Capítulo 4Drew #3
Skyla me señala las tazas y cojo la última galleta del tarro, comiéndomela entera. —Joder. Están casi tan buenas como tú — digo entre bocados para que lo oiga el imbécil infiel que hay en la sala.
—¿A que sí? Fernando las trae especialmente para aquí... no se lo digas a Logan, no creo que haya aprobado un presupuesto para galletas. —Abre la boca y me guiña un ojo con picardía, y de repente los pantalones me aprietan más—. ¿Qué tal el primer día de clase de Callie?
Dejo el café y me apoyo en la encimera, poniéndome cómodo. Disfruto hablando con Skyla, y además está el beneficio añadido de que Mike sigue en la habitación, observándonos. Esto reforzará el mensaje de que ella tiene amigos poderosos, así que mejor que cierre su puta boca.
—Callie dice que le ha ido bien. Una de las chicas de su clase de matemáticas adoptó un gatito de los de mi madre, así que ya tienen algo en común.
La sonrisa que se dibuja en el rostro de Skyla ensancha sus labios rojos y carnosos.
Es agradable tener a alguien que no sea mi madre con quien hablar sobre lo bien que le ha ido a mi hija en su primer día de colegio, sin aburrirla con mis «charlas de padre».
—Supongo que Callie no se ha pasado por tu oficina para contártelo, ¿verdad? —compruebo. Le dejé claro a Callie que no debe molestar a Skyla. Puse la excusa de que Skyla podría meterse en problemas con su jefe, aunque sospecho que sabe que a Logan no le importaría en absoluto.
—¡Oh! No la habrás regañado por venir a verme, ¿verdad? —Skyla saca el labio inferior y siento un deseo incontenible de mordérselo.
Me encojo de hombros. —Solo un poco. Espero que no vuelva a acosarte con números de teléfono.
Mike suelta una carcajada por algo que ha dicho Jenny y la mandíbula se me tensa. Me acerco a Skyla en actitud protectora y me inclino para hablarle al oído. —¿Te están molestando?
Ella niega con la cabeza. —No. En absoluto.
—¿Segura?
—Sí —dice con firmeza—. Venga, cuéntame qué tal le va a Callie viviendo en el complejo. Supongo que ella y sus amigos pensarán que es genial, ¿no?
—Sí, de momento le gusta. Pero...
Mi voz deja de funcionar cuando Skyla se inclina hacia delante, regalándome una vista perfecta de su escote.
Sus ojos se clavan en los míos con preocupación. —¿Pero?
Toso y me aclaro la cabeza. ¿Qué estaba diciendo?
Nota mental: Deja de distraerte con los pechos de Skyla.
—Probablemente no sea nada. Es que... a Callie le está costando un poco establecer una rutina de sueño. Dice que la cama es demasiado grande, pero a lo mejor solo intenta usar eso como excusa para quedarse despierta hasta más tarde.
—Podría ser una táctica de preadolescente —concuerda ella—. ¿Tú estás logrando dormir algo?
Tan cerca de ella, puedo oler el dulzor de su perfume, el coco de su champú; es embriagador.
—Dormir está sobrevalorado —digo.
Ella sonríe. —Quizá deberías quedarte con uno de los perros de tu madre. Tiene de sobra para repartir, y el aire fresco diario os sentaría bien a ti y a Callie.
—Ni se te ocurra decir eso delante de mi hija.
—Le doy un codazo juguetón y la sensación es como una descarga eléctrica que me sube por el brazo.
A Skyla se le agrandan los ojos y sé que ella también lo ha sentido, pero entonces su mirada se desvía hacia donde Mike le hace cosquillas cariñosamente a Jenny como si estuvieran en el patio del colegio. —No los mires —le digo—. Mírame a mí.
—No los estoy mirando —susurra ella, desviando sus ojos hacia los míos, mirándome a través de sus espesas pestañas. Parece tan cohibida que me duele por dentro.
—Que les den.
Ella frunce los labios y asiente, aunque apenas se nota, bajando la vista para mirar sus pantorrillas, estilizadas por unos tacones de vértigo de color rojo fuego. Le levanto la barbilla para que no tenga más remedio que mirarme. —Hermosa, ¿recuerdas?
Ella asiente, sin parecer muy convencida.
—Ya va siendo hora de que alguien te demuestre lo hermosa que eres —le digo, y de repente quiero ser yo esa persona.
Sus mejillas se elevan en una sonrisa y sus labios parecen tan deliciosos y carnosos que no puedo dejar de mirarlos y pensar en cómo se verían envolviendo la punta de mi polla.
Tan cerca, oliendo como huele, con el aspecto de una puta reina y con una boca tan deleitable, ha hecho que mi corazón deje de latir.
Me inclino, apenas unos centímetros, pero lo suficiente para rozar sus labios.
No sé por qué lo hago, pero soy incapaz de no hacerlo y ella no me detiene.
Al contrario, se entrega al encuentro de nuestros labios con avidez, abriendo la boca para que yo pueda deslizar mi lengua suavemente en su interior.
La taza que tiene en la mano repiquetea contra el plato, así que agarro el borde del plato con la mano que me queda libre y lo guío hasta apoyarlo en la encimera.
Luego le paso ambas manos por el pelo, sujetándola para que su boca esté contra la mía y deleitándome con su sabor.
El beso es lento y profundo. Su boca es tan cálida y acogedora que pierdo el hilo de mis pensamientos.
Creo que no disfrutaba tanto de un simple beso con una chica desde que iba al instituto, y eso me hace pensar que definitivamente debería hacer esto más a menudo.
Cuando se aparta, sus labios se separan formando una «O» y traga saliva. Sus grandes ojos marrones parpadean despacio y suelta un suspiro antes de que su mirada se dirija rápidamente hacia donde estaba sentado Mike. Entonces suelta una risita. —No me he dado cuenta de cuándo se han ido.
Me encojo de hombros. —Yo tampoco.
Sus labios se curvan en una sonrisa que hace que me den ganas de tumbarla sobre la encimera y dedicarles más atención.
—Supongo que eso le ha servido de lección.
Al imbécil de contabilidad. Me encojo de hombros.
No estaba pensando en darle ninguna lección.
La he besado porque, en ese momento, no podía no besarla.
—Supongo que sí —respondo—. Si no se había dado cuenta de que habías pasado página, ahora ya lo sabe.
El pensamiento me hace sentir orgulloso.
Que entienda que ella pasa de él olímpicamente.
Que no se va a dejar humillar por él, así que mejor que deje de intentar que se sienta incómoda.
Se acaricia el labio inferior y luego sacude la cabeza como si no acabara de creerse lo que ha pasado. Sé cómo se siente. Para ser un beso inocente, este me ha dejado las rodillas temblando.
—Será mejor que vuelva —dice ella recogiendo la taza y el plato con las galletas en un equilibrio precario—. Betty querrá su... —Su voz se apaga.
—Y yo a ti —respondo, sin tener la más mínima idea de cómo salir de esta.
Me quedo mirando su culito perfecto mientras sale de la sala de descanso y me siento sumamente tentado de traerla de vuelta.
Cuando regreso al despacho de Logan, este me pregunta: —¿Dónde está el café?
—Mierda. El café. Sí, voy a por él. —Me doy la vuelta y sonrío.
Se me ha olvidado el puto café.
—Drew.
—¿Dime?
—¿Traes también unas galletas?
Entonces sonrío como un tonto de remate mientras me pregunto qué demonios me ha pasado.