Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 3Skyla #3
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Capítulo 3Skyla #3

—Sí, me encantaría subirme a... quiero decir, ir contigo. —Doy un paso adelante y luego me detengo, sacudiendo la cabeza—. Gracias, pero acabo de acordarme de que mi amiga viene a buscarme y probablemente ya haya salido de casa.

Nos demoramos en el vestíbulo del restaurante un instante de más. Su colonia es profunda y terrosa, y me hace la boca agua.

Sonríe con timidez. —Nos vemos, entonces.

—Sí —respondo.

Y una parte de mí espera de verdad que así sea.

Para cuando logro controlar mi respiración, me recompongo y salgo, Drew se ha ido. Busco a Jessie, pero aún no ha llegado, y es entonces cuando Mike se me acerca.

Tiene las manos en los bolsillos, los hombros caídos y una postura de absoluta arrogancia que inmediatamente me hace preguntarme qué le vi alguna vez.

Mike se detiene justo ante mí, a un brazo de distancia, junto a una de las enormes macetas.

Me pregunto si su distancia es deliberada para tener oportunidad de correr en caso de que decida estamparle la cabeza contra el escaparate del restaurante.

De lo que debería tener más miedo es de que Jessie llegará pronto a recogerme, y si lo ve hablando conmigo, es muy probable que le pase por encima con el coche.

—Gracias por no montar un numerito antes. No creo que a Logan le hubiera gustado. —Golpea con la punta del zapato una piedra imaginaria en el suelo en lugar de encontrar mi mirada.

—¿No crees que le hubiera gustado qué? —respondo secamente.

—Ya sabes... que el jefe sepa cómo terminaron las cosas entre nosotros. Le caes bien y probablemente lo usaría como excusa para despedirme; ya sabes que siempre está encima de mí.

—¿Siempre encima de ti? ¿Te refieres a que siempre te está diciendo que hagas tu propio trabajo de una vez? Sí, no hay problema. Me alegro mucho de que la forma en que tú te portaste no te haya causado problemas. —Miro hacia la calle, buscando el Honda rojo que Betty le ha prestado a Jessie.

—Venga, no seas rencorosa. Aún tenemos que trabajar en el mismo edificio. ¿Sin resentimientos?

—¿Sin resentimientos? —Lo miro y él sostiene mi mirada incrédula.

La falsa sonrisa de su rostro flaquea y, de repente, siento lástima por él al recordar su enfado consigo mismo cuando no pudo «cumplir».

—Mike, ¿es por ese problema que tuviste?

—No pronuncio las palabras disfunción eréctil.

No quiero avergonzarlo, pero por la forma en que se le ponen rojos los lóbulos de las orejas, sé que me entiende—.

¿Intentabas demostrarte algo a ti mismo?

Me mira con asco. —No tengo nada que demostrar, ni a ti ni a nadie.

Sabías que lo nuestro era algo casual, ¿verdad?

Nunca he salido con nadie como tú. Quiero decir, era obvio que no pegábamos ni con cola.

—Me hace un gesto con la mano, señalándose a sí mismo y luego a mí—.

Pensé que serías fácil, Skyla. Que estarías agradecida.

Pero no lo fuiste, y me estaba costando una fortuna invitarte a cenar. Tres platos cada vez.

Me quedo boquiabierta, la vileza de sus comentarios me pilla por sorpresa total. —Tienes razón. No encajamos en absoluto: yo soy una buena persona, mientras que tú eres un imbécil.

Agacha la cabeza y me pregunto si siente algún remordimiento. Al menos tiene la decencia de no negarlo. —Sky...

—¡No me llames Sky! —Mi tono es agudo por la ira, mis manos tiemblan como si quisieran estrangular algo... o a alguien.

—No pretendía herirte, pero deberías haber sabido que nunca sería nada serio. Quiero decir, míranos a los dos...

Es la segunda vez que intenta señalar nuestras supuestas diferencias, pero esta vez veo exactamente a qué se refiere por la forma en que clava la mirada en la parte gruesa de mis muslos.

—Dilo.

—No voy a ser un cabrón con eso.

—Bueno, has sido un cabrón con todo lo demás, así que mejor continúa. Vamos, soy una chica grande, puedo aguantarlo.

Entorna los ojos hacia mí y me tenso, preparándome. —Tú misma lo has dicho, Sky. Eres guapa, pero eres una chica grande ; nos vemos raros juntos. La gente me miraba como si fuera uno de esos... tíos raros que tienen un fetiche con las gordas.

Mis inseguridades afloran como una corriente eléctrica recorriéndome la piel.

El claxon de un coche capta nuestra atención y el BMW de Logan se detiene frente al restaurante.

Desde el otro lado de la enorme maceta, Drew da un paso adelante y levanta la mano hacia su hermano antes de dirigirse hacia Mike y decirle: —Han venido a buscarme, pero no me voy a ninguna parte hasta que tú te hayas largado.

—Se cuadra ante Mike con una mirada colérica y luego me mira a mí—. ¿Estás bien?

Creo que asiento, pero mi cuerpo está tan tenso que no estoy segura.

—Oye, si has oído nuestra conversación, no ha sido para nada como ella lo ha hecho parecer...

—¡Vete! Ahora —gruñe Drew—. Estás a un segundo de que te arranque la cabeza de los hombros.

—Vale, tío. Pero ella ha empezado...

Drew da un paso al frente. El gesto de pura brutalidad en su expresión es lo bastante duro como para que Mike se amilane y se aleje.

—¿Estás bien? —me pregunta Drew de nuevo con tanta simpatía que se me humedecen los ojos—. No estaba escuchando a escondidas. Bueno, sí que lo estaba, pero solo para asegurarme de que estabas bien. La conversación se ha vuelto desagradable muy rápido.

Miro hacia otro lado. —Estoy bien. Perfecta, de hecho.

Perfectamente mortificada.

—Sube al coche. Te llevaré a casa...

Sus palabras quedan sofocadas por la música rock a todo volumen que sale del coche que está detrás del de Logan, y no tengo que mirar para saber que Jessie está aquí.

—Ese es mi transporte —señalo el Honda rojo con la pintura descolorida—. Gracias por... —No puedo terminar la frase. Ni siquiera soporto mirarlo a los ojos y ver la lástima que asoma, así que me doy la vuelta y lo dejo en la acera, corriendo hacia el refugio del coche.

—Conduce —le digo a Jessie, quien me echa un vistazo a la cara, pisa a fondo el acelerador y pregunta:

—¿A quién tengo que matar?