Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 6Drew
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Capítulo 6Drew

CAPÍTULO SEIS

Drew

—¡ P apá se le ha quedado mirando al culo a Skyla, tal que así! —Callie pone los ojos como platos y yo niego con la cabeza.

¿Qué le pasa a Callie con esa obsesión de que miro el precioso culo de Skyla?

Mi madre y Logan me miran desde el otro lado de la mesa que ha acogido prácticamente todas las cenas familiares desde que nacieron los niños Blingwood. Mamá lleva una camiseta amarilla con el eslogan: Confía en mí, soy dogtora.

—Preferiría hablar de por qué vuestra abuela se empeña en llevar esas camisetas tan ridículas —digo, asintiendo hacia mi madre para intentar cambiar de tema, aun sabiendo que es inútil.

—Yo preferiría hablar de lo que ha dicho Callie —insiste Logan y yo desvío la mirada, molesto.

En la cabecera de la mesa de roble tallado, el asiento principal sigue vacío, ya que nadie se atreve a ocupar el sitio de papá.

A mi lado, Dana resopla ante el beagle de mi madre y lucha por quitárselo de encima del bolso, donde el perro se ha acomodado a sus anchas.

Con el bolso ya libre, Dana pone morritos y se hace un selfi.

Probablemente le pondrá algún hashtag más tarde para sus chorrocientos seguidores, añadiendo algún pie de foto tipo: «Brunch de domingo divertido con la family», y hará ver que no ha estado muerta de asco todo el rato.

De hecho, me sorprende bastante que haya venido al brunch familiar del domingo, ya que suele estar de viaje en el avión privado de mi hermano, intentando escalar posiciones en su faceta de socialité.

Pero lo que más me sorprende es que mi hermano llegara a liarse con ella para empezar.

Él es todo trabajo duro, dedicación y lealtad, y ella no es más que purpurina, glamur y postureo.

—No me he quedado mirando —le digo a Callie por centésima vez—. Me he fijado, sí. No lo voy a negar. Pero solo he mirado, no me he quedado embobado.

Estaría bien jodido si supieran que la besé en la oficina hace unos días. Una decisión que ahora me cuestiono seriamente.

Logan me mira con indignación.

—¿Sabes que trabaja para mí?

Me encojo de hombros.

—Callie se ha montado una película en la cabeza; eso no significa que yo vaya a intentar nada.

—Diste un paseo con Skyla mientras ella paseaba a Beanie. Es una chica encantadora, Drewy, deberías tenerla en cuenta. Se puede saber mucho de una persona por cómo trata a los animales, y ella los adora —afirma mi madre.

—Supongo que eso significa que mi padre es un ogro, porque odia a los perros. —Callie se cruza de brazos sobre su camiseta, que lleva la cara de algún youtuber o estrella de TikTok.

—Que yo no odio a los perros —protesto.

—Solo que te gusta más el trasero de mi jefa de Recursos Humanos, ¿no es así, Drewy? —Logan sonríe con sorna a mi lado.

Lo ignoro y cambio de tema.

—Callie, tienes acceso ilimitado a un montón de animales. Tu abuela es dueña de un centro de rescate. No tenemos tiempo para una mascota. Ni siquiera tenemos casa todavía.

Logan pregunta cómo van los planos de la casa nueva y le explico que los contratistas avanzan bien con el tejado y que pronto instalarán las ventanas.

Luego, mi madre se lleva a Callie para ir a echar un vistazo al refugio de animales que construyó en las hectáreas traseras de los terrenos en los que ella y papá invirtieron hace años.

Estoy seguro de que mi padre nunca llegó a imaginar que aquello acabaría albergando animales rescatados.

—¿Me imagino que costará unos de ocho millones cuando esté terminada, ¿no? —pregunta Dana sin ni siquiera levantar la vista de lo que sea que esté mirando en el móvil.

—Algo así —le respondo a Dana, notando que no ha tocado su bagel y sigue bebiendo café solo.

Cuando Crystal estaba embarazada de Callie, dejó de tomar todo salvo el café de la mañana y no soportaba ver comida antes del almuerzo; después, era capaz de comerse su peso en plátanos y tostadas—.

Supongo que vosotros necesitaréis una casa ahora, ¿no?

Podría diseñaros una. Me imagino que no querréis criar a un bebé en el complejo turístico.

—No dejo de intentar convencer a Logan para que nos mudemos a la ciudad. Sería mucho más fácil para las sesiones de fotos, y una amiga mía conoce a un productor que cree que seríamos perfectos para un reality. El Show de Dana y Logan , suena bien, ¿no crees?

Ahora sí me mira. Sus ojos brillan con entusiasmo y lo único en lo que puedo pensar es cómo piensa sacar adelante un reality con un recién nacido, sin renunciar al ritmo de fiestas y viajes que lleva.

Logan aparta su plato del brunch.

—Me gusta Santa Bárbara —le dice—. Es perfecto para criar niños.

Más seguro que la ciudad. Y ya te lo he dicho: haré oficial nuestro compromiso ante la prensa y posaré para la sesión de fotos, pero después de eso no quiero volver a salir.

No quiero participar en un reality y tampoco quiero que nuestro hijo salga en uno.

Todos los actores infantiles de los que he oído hablar acabaron marcados por los problemas, explotados y maltratados.

No me arriesgo a que eso le pase a nuestro hijo.

Dana resopla y enseguida noto que es un tema espinoso, así que cambio de tercio e intento mantener la conversación ligera.

—¿Habéis fijado fecha para la boda?

—El mes que viene —me informa Dana—. El último día de mayo.

La celebraremos por la noche. El fotógrafo que cubrió el festival de cine será quien fotografíe la boda, y buscamos una estética crepuscular.

Oscuro y melancólico. Etéreo fue la palabra que usó.

Será precioso, a contraluz bajo las estrellas y la luna.

Tiene que ser antes de que engorde demasiado por el bebé, y no queremos esperar, ¿verdad, cariño?

—No tiene sentido esperar. Finales de mayo significa que estaré libre para la inauguración del segundo complejo en junio.

—Primero es la fiesta de compromiso. Pero Logan ha dicho que nada de un equipo de rodaje allí.

Logan hace una mueca.

—Mejor nos quitamos la boda de encima antes de que llegue el bebé, así Dana podrá relajarse antes del parto.

Vamos a enviar invitaciones electrónicas que desaparecen en cuanto las abres.

Intentamos que no trascienda ningún detalle a la prensa.

Con la fama de Tate y todo eso, si no, nos asediarán. ¿Verdad, Dana?

Es infantil, pero no puedo evitar que se me escape una sonrisilla cuando Logan menciona que nuestro hermano es una estrella de primera, y no la fama de tres al cuarto de su futura esposa.

—Sí, claro. Haremos las cosas a la manera de Logan, como de costumbre —responde Dana con cara de pocos amigos.

Logan no muerde el anzuelo para discutir.

—Por cierto, Drew, ya que te tengo aquí, ¿quieres ser mi padrino?

—¿Y qué pasa con Tate? —pregunto—. No quiero que se sienta desplazado.

—También se lo he pedido a él, y vendrá a casa en cuanto termine el rodaje.

—Espero que pueda. El editor de la revista Celebrity Gossip cree que nos dará mucha más visibilidad.

—Dana, dije nada de exclusivas de revistas en la boda —le recuerda Logan.

—Ay, lo sé, pero puedo compartir nuestras fotos después de la boda. ¿Crees que traerá a Stella Brimworth como pareja? Se rumorea que han estado saliendo durante el rodaje.

—Para mí es nuevo. Pensaba que Tate todavía estaba colado por esa chica misteriosa por la que bebió los vientos.

—Ha habido especulaciones por todas las redes sociales sobre que Tate sale con Stella.

Ella es la sensación del momento, así que espero que sea verdad —le corrige Dana, ya que Logan y yo no somos de seguir los cotilleos de famosos—.

Quizá haya dos bodas de penalti en la familia.

—Sonríe y vuelve a aporrear su teléfono antes de levantarse y decirnos—: Me marcho ya.

Sale una colección nueva en Amberly’s y quiero ver si tienen algo adecuado para la sesión de fotos de la revista del compromiso.

Quizá, una vez que hayas hecho una sesión de fotos, le cojas el gusto —le dice a Logan, y me pregunto si lo conoce lo más mínimo.

Mi hermano es el colmo de la testarudez.

Dana tiende la mano expectante y Logan mete la suya en el bolsillo de la chaqueta para sacar su Amex. Ella se la arrebata directamente de la mano y Logan ni se inmuta.

Cuando ella se ha ido, pregunto:

—¿No era su padre el hombre más rico del planeta o algo así?

—Algo así, pero ella me ha dicho que le ha cortado el grifo.

Por eso se está esforzando tanto por hacerse un hueco en redes; quiere reinventarse profesionalmente.

—Logan pronuncia la palabra «carrera» como si se hubiera comido una cucharada de comida para gatos y tratara de hablar con ella en la boca.

Luego suspira larga y profundamente—. Ir de compras la hace feliz y así no me da la lata.

Logan, el miembro más acaudalado de nuestra familia (Forbes afirma que es multimillonario), puede permitirse pagar fácilmente los modelitos de Dana y cualquier otra cosa que necesite, pero la ingrata expectativa de que él deba hacerlo me fastidia.

No es asunto mío.

He vuelto a la ciudad para construir puentes, no para volarlos.

—¿Eres feliz? —le pregunto.

Él se encoge de hombros.

—No soy infeliz. —Luego cambia de tema—: ¿Qué te traes entre manos con mi jefa de Recursos Humanos? Sabes que no me importa que salgas con ella. Skyla es una chica estupenda.

Chica.

—Qué va. Demasiado joven y ya te lo he dicho, no voy a salir con nadie.

Bastante tengo con que Callie no pare de hablar de ella como para que empieces tú también.

—Cojo mi café, recordando la electricidad cuando nos tocamos y el calor de nuestro beso; aunque solo me devolviera el beso para dar celos a su ex, me quedo con lo bien que sentó.

Pero he decidido que no puede volver a pasar.

No puedo confundir a Callie de esa manera, y no puedo dar esperanzas a Skyla, y menos cuando ha sufrido hace tan poco.

No, ella necesita a alguien que cuide de ella.

Yo no soy ese hombre.

Tengo que encontrar a Skyla y decirle que el beso fue un accidente.

Pedirle perdón.

Probablemente sea solo cuestión de tiempo que la maquinaria de los cotilleos se ponga en marcha y su ayudante, Jenny, le cuente a Logan que nos vio besándonos en la sala de descanso.

—En fin, es bueno tenerte de vuelta. Entre mamá y Dana, me sentía en clara minoría entre tanta mujer. Ya era hora de que te tocara tu parte de aguantar sus mierdas.

—Excepto que ahora, con Callie también aquí, seguimos estando en minoría y es probable que nos toque ración doble.

Suelta una carcajada profunda.

—Buen punto.

—¿Así que vas a hacer una sesión de fotos?

—Maldita sea, a Dana se le ha metido en la cabeza y no acepta un no por respuesta. Hemos acordado hacer una sola sesión de fotos para anunciar formalmente el enlace a la prensa. Pero después de eso me planto. Se acabó.

—Claro que sí, hermano. Igual que yo voy a saber decirle que no a Callie.

Logan sonríe.

—No te vas a plantar nunca con Callie, te tiene comiendo de la mano. Te apuesto cien pavos a que estarás saliendo con una mujer elegida por Callie antes de que acabe el año.

—¡Acepto la apuesta! Es imposible que salga con nadie. Voy a centrarme en Callie y en el trabajo. Desde que nos mudamos, a la mayoría de los clientes los atiendo por Zoom. Puede servir, pero estoy en desventaja frente a la competencia que está en la ciudad.

—No tienes de qué preocuparte. Tu reputación profesional habla por sí sola. Eres un buen padre. Sé que todo aquello con papá hizo mella en tu confianza, pero lo estás haciendo genial...

—No, Logan, no puedo hablar de...

Logan se inclina y me aprieta el hombro.

—Lo sé, pero si alguna vez quieres hablar de cualquier cosa, incluso de cierta preciosidad que trabaja para mí, aquí me tienes.

Cuando Logan sale del comedor, me levanto y me acerco al aparador que está repleto de fotos familiares.

Es imposible no recordar a papá en esta casa, el lugar donde todos crecimos, y me doy cuenta de que estar aquí ya no duele tanto como antes.

Quizá me esté curando. Quizá la herida nunca cierre del todo.

Me inclino para tocar la vieja foto de los seis, sonriendo y riendo, sentados en el porche trasero en una de nuestras barbacoas tradicionales.

—No sé si algún día volveré a sentir que esta casa es mi hogar, pero lo soportaré para que Callie tenga todo lo que necesite.