Capítulo 15Skyla
CAPÍTULO QUINCE
Skyla
—¿ E stás bien? —pregunta Jessie mientras caminamos hacia el centro comunitario.
—Bien —respondo.
—No estás bien. Has mirado el móvil unas treinta veces en los últimos diez minutos. Desembucha.
—No me había dado cuenta de que habían sido tantas veces. Muchas gracias por llevar la cuenta —meto el dispositivo en el bolso.
—Uy. Alguien se ha levantado hoy con un aire de «Señorita Sarcástica».
—Creo que prefería cuando usabas palabrotas de verdad —digo muy seria.
Jessie me pasa el brazo por el hombro. —Venga, ¿qué pasa?
Como no respondo, Jessie aventura un par de conjeturas. —¿Por fin le has dado la patada a Mike y ahora te sientes mal?
—¿Le has dado tu número al de FedEx y ahora te preocupa que esté casado?
Suelto una risa forzada. —No, y no. El de FedEx es mono, pero recuerda que voy a dejar el complejo.
Jessie sonríe con picardía.
—O sea, ¿que no te has comido un plátano enorme y has disfrutado de lo lindo? —pregunta, y noto que me arden las mejillas.
—¡Lo has hecho! ¡Lo sabía!
—¿Cómo has...? —Jessie tiene unas dotes de detective de locos, pero aún me deja boquiabierta que lo haya adivinado.
—Le vi salir de tu casa. Y digamos que las paredes entre nuestros apartamentos son finas —abre mucho los ojos con complicidad y mis mejillas se encienden aún más.
—Maldita sea, Jessie. ¿Crees que alguien más lo vio o lo oyó?
—A quién le importa. Chica, aunque alguien le viera salir o te oyera, lo único que van a sentir es envidia de que hayas probado el buen plátano del mayor de los Blingwood. A nadie le va a importar con quién te acuestes, ¡a menos que él te haga daño, porque entonces le haremos daño todas nosotras!
—Supongo que ya da igual de todos modos. Ya se ha acabado.
—¿Acabado?
—Sí. Hemos tenido un intercambio de correos y ya se ha terminado. Solo nos estábamos desfogando, ahora podemos pasar página.
Jessie me obliga a pararme. —¿Le diste tu virginidad y te ha despachado con un intercambio de correos?
—Sí. Bueno, no, él se dio cuenta de que yo no lo había hecho nunca y...
—¿No le dijiste que eras virgen?
—Lo sé, me siento mal. Pero de verdad que no estaba pensando mucho en eso, fue tan... Tan...
—¿Bueno? —asiento de forma maníaca.
—Nunca supe que pudiera ser tan bueno.
Ella sonríe. —¿Qué pasó después?
—Se quedó sorprendido y luego se fue.
—¡Oh, mierda! No me extraña que estés cabreada. Es decir, entiendo que se sorprendiera. ¿Pero un correo? Una reunión por Zoom habría sido más personal. Entonces, ¿qué ha dicho?
—Lo que ya había dicho anteriormente. No quiere una relación y se marchó justo después. Solo fue sexo.
—Solo sexo increíble y orgásmico que no quieres volver a soportar. Entendido.
—Yo tuve lo mío, él tuvo lo suyo... esta vez. Se. Acabó. El sexo —aclaro.
—Entonces, ¿seguro que no vas a volver a verle?
—No.
—¿No te ha pedido volver a verte? —Jessie parece ofendida por mí.
—Bueno, me pidió ir a cenar pero le dije que no.
—¿Por qué?
—Porque vamos a hacer Pilates —respondo con firmeza—. Nada bueno puede salir de entablar una relación sin compromiso con él. Se ha acabado.
—¿Has renunciado al sexo con el atractivo Blingwood por el Pilates? —pregunta para confirmar y yo asiento—. Chica, más vale que esta clase sea la mejor maldita clase en la historia de las clases.
Seguimos caminando, pasando por la obra junto al océano donde se está construyendo la casa de Drew y Callie. Aunque aún no está terminada, veo que va a ser espectacular.
—Así vive la otra mitad, ¿eh? —comenta Jessie al pillarme mirando, y estoy de acuerdo en que bien podría estar a un millón de kilómetros del alojamiento gratuito para el personal donde resido actualmente.
Y de repente me invade un momento de absoluta claridad: Drew Blingwood nunca iba a quererme a mí.
Probablemente tenga acuerdos de amigos con derechos con modelos de la talla cero y estrellitas de Hollywood.
Fue ridículo por mi parte dejarme llevar por la idea de que estaría interesado en una chica de talla grande del departamento de recursos humanos de su hermano.
—Oye, ¿no habías dicho que no ibas a volver a ver a Drew? —pregunta Jessie.
—Y no voy a verle.
—¿No es ese su coche ahí delante, aparcado frente al centro comunitario?
Miro al frente y veo que, efectivamente, es el todoterreno de lujo de Drew, con él apoyado en él, pareciendo un modelo masculino moreno y melancólico posando con las últimas brasas del sol poniente de fondo.
—Maldita sea —respondo, pero suena más bien como un «Madre de Dios».
—Ya ves —replica Jessie—. ¿Crees que está aquí porque no acepta un no por respuesta?
Mi ritmo cardíaco se dispara ante la sugerencia, y luego recuerdo que este es el mundo real, y no algún mundo de fantasía e imaginación. Es entonces cuando veo a Callie y a otra chica que parece tener su edad, sentadas en la acera junto a la cola de gente que espera para entrar.
—No pensé que tuviera planeado venir —digo, y Jessie me mira con curiosidad—. Cuando se lo he dicho a Callie en la cafetería antes, no pensé que ella también vendría. No es que me importe, pero avisarme de que vería a su padre podría haberme ayudado a evitar un casi ataque al corazón.
Jessie me agarra del brazo. —¡Tú puedes con esto!
—Debería demandar al instructor por publicidad engañosa.
Ni de coña esa clase era de introducción.
Ni siquiera era de nivel intermedio; ¡eso ha sido Tortura Avanzada 101!
¡El instructor intentaba convertirnos en pretzels humanos!
—se queja Jessie en voz baja desde el fondo de la sala, antes de dar un sorbo a su agua.
Fuerzo una risita mientras yo también me pimplo media botella de agua, sintiendo aún los efectos de los estiramientos. —No ha estado tan mal. ¿Vienes la semana que viene?
—Creo que la pregunta que más necesita respuesta es: ¿va a venir Drew Blingwood la semana que viene?
—señala con la cabeza hacia el fondo de la sala.
Ha estado sentado allí durante toda la clase esperando a Callie.
Cada vez que miraba a Drew, estaba pendiente de su móvil, pulsando con el dedo como si estuviera enviando correos, pero me daba la sensación de que me estaba observando.
Me ardía la piel, mis pensamientos estaban consumidos por el hecho de que él estuviera en la misma habitación que yo, mientras yo intentaba doblar mi cuerpo en posturas que recordaban mucho a escandalosas posiciones sexuales.
—¡Eh, Skyla y Jessie, venid aquí! —grita Callie al lado de su padre, que sigue sentado en una de las sillas de plástico con una pierna cruzada despreocupadamente sobre la otra.
—Esto va a ser interesante —dice Jessie por lo bajo y caminamos hacia el fondo de la sala para unirnos a ellos.
—Mi padre ha dicho que lo hemos hecho muy bien para ser principiantes, ¿verdad, papá?
Drew se pasa una mano por el pelo antes de volver a dejarla en su regazo. —Chicas, lo habéis hecho genial —se vuelve hacia mí y sus ojos recorren mi piel sonrojada—. Eso ha sido realmente... algo digno de ver.
El sonido de mi propia saliva al tragar es más fuerte que el del instructor gritando que no lleguemos tarde a la clase de la semana que viene.
—¿Necesitáis que os lleven a casa? Mi padre puede llevaros, si queréis.
—Ah, esto... —empiezo, pero Jessie me interrumpe.
—Nos encantaría que nos llevaran, ¿verdad, Skyla? Sois muy amables —coge a Callie del brazo y la saca a ella y a su amiga fuera con el pretexto de tomar un poco el aire, a pesar de que hace más calor fuera que en la sala en penumbra.
—¿Puedo dar un sorbo a tu agua, por favor?
—pregunta él, y le tiendo la botella. Aprieta los ojos al beber y luego se levanta, devolviéndome la botella.
Entonces sus manos tiran de la cintura de su pantalón y mis ojos se fijan en su entrepierna.
Parece enorme, como si tuviera un... me quedo boquiabierta.
Para cuando me encuentro con su mirada, parece avergonzado.
Ha sido una clase impresionante. ¿Nos vamos?
—Drew indica con la mano que le siga y no puedo evitar soltar una risita.
—No te rías tan alto, cielo —susurra—. Estoy intentando con todas mis fuerzas que baje.
—¿Te has puesto así...?
—No estaba preparado para ver tu culo en mallas de licra. La semana que viene me pondré unos pantalones más sueltos.
Me duelen las mejillas de tanto sonreír y camino apenas medio paso por delante de él, encantada de que mi cuerpo le esté poniendo duro. Él acelera el paso y me sujeta la puerta que da al exterior.
—Pensé que cuando rechazaste cenar conmigo esta noche, tendrías una cita —dice. A pesar de la luz brillante, sus ojos parecen oscuros y escrutadores.
—Solo una cita con Jessie —respondo—. No sabía que vendría Callie o me habría ofrecido a caminar con ella —clavo la vista en el suelo mientras cruzamos el aparcamiento, alejándome de su rostro demasiado atractivo que hace imposible cualquier conversación inteligente.
—Si hubieras traído a Callie caminando, no habrías tenido que verme en absoluto.
Dejo de caminar y me atrevo a mirarle. —No te estoy evitando.
Él arquea una de sus cejas espesas y oscuras. Aún tiene el moretón en la cara y me descubro sonriendo mientras reformulo la frase. —Vale, sí, es un poco incómodo. Nunca antes había tenido una... cosa así.
Su rostro se vuelve mortalmente serio. —Sí. Eso descubrí.
—Lo siento, debí haberte hablado de lo de ser virgen.
Supongo que no tuve oportunidad —me río—.
Pero me refería a que nunca había tenido una...
cosa sin compromiso. De repente no sé qué hacer con las manos.
Esto es demasiado vergonzoso. Quiero decir, Mike decía que eso era lo que teníamos nosotros.
Quizá soy una ingenua. Solo quiero decir...
—Entiendo. ¿Acaso te hice pensar...?
—No. Sabía que tú solo querías una cosa...
—compruebo que nadie esté a punto de oírnos, pero afortunadamente el resto de la clase ha desaparecido de vuelta a sus coches, y Jessie, Callie y su amiga están esperando junto al coche de Drew—.
No me hiciste pensar nada. No quieres una relación y de verdad, me parece bien.
Solo fue divertido, ¿no? No hay por qué darle importancia.
La forma en que me observa, con los ojos de par en par, bebiéndome, hace que se me dé un vuelco el estómago.
—Fue divertido —responde con una mirada ardiente—. Al menos, yo disfruté.
—Yo también —respondo demasiado rápido. Y entonces nos quedamos los dos allí parados, sin saber qué decir a continuación, y yo con el impulso de ponerme de puntillas para besarle.
—Mejor me voy. No podemos aceptar que nos llevéis. Tengo que... —me doy la vuelta para irme antes de haber pensado siquiera una excusa, pero su mano se estira para detenerme.
—Vas a ir a la fiesta de compromiso de Logan el sábado por la noche, ¿verdad?
Me vuelvo y asiento. Es tan guapo que me duelen los ojos de mirarle, así que entrecierro los párpados como si fuera el sol lo que me cegara.
—Es en ese nuevo bar de lujo de la ciudad.
Dana pensó que quedaría cutre si lo hacían en el complejo.
Como si a alguien le importara dónde es.
La mayoría de la gente solo quiere barra libre, ¿no?
—me río de su chiste con nerviosismo—. Así que pasaré a buscarte a las siete —asiente y me descubro asintiendo también.
—Ni siquiera me he comprado un vestido. No estaba segura de si iba a ir —tartamudeo, sin saber si me está pidiendo una cita o ahorrándome lo que cuesta un Uber.
Sus labios se curvan en una sonrisa. —Estás preciosa con lo que sea que te pongas.
Me miro los pantalones de yoga y el top de entrenamiento sin mangas. Mi pelo sudado se me pega al cuello y, sin necesidad de comprobarlo, sé que tengo la cara roja como un tomate, así que arqueo las cejas interrogante.
—Skyla, no importa lo que lleves puesto. Seguirías siendo la mujer más guapa de la sala... o de fuera, o de donde diablos te encuentres.
Estoy librando una batalla contra mis mejillas, que parecen querer esconderse en el nacimiento del pelo. ¿La mujer más guapa?
—Creo que tu erección está nublando tu juicio —respondo.
—Puede que tengas razón. Casi me desmayo por su culpa ahí dentro.
Suelto un grito de risa y le doy un palmazo en el brazo. Un músculo grueso y duro se contrae bajo mi palma y recuerdo la forma en que me agarré a él sobre la encimera de mi apartamento. Lo suelto rápidamente.
—A las siete. El sábado —respondo con frialdad e intento mantener la calma.
Y luego me despido de Callie a gritos, le digo a Jessie que mueva el culo hacia aquí porque aún tenemos que completar nuestros pasos diarios.
Y luego me paso todo el camino a casa flipando porque Drew Blingwood va a pasar a buscarme a las siete el sábado.