Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 20Drew
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Capítulo 20Drew

CAPÍTULO VEINTE

Drew

—¿ P or qué tienes el pelo empapado? —pregunta Callie, y mi mirada se encuentra con la de Skyla de forma traviesa.

—Ha habido un problema con la presión en la ducha. He tenido que ir a arreglarlo.

—¿Debería bajar y buscar a alguien de mantenimiento? El tío Logan no nos dejará quedarnos si no cuidamos el lugar.

—Lo he dejado bastante bien. No hay problema.

—El teléfono del ático suena y, cuando respondo, el recepcionista me informa de que la cena ya sube.

Skyla está sentada a la mesa, mirando hacia el océano, con el rostro todavía sonrojado, ya sea por la ducha o por haberse desmoronado bajo mi lengua; me inclino por lo segundo.

Una vez que Callie y Skyla se sientan a la mesa, sirvo la cena mientras ellas charlan sobre música y la última película que quieren ir a ver al cine. Una sensación extraña me recorre el pecho. ¿Satisfacción? No lo sé, pero me gusta.

Le relleno la copa de vino a Skyla tres veces y el ambiente es ligero y divertido.

A Skyla le da un ataque de risa cuando Callie le cuenta la vez que tuve que participar en la carrera de padres en su antiguo colegio privado y me puse tan competitivo que estuve de morros una semana por haber perdido contra otro de los padres.

—En mi defensa diré que el tipo era un atleta olímpico —me quejo.

—Seguro que sí —ríe Skyla y me saca su lengüita rosa.

—No, tiene razón. Taylor Blythe, su padre era en realidad medallista olímpico. Pero a papá le sigue fastidiando perder, lo que solo hacía que mamá y yo nos riéramos aún más.

Callie se queda callada un momento, retorciendo un mechón de su pelo a la luz, y entonces dice: —Papá, ¿me pedirías cita para cortarme el pelo, por favor?

—Claro, pequeña. ¿Siempre y cuando estés segura de que estás lista?

—Sí. Creo que ha llegado el momento. —Entonces Callie le sonríe a Skyla y le pregunta—: ¿Crees que podrías venir conmigo? No quiero que me corten demasiado.

Skyla asiente y toma un mechón del pelo de Callie. —Tienes un pelo precioso, igual que el que he visto en las fotos de tu madre. ¿Qué tal si les pedimos que corten solo un par de centímetros y decides si te gusta antes de que corten más?

—Buena idea. Y así le daré tiempo a mi padre para que se mentalice antes de que me lo tiña de azul.

Me quedo boquiabierto y estoy a punto de advertirle que más vale que no lo haga cuando Skyla estalla en carcajadas, seguida de cerca por Callie. —Solo te estoy tomando el pelo, papá.

Me calmo y contesto: —Quizá puedas teñírtelo durante las vacaciones de verano, pero creo que en tu instituto les daría un síncope si aparecieras con el pelo azul.

Terminamos de cenar y, mientras lleno el lavavajillas, Callie guía a Skyla hacia el sofá y dice: —Nanna, yo, el tío Logan, el tío Tate y la tía Tabitha vamos a ir al cine.

Aún no he visto Top Gun , pero era la favorita del abuelo.

Él y mi padre tuvieron un desencuentro, así que no lo vi mucho mientras crecía, pero me pregunto si al ver la película me sentiré más cerca de él. ¿Tú qué piensas?

Me empieza a doler el pecho mientras sigo llenando el lavavajillas y finjo que no escucho. Pero no puedo ocultar la verdad: mi feudo con mi difunto padre afectó a Callie, por mucho que intente fingir que ella pudo tener una relación con él.

—Seguro que tu familia puede contarte muchas cosas sobre él. Yo no vi mucho a mi madre mientras crecía, pero cada vez que alguien decía algo bonito, me hacía sentir muy bien saber eso sobre ella.

—Ya. Creo que a mi padre le cuesta hablar de él. Pero lo entiendo, yo no siempre quiero hablar de mi madre, pero eso no significa que no esté pensando en ella.

Me quedo helado. No pensaba que Callie prestara mucha atención a su abuelo ausente, y sobre todo no pensaba que supiera tanto sobre mi distanciamiento con él.

—Deberías venir a ver la película con nosotros. Mi padre no vendrá porque cree que el abuelo todavía está enfadado con él, pero nadie se lleva un rencor a la tumba, ¿verdad?

Skyla parece reflexionar sobre esto con cuidado, y me pregunto si está pensando en su propia madre. —No. No creo que la gente siga enfadada para siempre. Pueden estar dolidos y, aun así, perdonar a una persona.

Callie asiente. —Eso es lo que yo pensaba.

Me pregunto cómo ha llegado a ser tan madura, cuando hago chocar los platos ruidosamente y ella levanta la vista. —Callie, será mejor que vayas a lavarte para ir a la cama.

—Pero quiero quedarme despierta —protesta—. Nunca tenemos invitados.

Tiene razón. No recuerdo la última vez que tuvimos a alguien que no fuera mi madre a cenar.

—Diez minutos —cedo, y luego me uno a ellas en el sofá.

Callie coge la manta del respaldo del sofá y enciende la tele en un canal cualquiera donde aparecen adolescentes que hablan un idioma que no entiendo, y la habitación se queda en silencio, salvo por las voces de la televisión.

Bajo la manta, la mano de Skyla busca la mía y me encuentro una vez más con una sensación de satisfacción sorprendente.

Cuando me despierto, Skyla está acurrucada en el hueco de mi brazo, que rodea su cintura.

Callie ronca suavemente a su lado, y fuera el cielo está tan negro que ni siquiera alcanzo a ver el mar.

Me desenredo con cuidado de Skyla y guío a Callie a su dormitorio, echándole el edredón por encima y dándole las buenas noches.

Cuando vuelvo al salón, Skyla está despierta.

—No me había dado cuenta de la hora. —Bosteza. Luego busca sus zapatos—. Mejor me voy.

No quiero que se vaya.

—Quédate. Quiero decir, es tarde y no puedo dejar a Callie sola para acompañarte a casa. —Es una excusa ridícula, ya que en realidad solo tiene que coger el ascensor y cruzar los terrenos del hotel, pero no puedo evitar repetir—: Quédate.

Ella mira de nuevo hacia el sofá.

—Quédate conmigo, en mi cama. Toda la noche —le aclaro.

—Pero Callie... —Su voz titubea, ronca por el sueño.

Le tomo la mano y tiro de ella hacia el dormitorio. —Solo una pijamada de adultos.

Vuelve a bostezar y camina adormilada en la dirección en la que tiro de ella. —Supongo que se me podría convencer.

Dentro de la habitación, se pone de puntillas para herirme.

Tiene los ojos medio cerrados y parece agotada, así que le desabotono los vaqueros, se los deslizo por los muslos hasta quitárselos y luego le saco la camiseta por la cabeza.

Busco en los cajones mi camiseta más suave, besando cada uno de sus pechos antes de ponérsela.

Después, retiro las sábanas de la cama. —Dentro, bella durmiente —le digo, y ella obedece.

Me deslizo detrás de ella y la abrazo con fuerza.

Skyla murmura algo indistinguible, y yo le susurro al oído: —Dulces sueños, cariño.

Para cuando me despierto, la cama está fría y Skyla se ha ido. Salto para ir a buscarla y noto que sus zapatos y la bolsa que preparó con una muda de ropa han desaparecido.

—¿Skyla se ha ido a casa? —pregunta Callie.

—Sí —respondo, buscando mi teléfono en el cargador inalámbrico y encendiéndolo.

—Esperaba que se quedara —se queja Callie, sacando un brik de zumo de naranja de la nevera y sirviendo dos vasos. Luego saca sus cereales y un bol.

—Yo también —digo, pero las palabras se me quedan atascadas en la garganta.

Cuando me siento a la mesa con mi zumo, compruebo mis correos electrónicos; hay uno de Skyla, enviado a las cinco de la mañana.

Para: Drew Blingwood

De: Skyla Manning

Asunto: Gracias por una velada encantadora.

Estabas durmiendo tan profundamente y te veías tan adorable que no me he atrevido a despertarte, así que me he ido sigilosamente antes de que Callie se despertara. XX

Dos equis. Sé que son besos digitales, mecánicos y estándar que no significan nada, pero me tienen sonriendo como un maldito idiota. Y es entonces cuando empiezo a sospechar que estoy metido en un buen lío.