Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 5Skyla
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Capítulo 5Skyla

CAPÍTULO CINCO

Skyla

L a taza y el plato traquetean durante todo el camino de vuelta a mi despacho, pero no tanto como mis rodillas.

¿En qué estaba pensando?

—Empezaba a pensar que te habías perdido —dice Betty desde el cómodo sillón de la esquina.

Lleva su uniforme rosa de limpiadora y una de sus medias se le ha bajado hasta los tobillos hinchados, que tiene apoyados sobre la papelera volcada.

Tiene el pelo gris pero impecable, con tirabuzones perfectos, y a su lado, Jessie está sentada con las piernas cruzadas en el suelo; también lleva el uniforme rosa de limpiadora.

Deja el móvil y me lanza una mirada intensa. —¿Dónde has estado y de dónde has sacado esa sonrisa?

Me borro la sonrisa de la cara de golpe.

—He ido a por el café de Betty —le entrego la taza y me meto una galleta entera en la boca, llenándomela de algo delicioso... por no mencionar que gano un tiempo valioso para pensar antes de hablar.

—Estás diferente —dice Jessie entornando sus ojos azules con tono acusador.

—Tiene el pelo alborotado —afirma Betty, subiéndose las gafas por el puente de la nariz para verme mejor.

—Te juro por Dios que si has estado tonteando con Mike después de todo lo que ha hecho, os voy a dar para el pelo a los dos. Él es un...

—No, no lo he visto... bueno, no para hablar con él, al menos. —Acerco mi silla de despacho hacia su rincón y bajo la voz. La sonrisa rompe mi expresión de serenidad impostada y suelto la bomba. —Drew Blingwood acaba de darme un beso en el comedor del personal.

Ambas mujeres se quedan boquiabiertas. Betty me agarra la mano entre las suyas. Su piel suave y fina como el papel envuelve mis dedos y calma mi pulso.

—Solo lo ha hecho para montar el numerito delante de Mike, que estaba encima de Jenny. Después de la otra noche, cuando Drew vio cómo me habló Mike, supongo que estaba siendo caballeroso... o algo así. No ha tenido importancia...

—¡¿Cómo que no ha tenido importancia?! Estás sonriendo como si el mismísimo George Clooney te hubiera plantado un beso de película —dice Jessie.

Niego con la cabeza e intento no sonreír. —Solo me estaba protegiendo. Ha sido un beso de lástima.

No se ha sentido como un beso de lástima.

—¿Un beso de lástima? Niña, parece que te han dado un beso de gloria —bufa Jessie y choca los cinco con Betty, cuyas mejillas regordetas se iluminan de alegría.

—Hace tiempo que no me dan uno de esos —dice Betty guiñando un ojo—.

Al menos un par de semanas. Bob me ha prometido que es algo pasajero.

Va a ir a por unas pastillas azules al médico en cuanto tenga un día libre.

Es un semental atrapado en el cuerpo de un burro, hacedme caso. —Asiente con seriedad.

Jessie y yo nos miramos boquiabiertas y entonces estallamos en una carcajada histérica.

—¡Bien por ti, Betty! No sabía que Bob y tú todavía os pusierais traviesos.

Y menos idea tenía de que hay un semental escondido bajo ese burro —responde Jessie, y tiene razón.

Bob trabaja a tiempo parcial en el edificio de mantenimiento.

Es incluso mayor que Betty, tiene mal la cadera y usa dos bastones.

Desde luego no es lo que uno consideraría un semental, ni por dentro ni por fuera.

—Mi Bob tendrá setenta y dos años, pero siempre nos hemos asegurado de tener una vida sexual sana. Vosotras, las jóvenes, creéis que habéis inventado lo picante, pero dejad que os diga una cosa: mejora con la edad.

—Parece que Skyla está de suerte entonces, porque Drew Blingwood definitivamente tiene la edad de su parte.

—Oye, que no es tan mayor. —Siento la mirada de Betty y añado—: No es que haya nada malo en estar en el ocaso de la vida y seguir dándole al tema.

—¿Y bien? ¿Qué vas a hacer respecto al beso? —La emoción de Jessie es palpable y, para demostrarlo, me aprieta el muslo y me dice—: ¡Es la mejor noticia del mundo!

—Nada.

—¿Nada? —dicen ambas mujeres con extrañeza y cada una coge una galleta del montón. Yo cojo otra también, porque una mujer necesita sustento si va a tomar decisiones sensatas.

—Mike estaba en la sala de descanso, encima de Jenny, así que Drew me besó para hacerme sentir mejor y para demostrarle a Mike que he pasado página. Eso ha sido todo.

Estoy casi segura de que eso ha sido todo.

—Ya os lo he dicho: he terminado con los hombres que estén relacionados de alguna manera con este lugar. Hiato de hombres del Blingwood Resort, ¿recordáis?

El sonido de un hombre aclarándose la garganta desde el umbral de mi despacho hace que cierre los ojos con fuerza y que mi corazón amenace con detenerse. —Skyla, ¿tienes esos informes? Quiero enseñarle a Drew la entrada de personal actual frente al número de alojamientos para empleados.

Giro la cabeza lentamente y veo a Logan y Drew llenando el umbral de mi despacho.

Trago saliva sonoramente. —Por supuesto, señor Blingwood. —Camino hacia el archivador y saco las proyecciones de personal en las que he estado trabajando.

—Me estaba tomando mi descanso, señor Blingwood —dice Betty—. Mis viejos pies ya no están para trotes como antes.

—Yo también, señor Blingwood. Vuelvo al trabajo ahora mismo —añade Jessie, y ambas mujeres se levantan y se sacuden las migajas de galleta de sus uniformes.

—No hay problema, señoras. Sé que las dos trabajan duro. Aunque, Betty, ¿cómo es que no se ha jubilado todavía? —pregunta Logan, entornando los ojos con curiosidad hacia la mujer mayor.

—Ya me ha llegado el papeleo de la jubilación y tengo pensado dejarlo pronto.

Así que vaya pensando en quién me va a sustituir.

—Señala a Jessie con la mano y yo registro inmediatamente el pensamiento para más tarde.

Jessie sería una jefa de limpieza perfecta, ya que conoce el trabajo al dedillo—.

Bob y yo queremos asegurarnos de dejar el trabajo mientras aún tengamos energía para otras cosas más importantes.

Mientras haya carbón en la caldera de mi tren, seguiré dándole fuego.

Jessie me arquea las cejas y no estoy segura de si es por el comentario sobre la vida sexual de Betty o por el hecho de que hace apenas un minuto le acabo de confesar que me he besado con Drew Blingwood y ahora él está aquí, en mi despacho.

Ante el comentario de Betty, Logan le sonríe a su hermano. Sin embargo, la mirada ardiente de Drew está fija en mí, ¡y está haciendo que el carbón de mi caldera amenace con estallar!

Betty y Jessie se disponen a salir y todos nos congregamos junto a la puerta mientras le entrego la carpeta a Drew.

—Todo lo que necesita debería estar aquí dentro, pero si necesita cualquier otra cosa, llámeme...

o envíeme un correo. Mis datos están en el directorio de la empresa —añado, forzando una sonrisa profesional y educada en mis labios.

De repente la habitación parece más calurosa, un calor empeorado por las sonrisas cómplices de mis amigas.

—Se le ve de lo más agotado, señor Blingwood —le dice Betty a Drew, y a él se le marcan los hoyuelos cuando le sonríe y responde:

—Estoy bastante reventado.

—¿Sabe usted lo que necesita? —responde Betty, y Drew niega con la cabeza—. Alegría.

Me quedo boquiabierta y Jessie suelta una sonora carcajada.

La expresión de Logan parece forzada mientras intenta contener su propia risa, pero Drew parece encantado con la anciana cuando responde: —¿Y cómo va a solucionar una alegría mi cansancio?

—Buena compañía, alivio del estrés y endorfinas —explica ella—.

Podría comprarse un gato también, pero créame, una alegría para el cuerpo es lo que usted necesita.

—Betty se pone de puntillas y le da un golpecito en la mejilla a Drew como si hubiera sido un niño bueno—.

Alegría —repite por si no la ha oído, y luego Jessie sigue a Betty fuera de la habitación.

Logan me arquea una ceja y se gira hacia Drew.

—Bueno, hermano, ya lo has oído de buena fuente, una alegría para el cuerpo es lo que necesitas.

—Logan se ríe y las espesas y oscuras cejas de Drew se elevan mientras suelta una risa ahogada él también, pero entonces deja de reír y se me queda mirando, y mis entrañas se derriten.

—Si eso es todo..., eh, tengo un montón de trabajo pendiente —tartamudeo tras una sonrisa.

—Por supuesto, gracias, Skyla —responde Logan, dándose la vuelta para irse. Drew le sigue, pero no sin antes lanzarme una sonrisa de esas que te dejan las bragas empapadas.