Capítulo 19Skyla #4
Consulta su reloj y luego niega con la cabeza. —Probablemente habré vuelto antes de que se despierte. Pero si se da cuenta, creo que se alegrará de que hayamos hecho las paces.
Me río entre dientes y me ajusto más la bata. —¿Vas a decirle que hemos hecho las paces?
—Creo que se puede decir que volvemos a ser amigos. ¿Si no te importa?
—No, no me importa. —Niego con la cabeza—.
Es solo que, al final, me iré. Aún no sé la fecha, pero odiaría que Callie se llevara una decepción...
—Él no me ha pedido que me quede y no soy capaz de arruinar nuestra felicidad asumiendo que nada de esto significa más de lo que dijo que quería al principio.
—¿Entonces sigues adelante con el trabajo en el nuevo complejo? —pregunta, y yo asiento.
—No hay razón para que me quede. Me necesitarán allí antes incluso de que abran para ayudar con la formación y... Logan no puede negarme el puesto, soy la mejor gerente de Recursos Humanos que tiene.
Enrosca un mechón de mi pelo en su dedo, pensativo. —Eso nos deja solo unas semanas para disfrutar al máximo el uno del otro.
Deslizo el dedo por su cuello, preguntándome si podré saciarme de él para entonces, como si fuera posible que alguna vez tuviera suficiente.
Drew coge mi mano y se la lleva a los labios, besándome la palma y manteniéndola entre las suyas mientras me atrae para darme un abrazo; aspira el aroma de mi pelo y luego se ríe entre dientes. —Hueles a mí, pero mejor.
Me pongo de puntillas para inhalar su olor. —Hueles a que necesitas una ducha. —Es mentira. Huele a todas mis fantasías.
Espero a que me devuelva la pulla, pero no lo hace. Me abraza más fuerte y me dice: —Pilates esta noche. Lo mejor de mi semana. Os recogeré a ti y a Jessie por el camino, y luego, ¿cenarás conmigo y con Callie?
—Estaré toda roja y sudada...
Drew me acerca más. —Exactamente como me gustas. Hasta luego, preciosa. —Luego me da una palmada en el culo al salir, cerrando la puerta tras de sí y tirando del pomo para asegurarse de que está cerrada.
Y tardo dos minutos enteros en recordar qué era lo siguiente que iba a hacer.
—Aquí para nuestra cita de las nueve, y sí, sé que llego diez minutos tarde, pero he asaltado a un repartidor al entrar que traía esto para Skyla Manning, y he pensado que preferirías que lo cogiera yo antes que Sally —dice Jessie al entrar en mi despacho, cargando una caja blanca con un logotipo que me hace sonreír de oreja a oreja—.
Por tu cara veo que he hecho bien —añade Jessie y deja la caja sobre mi mesa.
—Muffins To Go —digo, señalando lo obvio, ya que la caja está claramente etiquetada.
—¿Hay nota? —pregunta, y yo levanto la tapa.
Los muffins saben bien, pero ni de lejos tan bien como tú.
Guardo la nota en el cajón de mi escritorio.
—¿Qué dice? —pregunta Jessie impaciente.
—No importa. ¿Quieres uno? —Empujo la caja de cuatro hacia Jessie y ella coge uno. Cuando muerdo el mío, cierro los ojos y mastico con una sonrisa.
—¿Admirador misterioso? —pregunta.
—Terminemos con las formalidades del trabajo y te lo contaré todo después. ¿Trato?
—Vale, pero más vale que me lo cuentes todo. Unos muffins, después de lo que te dijo, es una disculpa de mierda.
—Hay más que eso. Ahora —navego por el ordenador de la empresa—, Jessie Yates, miembro ejemplar del equipo de limpieza durante dos años. Empezaste aquí justo después de tener a Macy. ¿Cómo crees que va todo?
Jessie pone una mueca. —Sabes que odio cuando te pones profesional.
—Es necesario. Además, tenemos que terminar esto ya que Betty ha dado su preaviso de dos semanas... y te van a ascender a su puesto —digo con naturalidad, y luego levanto la vista lentamente para ver cómo se queda boquiabierta, con muffin y todo.
—¡¿Qué?! Quiero decir, sabía que se jubilaba, ¿pero yo?
Sonrío. —Ya he hablado con Logan. Eres nuestra mejor camarera de pisos. Conoces este sitio como la palma de tu mano. Es hora de que te unas a la directiva.
—¿Se puede llamar directiva al servicio de limpieza?
—Se puede cuando eres la jefa de limpieza, gestora del personal.
—Mmm. Me gusta. Jessie Yates, Jefa de Limpieza. Tiene gancho, ¿no crees?
—Lo tiene. —Su expresión irradia orgullo—. Incluso te conseguiré una placa especial.
Después del trabajo, una vez que me he embutido en unas licras de alta resistencia, Jessie y yo estamos fuera de nuestro edificio cuando aparece Drew.
A su lado, Callie se asoma por la ventana gritando emocionada por el "tiempo de chicas".
Drew le ordena que ceda el asiento delantero a una adulta y, aunque protesto diciendo que no hace falta, ella salta a la parte de atrás junto a Jessie e insiste en que ocupe su sitio.
—Hola —digo, sintiéndome como una niña de doce años en una cita supervisada.
—Hola —dice él, igual de tímido.
La clase de Pilates de esta noche es tan extenuante como la primera, solo que esta vez Drew no hace ningún esfuerzo por ocultar que me está mirando, y mientras caminamos de vuelta al coche Callie me susurra:
—Lo siento mucho. Mi padre estaba mirándote el culo otra vez.
Intento no reírme. —Lo sé. Pero va a compensarlo invitándonos a cenar.
—¿Vienes? —le pregunta Callie a Jessie.
—Me temo que esta noche no puedo. Macy y yo tenemos una cita con la bañera.
—¿Puedo ir a ayudar? —me ofrezco.
—Oh, cielo, no hace falta que hagas eso. Id vosotros los jóvenes a divertiros y dejad que esta vieja celebre su nuevo trabajo con su pequeña, que sinceramente me parece un plan perfecto.
—Macy es tan dulce. Ojalá tuviera un hermanito o hermanita —dice Callie—. Sabéis que pronto tendré edad suficiente para hacer de canguro.
—Callie, tendrás un primo nuevo en siete meses, cuando Dana y Logan tengan a su hijo. Pero pasarán años antes de que tengas edad para hacer de canguro —responde Drew mientras nos sentamos en el coche.
—Un primo nuevo, qué bien —dice Jessie, con una sonrisa que no llega a sus ojos—. Podrías venir a jugar con Macy algún día, y así practicas con bebés —ofrece Jessie. Su voz suena tensa, con una emoción subyacente que no alcanzo a identificar.
—Gracias, me encantaría —responde Callie—. Pasaré un día después del colegio.
Dejamos a Jessie y nos dirigimos al ático. Me ofrezco a ir a ducharme primero, pero Drew me dice que coja algunas cosas para poderme duchar en su casa mientras esperamos la cena.
—¿Has pedido comida? —digo.
—Papá no sabe cocinar —responde Callie, y Drew pone cara de timidez.
—El restaurante va a mandar la comida. No sabía si preferías carne o pollo, así que he pedido ambos, y un plato de marisco. —Se encoge de hombros, pero sé que el restaurante del complejo tiene una estrella Michelin y la comida allí cuesta un ojo de la cara.
Cuando llegamos al ático, Drew dice: —Puedes usar la ducha del dormitorio principal. Es la mejor. —Me indica la dirección de la suite principal, mientras Callie coge los platos para poner la mesa.
Drew tiene razón. El baño del ático es casi el más lujoso que he visto en mi vida, con una pared entera de chorros frente a un ventanal de suelo a techo orientado al océano. Paso un par de minutos oliendo los botes de champú y gel de ducha y luego me lavo con los que más huelen a Drew.
—Pensaba que te prefería sucia, pero, nena, también estás muy buena cuando estás limpia.
Doy un salto al oír su voz y le tiro el bote de champú. —¡Joder! Me has asustado.
—Lo siento —dice él, quitándose la ropa.
—¿Qué haces? Callie...
—Callie ha salido a por Sprite. Tardará al menos quince minutos.
—¿Quince minutos? —me río con voz ronca—. ¿Será tiempo suficiente?
—Nena, después de pasarme la última hora viéndote retorcer ese cuerpazo en toda clase de posturas jodidamente sexys, creo que con treinta segundos bastaría.
Entra conmigo, con el pene totalmente erecto y tentador bajo el agua pulverizada.
—Pero primero, quiero comerte entera. Me muero de hambre. Y quizá, si hay tiempo, podamos darles también un buen uso a los chorros.