Capítulo 18Drew #2
Tate tiene buen aspecto. Los rizos oscuros que tanto odia están más largos de lo habitual, pero probablemente sea porque ha estado trabajando muchas horas.
El cansancio se le nota menos en la cara que la última vez que lo vi, cuando estaba de resaca y recién bajado de un vuelo nocturno desde Las Vegas.
—Cierto. Hace mucho tiempo que no salgo de fiesta —admito, aunque con toda honestidad no lo echo de menos.
Claro, estaría bien tener más tiempo para pasar el rato con mis hermanos y relajarme con una cerveza, pero no echo de menos las resacas ni despertarme al lado de una extraña y tener que charlar trivialidades...
no es que haya sido así con Skyla. De hecho, he empezado a quedarme después del sexo porque disfruto de la charla de sobremesa.
Mi madre y mi hermana se unen a Callie y Skyla, y Tate les hace señas para que vengan con nosotros.
—¿Conocéis a alguien de los que están aquí? —pregunta Tate, señalando con la cabeza a un grupo de desconocidos, y todos miramos y luego negamos con la cabeza.
—Pensé que Logan invitaría al tío Ted. Le habría animado mucho. Desde la operación ha estado un poco aislado. —La voz de mi madre tiene más que un toque de decepción. El tío Ted es el hermano de mi padre y hace poco le amputaron el pie tras un problema con su diabetes.
—Dudo que la princesa Dana quiera que el tío con sobrepeso y enfermo le fastidie sus publicaciones de la fiesta en Insta, mamá —dice mi hermana Tabitha, llamando a las cosas por su nombre, como siempre—.
Aunque me sorprende que no haya invitado a Matt; después de todo, es pasable en el departamento de apariencia.
Matt es un buen amigo nuestro. Todos sabemos que Tabs está colada por él, aunque él nunca haría nada al respecto porque Tate, Logan y yo lo mataríamos.
Es la regla de oro de la amistad: nunca te tires a la hermana pequeña de tu colega.
— Matt está trabajando en África haciendo un trabajo pro bono.
No volverá hasta dentro de un tiempo —le digo, para que pueda relajarse y deje de buscarlo por la sala.
Tabitha se inspecciona las uñas como si tuvieran la respuesta al hambre en el tercer mundo y luego asiente. —Ah. No lo sabía.
—Bueno, ahora ya lo sabes —respondo secamente; ya tengo bastante en la cabeza sin pensar en mi hermana y Matt. Solo el pensamiento me produce un escalofrío por la espalda—. ¿Dónde están Logan y Dana, por cierto?
Mi madre se lleva la copa de vino a la boca para que nadie pueda ver cómo mueve los labios. —Creo que Logan quería hablar con ella en privado.
—Será por los fotógrafos. A Logan le gusta su intimidad y a Dana le gusta irse de la lengua con sus lacayos —aporta Callie y yo le lanzo otra mirada.
—¿Qué te pasa esta noche? —Mi comentario me granjea una cara de asco.
A su lado, Skyla se muerde el labio inferior con el incisivo y el estrés se irradia a través de mí. No se lo está pasando bien, y por qué iba a estarlo, rodeada de desconocidos y de una panda de Blingwoods que no saben cuándo ni cómo callarse.
La mirada de Callie se clava en mí antes de ponerse de puntillas y susurrarme al oído: —¿Vas a presentarla a todo el mundo?
—Señala con la cabeza a Skyla y se me ocurre, no por primera vez, que soy un imbécil maleducado.
Hago las presentaciones de rigor y le doy una copa a Skyla.
Quizá una bebida la ayude a relajarse, ya que parece tan tensa como me siento yo.
—Así que había pensado que deberíamos reunirnos todos y hacer algo por el aniversario de papá —dice Tabitha y se me encoge el pecho.
—Oh, cielo, creo que sería encantador. ¿Qué tienes en mente? —pregunta mamá.
Skyla se acerca hasta que el costado de su cuerpo queda anidado contra el mío y puedo percibir el dulce aroma de su perfume.
Siento que me mira con pena en sus grandes ojos castaños y es más de lo que puedo soportar, así que dejo la copa en la barra y doy un paso atrás, hundiendo las manos en los bolsillos del pantalón, librándome así de su cercanía.
—¿Recordáis cuando estaba demasiado húmedo para jugar fuera y papá nos obligaba a ver Top Gun ? Todos nos quejábamos porque la habíamos visto mil veces, pero luego él aparecía con un montón de chucherías y siempre acabábamos pasando la mejor tarde del mundo.
Lo recuerdo. Recuerdo que el sofá frente a la tele no era lo bastante grande para todos, así que yo, por ser el mayor, y papá nos sentábamos en el suelo; él decía las frases de la película a la vez que Maverick mientras yo decía las de Goose.
—A papá le encantaba ir al cine, y en el IMAX echan Top Gun . Podríamos ir todos a verla. Quizá comer algo después y, bueno, creo que sería bonito estar juntos. Skyla, ¿tú también podrías venir? —pregunta, sonriéndole a Skyla como si se conocieran de toda la vida.
—En realidad, esa semana estaré en el nuevo complejo —intervengo antes de que Skyla se sienta obligada a aceptar la invitación.
Callie me lanza una mirada fulminante como si mi único propósito en la vida fuera destruir cualquier atisbo de felicidad, así que adorno la realidad: —Van a hacer fotos del complejo para la página web. Debería estar allí para asegurarme de que capten las mejores instalaciones.
Todos los miembros de mi familia me miran con incredulidad. Los ojos de Skyla reflejan preocupación y eso la hace parecer unos cinco años más joven, por no mencionar que me hace sentir como un imbécil de primera categoría por, básicamente, desinvitarla al evento familiar.
—Ya, pero puedes sacar un día... —empieza Tabs y noto que quiere darme guerra con esto.
—No. No puedo. ¿Preferiríais que le fallara a Logan? Ha invertido hasta el último céntimo que tenía en el nuevo complejo. Me importan un bledo sus inversores, pero ¿queréis que nuestro hermano se hunda públicamente?
Es una excusa absurda. Logan sobreviviría, y no hay ninguna probabilidad de que el nuevo complejo fracase, pero mi insinuación basta para callarlos a todos.
—Bienvenida a las reuniones de la familia Blingwood —le dice Tate a Skyla, mientras se echa el chupito por la garganta—. Son un puñetero espectáculo de amor y felicidad.
—Y que lo digas —responde Callie.
Soportamos el resto de la fiesta. Skyla se pasa la mayor parte del tiempo bailando con Callie y Tabs. Yo les gruño a todos los que se les acercan, mientras vigilo a Logan, a quien pasean por el bar para que conozca a gente invitada por Dana, y a Tate, que parece tan cabreado con el mundo como yo.
El vestido de Skyla le queda como si hubiera sido hecho para acariciar cada centímetro de su piel, y las luces de la discoteca iluminan cada curva perfecta.
Se mueve de maravilla en la pista de baile y, si no estuviera aquí con mi familia, estaría bailando con ella, y probablemente arrastrándola al baño para ver qué se ha puesto debajo del vestido; pero en lugar de eso, me quedo en la barra y fulmino con la mirada a cualquiera de los gilipollas que la miran.
—No va a desaparecer si dejas de mirarla —dice Tate y yo aparto la vista.
—¿Qué?
—Skyla. No le has quitado los ojos de encima.
—Tonterías. Estoy vigilando a Callie, que está al lado de Skyla. Es menor de edad en un local de adultos. Logan debería haberse plantado y haber elegido un sitio más seguro para la fiesta de compromiso, por el bien de Callie.
—Dudo que Logan haya tenido voz ni voto, y no es que Dana sea lo bastante maternal como para que le importe un carajo.
Además, estamos todos aquí y el sitio está lleno de seguridad.
Callie estará bien, pero no era a ella a quien estabas mirando.
Conozco esa mirada, hermano. Estás pillado hasta las trancas.
—Lo único que tengo es dolor de cabeza y unas ganas locas de largarme de aquí. ¿Cuánto tiempo crees que falta para que haya cumplido con mi deber fraternal lo suficiente como para poder escapar?
—Yo me preguntaba lo mismo. —Entonces Tate mira por encima de mi hombro y anuncia—: Logan, empezaba a pensar que nunca te acercarías a saludar.
Tate le da una palmada en la espalda a Logan cuando se une a nosotros en la barra y luego pide tres whiskies. Yo rechazo el mío por ser el conductor designado, así que Tate se bebe el extra de un trago.
—Te dije que podría haber hecho que un coche te recogiera —me recuerda Logan.
—No puedo quedarme hasta tarde.
—Veo que has invitado a Skyla. —Logan asiente con aprobación hacia ella y mi temperatura sube unos diez grados.
—Sí, pero no le interesa —dice Tate—. Así que creo que voy a ir a bailar con ella. Quizá vea si sus movimientos son tan buenos en mi habitación del hotel como lo son en la pista de baile. Tío, tiene un culo increíble y un buen par de...
—¡Ni se te ocurra! —Mi mano ha salido disparada y he agarrado a Tate por la solapa de la chaqueta. El cabrón simplemente me sonríe con complicidad y lo suelto, alisando bruscamente la tela en su sitio.
—Déjalo, Tate. No digas ni una palabra —le advierto.
—Vale, es territorio prohibido, ya lo pillo —responde Tate.
Logan observa todo el tiempo, pero mientras que normalmente nos separaría, esta vez su atención se desvía hacia otro lado, así que sigo su mirada.
En la barra, Dana está rodeada de un grupo de tíos, lo cual no suele ser un problema ya que Logan no es del tipo celoso, pero entonces veo la hilera de chupitos alineados en la barra.
La expresión de Logan es sombría mientras ella se toma uno, dos, tres chupitos de alcohol puro antes de dar un grito de júbilo como si estuviera en una fiesta universitaria.
Logan sale disparado y, dos segundos después, se lleva a Dana a una sala aparte.
—¿Piedra, papel o tijera para ver quién va a ver cómo está? —dice Tate.
—Iré yo —respondo y sigo a Dana y a Logan.
Es una sala pequeña iluminada por apliques, como un reservado privado en un club de alterne, con un sofá de terciopelo rojo y una mesa de centro baja. Me quedo junto a la puerta, preguntándome si después de todo debería haber venido a ver cómo estaban.
—¡Pero qué narices, Dana! ¡Estás embarazada! —grita Logan.