto es por Mike, ¿verdad? O por Drew... ¿es por Drew? Porque pensaba que todo eso ya se había aclarado. Si es por el repartidor de FedEx...
Suelto una risa ahogada. —Solo acepté el número de teléfono del repartidor por educación.
Nunca le llamé. —Siento que me arden las mejillas.
¡Ojalá nunca se lo hubiera mencionado a los de la cafetería!
¡Los chismes corren como la pólvora en este sitio!
—La lista que acaba de soltar es la confirmación exacta de por qué debería empezar de nuevo.
Después de todo, cuando lo mío con Drew termine, me va a hacer falta hasta el último gramo de mi autocontrol para no suplicarle que reconsidere nuestro acuerdo, y él ya ha dejado claro que no es para eso para lo que se apuntó.
Quedarme por aquí, una vez que nuestro lío termine, va a ser imposible—.
Tal vez necesito un cambio de aires. Un lugar donde no tenga un historial con ningún tío.
La gente piensa que me estoy puliendo a todos los tíos de este lugar...
—Skyla, necesito que... —Mike entra en mi despacho sin avisar y nos mira alternativamente a Jessie y a mí—.
Por la conversación que acabo de pillar, supongo que es verdad lo que dicen.
De las mosquitas muertas es de las que hay que cuidarse.
—Suelta una risita y suelta un montón de papeles sobre mi escritorio.
—¿Qué quieres? —Le lanzo una mirada furiosa a la vez que extiendo la mano para contener a Jessie antes de que le arranque la cabeza.
—Proyecciones salariales. O bien tendrás que reducir personal o pagarles menos en el nuevo complejo turístico. —Levanta las manos al aire—. No me importa. No es mi problema. Ocúpate tú. Aunque, por lo que parece, ya te has estado ocupando de muchos... rabos...
Jessie se levanta de un salto de la silla mientras yo intento interponerme entre ella y Mike antes de que se líe la de Dios.
—¡Cómo te atreves a juzgar a mi amiga por su vida sexual, pedazo de imbécil con la picha de aguja!
—Se lanza hacia él con los puños cerrados.
Mike da un paso atrás y pone las manos por delante, listo para defenderse.
Yo apuesto por Jessie.
Me coloco entre los dos, con los brazos extendidos, y rezo para que uno de ellos ceda.
—No puedes hablarme así. Soy un miembro de la directiva. Te vas a meter en un lío por esto —le dice Mike a Jessie.
Poco sabe él que Jessie ahora también es un «miembro de la directiva», como si eso tuviera algo que ver con su absoluta falta de profesionalidad.
En cuanto ese pensamiento cruza mi mente, Jessie imita toda su frase con voz de bebé.
—Eres un miembro , desde luego. Anda y penétrate con uno de tus muñequitos de Spock.
—¡No son muñecos! —Él entorna los ojos y se da golpecitos con el índice en la barbilla mientras piensa. Entonces, al darse cuenta de algo, señala con dicho dedo a Jessie—. ¡Fuiste tú, ¿verdad?!
Miro a Jessie, confundida. Ella está sonriendo con suficiencia, como si lo que fuera que haya pasado hubiera sido obra suya.
—¡Pusiste al almirante James T. Kirk en el urinario de los hombres, boca abajo! —acusa Mike.
Jessie sonríe de oreja a oreja. —¡Pruébalo, pichafloja!
Mike se queda sin aliento. —¡Suscribiste mi dirección de correo electrónico a boletines de disfunción eréctil , ¿a que sí?!
Me muerdo el labio para ocultar una sonrisa nerviosa. Suena a algo que Jessie haría perfectamente.
—Más vale que tengas pruebas si vas a hacer semejantes acusaciones, Mike. Y para que conste, Jessie es un nuevo miembro de la directiva, la han ascendido —respondo, interviniendo.
Mike se vuelve hacia mí, tan enfadado que tiene las mejillas rojas.
—Eres la directora de Recursos Humanos y sabes que es culpable a más no poder de...
de... dañar propiedad personal, uso indebido del correo del trabajo, lenguaje soez...
—Se pone las manos en las caderas de forma patética—. Quiero que la despidas por esto.
A mi izquierda, Jessie se rasca la barbilla con el dedo corazón. A mi derecha, Mike parece a punto de entrar en combustión espontánea.
Suspiro. —Y yo quiero magdalenas sin calorías, Mike, pero eso tampoco va a pasar. No eres del todo inocente en esta situación: irrumpir en mi despacho y avergonzarme verbalmente. Probablemente sea mejor, ¿no crees?, que vuelvas a tu propio despacho y te olvides de todo este desagradable asunto.
—Skyla, sabes lo que hizo. ¡Me ha estado gastando bromas, tocando mis cosas! El de informática se cree que tengo... —baja la voz hasta un susurro— ¡ disfunción eréctil ! —Decir la frase parece enfurecerlo aún más—. Quiero que la despidas.
Recuerdo todas las veces que tuve la oportunidad de hacer que lo despidieran pero me resistí, y la ira se me enciende en las entrañas. Ni de broma va a conseguir que despidan a mi amiga.
—Deja que te aclare un par de cosas, Mike, sobre tu propia conducta.
Primero, has violado el punto 6.1 de la política de empresa de Blingwood Resort respecto a la privacidad: llama antes de entrar.
Segundo, has violado el punto 9.4 del código ético de conducta: los empleados deben respetar a los compañeros, clientes y otras partes interesadas, lo que incluye los insultos y la difamación.
Tercero —digo, contando con los dedos—, código 9.
5: los directivos no deben abusar de su posición delegando de forma irresponsable su propio trabajo en otros empleados, o sea, yo. ¿Vamos por el cuatro o por el cinco?
Jessie interviene: —¡Ese sería el cuatro!
—Sección 4.09: La propiedad de la empresa no debe utilizarse para fines personales.
Sé y tengo pruebas de que has estado vendiendo artículos de guerra friki en eBay durante las horas de trabajo y usando el embalaje de la empresa, y luego está la política 14.
07: adherirse a normas estrictas de profesionalidad en todo momento.
¿Fue curiosidad profesional lo que te llevó a quitarle la falda a una colega en el armario? ¿Deseas que continúe?
Sin siquiera mirarla, puedo sentir el calor de la sonrisa de Jessie, iluminada de orgullo.
—Mejor vete, Mike. Antes de que nos vayamos de la lengua —canta Jessie con un tono que reconozco sobre todo como un sarcasmo punzante.
—Eres una zorra, ¿lo sabes, Jessie? —escupe él, mientras retrocede hacia la puerta—. Y tú —desvía su mirada furiosa hacia mí—, ¡tú eres el colchón de la oficina, y ni siquiera te dejas!
—Contigo, no. Pero ¿adivina qué? Con el tío adecuado, sí.
¡Fuera de mi despacho y llévate tu trabajo, porque no voy a contratar a menos gente de la necesaria para el puesto, y no ofreceré un sueldo inferior al del mercado!
¡Haz las cuentas y llévale las cifras a Logan!
—siseo. Y mientras Mike aprovecha para marcharse, Jessie se agacha y le lanza un rollo de papel higiénico a la cabeza.
—Qué humos se gasta ese tío. Me gustaría...
—No pasa nada —la tranquilizo—. No me importa lo que piense. Simplemente me da asco, casi llegué a salir con él. —Vuelvo a mi asiento y Jessie me sigue, sentándose frente a mí en mi escritorio, con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿De verdad hiciste todo eso?
—¿Me lo estás preguntando como Skyla Manning, mejor amiga de por vida, o como Skyla Manning, directora de Recursos Humanos?
Mi sonrisa reemplaza cualquier atisbo de profesionalidad.
—Vale, puede que se me haya «caído» algo accidentalmente una o dos veces, pero se lo merecía. ¡Pero lo más gracioso es que cambié la foto de su hermana por una foto de Chewbacca y ni siquiera se ha dado cuenta!
Una risa involuntaria me recorre hasta que las lágrimas me ruedan por la cara. —¡¿A que el parecido es asombroso?!
—¡Lo es! —Nuestras risitas se convierten en carcajadas. Cuando ambas volvemos a respirar con normalidad, su rostro se vuelve serio y dice: No eres una fresca... y no es que tenga nada de malo satisfacer tus necesidades sexuales con quien elijas y como elijas.
—Lo sé —respondo, apartando la mirada.
—Skyla, mírame. —Hago lo que me pide. Cuesta creer que, aun con su personalidad divertida y vibrante, sus impactantes ojos azules y su pelo rubio perfecto y brillante, se quedara embarazada y soltera y desde entonces haya decidido no tener citas.
Jessie se inclina hacia delante y coge mi mano, que descansa sobre el escritorio—.
Lo digo en serio. No tienes por qué empezar de cero.
La única persona que tiene una opinión negativa sobre ti es Mike, y su cerebro es patéticamente inmaduro y está subdesarrollado. Macy tiene más neuronas que él.
—Es superlista.
—¡Lo sé, ¿verdad?! Y tú también. No has hecho ni una sola cosa mala, así que ¿por qué pides el traslado?
—Nos seguiremos viendo...
—¡Más te vale!
—Lo haremos, y puedes traer a Macy a quedarse conmigo.
Esto entre Drew y yo es solo temporal mientras nos lo sacamos del sistema.
Y luego estaré muy ocupada poniendo en marcha al personal en el nuevo complejo.
No puedo confiar en que nadie más lo haga, al menos no como yo.
Y se lo debo a Logan. Me ascendió aunque solo tenía experiencia como asistente, y depositó su confianza en mí.
Como sabes, un complejo turístico es tan bueno como sus empleados...
—Y tú encontraste a los mejores... salvo a Mike. No hace falta que te vayas a ninguna parte ni que demuestres nada.
—Lo sé. Quién sabe, tal vez algún día pida el traslado de vuelta, pero por ahora, esta parece una buena decisión. —Y también porque sé que cuando lo mío con Drew termine, me dolerá. Olvidarlo no va a ser fácil.
—Piénsalo un poco más. Todavía tienes tiempo.
—Esta tarde tengo entrevistas para mi sustituto aquí. Quien consiga el puesto necesitará tiempo para aprender cómo funciona todo antes de que yo me vaya.
—¿Tal vez podrías enviar a la persona nueva al complejo nuevo si cambias de opinión?
—Tal vez —respondo, distraída—. Ya veremos.
—¿A lo mejor lo vuestro funciona?
—No. Ha dejado claro que esto entre nosotros es temporal. No quiero que mi presencia empiece a molestar.
—¿O sea, que estás colada por él?
Asiento. —He intentado no estarlo, pero cada vez es más difícil que no me importen él y Callie.
—¿Le has dicho cómo te sientes?
—¿Y que se asuste y salga por patas? No.
—¿Y si no se asustara?
—Oh, se asustaría. Créeme, ya hemos pasado por eso.
Y no pasa nada. Sabía en lo que me metía y acepté de todo corazón.
El momento de empezar de nuevo es perfecto.
Proporcionará una salida clara a nuestro acuerdo y gestionará las expectativas de todos.
Callie me está cogiendo cariño, pero espero que saber que soy solo alguien de paso la prepare. Soy temporal . Es lo mejor para todos.
—¿Incluida tú?
—Incluida yo —respondo, poniendo en mi voz más entusiasmo del que mi corazón siente realmente.
Más tarde esa semana, estoy repasando las cifras con Logan en su despacho.
—Como ves, con la incorporación de otro restaurante, el quiosco de la playa, el centro de vela y la ampliación del club social, el nuevo complejo no será idéntico a este.
Necesitaremos un presupuesto de personal mucho mayor o, de lo contrario, no funcionará.
No podemos pagar menos a la gente ni esperar que trabajen más duro.
Logan deja de mirar las proyecciones en la pantalla y se vuelve hacia mí. —Lo sé, ya se lo expliqué a Mike.
—Ah. Pues devolvió el papeleo con las mismas proyecciones presupuestarias que tenemos aquí.
—¿Ah, sí? Supongo que no se ha molestado en hacer su maldito trabajo.
—Logan se levanta de un salto—. Skyla, termina por hoy.
Parece que ya has hecho más de lo que te corresponde.
Voy a hablar con Mike. —Logan agarra sus papeles y sale de la habitación, mientras yo me pregunto qué demonios voy a hacer con el resto de la tarde libre.